Opinión

Las listas negras de la democracia

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Por Horacio Castelli

A lo largo de la historia, en la Argentina nos hemos caracterizado por la intolerancia y tanto los dictadores como los tiranos utilizan la censura como metodología para acallar aquellos que piensan distinto.

Hace unos días un medio de comunicación de Necochea censuró a uno de sus más caracterizados y antiguos periodistas porque no comulga con el gobierno nacional al cuál representa el senador suplente Javier Mazza, quién está vinculado a la Consultora que maneja actualmente a LU 13 Radio Necochea.

Miguel Abálsamo, además de ejercer la labor de periodista desde hace más de dos décadas es un dirigente político enrolado en el peronismo desde siempre y que se ha mantenido en esa postura públicamente sin ocultar sus preferencias.

No voy a hacer aquí una defensa de Miguel porque si no caería en el error de superponer la persona por sobre el hecho tan lamentable que le tocó vivir a el martes 21 pasado cuando le comunicaron el comienzo de una licencia forzosa hasta el 29 de junio al mediodía que es el horario que comienza su programa todos los días de la semana.

Sin apartarme del título de este comentario, desgraciadamente desde el mismo comienzo de la democracia en 1983 comenzaron a existir las «Listas negras» sin otro motivo que evitar que algunas voces importantes se alzaran contra el gobierno de turno.

Esto lo hemos manifestado en mas de una oportunidad y en ciudades alejadas de Capital Federal se produce con más asiduidad porque al estar lejos del centro de poder los que ostentan cargos se creen en el derecho de manejar la vida de los ciudadanos a su antojo.

La libertad de expresión es el bien más importante en el que se sustenta la democracia para fortalecerse todos los días y justamente los periodistas ejercemos una profesión que es la más democrática de todas las profesiones.

Todos los comunicadores sociales somos plebiscitados todos los días. No le tenemos miedo a la opinión de los ciudadanos. Es más, nos entregamos diariamente a la decisión que toman nuestros oyentes, lectores, televidentes o internautas como una manera de sentirnos obligados a mantener viva la pasión que nos llevo a esta profesión.

Por eso, cuando los medios son manejados por ineptos, desconocedores, corruptos, mercantilistas o senadores los periodistas corren el peligro de ser segregados por pensar, decidir y decir.