Crónicas en domingo: La experiencia ajena

Silvia Guillot

La experiencia ajena.

En la historia de la humanidad hay innumerables cosas desvalorizadas y por eso mismo casi nunca se utilizan. Entre estas cosas se encuentra la experiencia ajena.

Útil, como pocas, la experiencia vivida por otras personas permite al que se encuentra en una situación similar evitar contratiempos, salvar obstáculos ya superados por otros, estar alerta, y hasta ganar tiempo.

Ahora bien, ¿cuántos tomamos en cuenta la experiencia ajena?

Porque, suele escucharse, “a mí no me va a pasar”. ¿Y saben qué?: En algún momento vamos a tropezar con la misma piedra que hiciera tropezar a otro. Es como una especie de ley universal, una ley que nos relaciona con el resto del género humano.

Lo vivido por otro puede haber sido un desastre o una maravilla, de cualquier manera, sirve hacer una lectura de ello antes de proceder.

En el periodismo, por ejemplo, la adaptabilidad a las reglas de juego de los poderes de turno es moneda corriente. Muestra la experiencia ajena: Las ideas propias no gustan, molestan tanto como la independencia y la libertad de conciencia. Las contras se suman y el camino se hace más difícil.

Pero también dice la experiencia ajena: Venderse no sirve. El pago recibido dura poco y el favor se adeuda por demasiado tiempo.

Dice mi experiencia, que es ajena para ustedes: Es difícil seguir el propio camino y aunque no necesariamente es solitario suele convertirse en calles angostas y poco transitadas. Y más difícil, aún, es lograr el reconocimiento del esfuerzo y la creatividad empleados en él.

No crean, por favor, que esto último es una queja porque a fin de cuentas, uno hace su propia elección. Eso sí, que les sirva de experiencia… ajena!

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