El IPC del INDEC expone los límites del plan económico de Milei y Caputo
A pesar de los intentos oficiales por destacar una desaceleración, el índice de precios se mantiene por encima del 2%. Especialistas advierten que la falta de estabilidad estructural compromete el rumbo del programa de gobierno.
El Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) dio a conocer el último informe del Índice de Precios al Consumidor (IPC), confirmando que la inflación en la Argentina se niega a perforar el piso del 2%.
El dato representa un duro golpe para la narrativa oficial y expone las severas dificultades que enfrentan el presidente Javier Milei y el ministro de Economía, Luis Caputo, para encauzar las variables macroeconómicas más sensibles para el bolsillo de la población.
El relato de la «desaceleración» frente a la realidad diaria
Desde el Palacio de Hacienda se ha intentado instalar la idea de que la tendencia a la baja —tras los picos heredados y los fogonazos de la devaluación inicial— constituye un éxito de gestión.
Sin embargo, analistas y sectores productivos coinciden en que un país no puede delinear una economía previsible ni planificar a mediano plazo con guarismos que se obstinan en mantenerse en esos niveles.
La persistencia de la alta inflación desarma los argumentos de una estabilización consolidada. Lo que para el Gobierno es un proceso de «convergencia», para la microeconomía y el consumo interno se traduce en una pérdida constante de poder adquisitivo y un escenario de incertidumbre que paraliza la inversión.
«No hay economía viable que resista este ritmo de indexación. Intentar maquillar los números hablando de desaceleración es ignorar que el punto de partida y el sostenimiento actual siguen siendo intolerables», señalan fuentes del sector consultor.
Un balance con sabor a derrota
A meses de haber iniciado la gestión bajo la promesa de una erradicación drástica de la inflación mediante el ancla fiscal y monetaria, el fracaso de la estrategia actual se vuelve contundente.
La incapacidad de quebrar definitivamente la inercia de precios deja en evidencia que las herramientas utilizadas hasta el momento resultan insuficientes o han encontrado un límite estructural.
Con este panorama, el equipo económico queda en una encrucijada: insistir con recetas que no logran normalizar el país o asumir el costo político de recalibrar un plan que, hoy por hoy, no está entregando los resultados prometidos.
