Sharing is caring!

cartas.jpg

Por Marcela Lucas

A propósito de esto, escribí lo siguiente para mis compañeros de escuela:

El miércoles pasado fuimos con los chicos de un primero de Polimodal a una marcha. En julio mataron, para robarle el auto, al hermano de una de las alumnas. La madre es directora de una escuela y obtuvo el apoyo de SUTEBA, quienes organizaron la marcha para pedir justicia. El padre es empleado de AYSA y desde allí también los apoyaron.

Hernán tenía 23 años, había ido a lo de su novia. Estaba con su hermano y con ella, esperando a su cuñada. Cuatro jóvenes se bajaron de un auto, aparentemente no se resistió, y uno de ellos disparó. Murió en el acto, frente a su hermano y novia. El muchacho que disparó fue identificado y se sabe que está en Córdoba, como es otra jurisdicción, a pesar de que saben dónde está, no pueden detenerlo… Por eso la marcha…

Fueron 23 estudiantes del secundario. 22 de ellos era la primera marcha a la que asistían. Me pareció  que estuvieron silenciosos, sin saber muy bien cómo manejarse, pero apoyando a la compañera.

Al otro día los felicité, les dije que para los padres de Leila luchar solos, es probable que cayera en la nada, que teníamos que luchar juntos, que las luchas deben ser colectivas. Que ahora había perdido Leila a su hermano y mañana podíamos ser nosotros.

Les pregunté qué habría detrás de esto para que alguien mate, por obtener un auto.  Les planteé que detrás de la persona que roba un auto, hay una cadena de culpables: los que los desarman, los que los venden como repuestos, los que los compran, los que permiten que quede impune.  Que hay múltiples causas que contribuyen con la delincuencia y que en algunas nos veíamos involucrados. Que si no queríamos contribuir con el delito, tampoco teníamos que comprar cosas robadas.

Hoy, primera hora de clase, estaba con un curso de secundaria básica, haciendo un juego de oralidad y me llama la profesora que estaba en el primer año que había marchado hacia los tribunales de Morón a pedir justicia. Una de las alumnas que marchó estaba llorando por la muerte de un amigo.

El sábado por la noche, caminaba por el barrio con dos amigos; aparentemente, otros jóvenes del mismo barrio los enfrentaron a trompadas y patadas. A él, al parecer, lo agarraron entre varios, le patearon una y otra vez la cabeza, según dicen.  Llegó a su casa con vida, dolorido; la madre lo iba a llevar al médico y cuando lo fue a ver “estaba duro”. Murió en el Hospital.

La tercera hora estaba con otro curso, otro primero de Polimodal. Los estudiantes estaban muy mal porque otro chico, de Ciudad Evita, había sido apuñalado y asesinado por otro chico de Ciudad Evita cuando salían de un boliche. El primero de un sector llamado Querandí; el otro, de un sector llamado Alas. No sé otros entretelones más que una puñalada.  ¿Qué nos pasa les dije a los chicos? Escribamos y, en grupos, empezaron a preparar una carta de lectores.

¿Qué nos pasa que los jóvenes se matan entre ellos? Los de un mismo barrio. Los de barrios distintos. Los de la misma edad. Los del mismo sector económico. Los de distintos sectores económicos. ¿Por qué irrumpe el futuro? ¿No tienen futuro? ¿Por qué irrumpe el presente?

¿No tienen presente? ¿Qué hacemos los adultos? ¿Qué hago yo que el Diseño curricular me plantea tres ejes: Prácticas del Lenguaje para enseñar Literatura, Prácticas del Lenguaje para enseñar el eje de la Literatura, Prácticas del lenguaje para enseñar el eje del estudio, Prácticas del lenguaje para enseñar el eje de la Construcción Ciudadana? ¿Qué hago? ¿Hasta cuando vamos a permitir que nuestros jóvenes se maten?