Ecología

Día Mundial contra la Desertificación y la Sequía

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Día Mundial contra la Desertificación y la Sequía 2021, España está ya en riesgo de desertificación

El 70% de las demarcaciones hidrográficas españolas presentan niveles de estrés hídrico alto o severo.

Ante la celebración, el 17 de junio, del Día Mundial de Lucha contra la Desertificación y la Sequía 2021, Greenpeace y el Observatorio Ciudadano de la Sequía se unen para advertir de que los efectos del cambio climático sobre los riesgos de sequía (disminución de las precipitaciones por debajo de los niveles considerados como normales en un área determinada) y de desertificación (degradación de las tierras de zonas áridas y semiáridas causadas por las variaciones climáticas y las actividades humanas) son ya incuestionables.

Como reconoce el informe Impactos y riesgos derivados del cambio climático en España (2021), elaborado por el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, se espera, por un lado, un aumento generalizado en la intensidad y magnitud de las sequías meteorológicas e hidrológicas bajo escenarios de cambio climático —debido, principalmente, al aumento de la evapotranspiración y a la reducción de las precipitaciones— y, por otro, una creciente aridez y un aumento del riesgo de desertificación.

Dos fenómenos diferentes, pero íntimamente relacionados, con capacidad de generar importantes efectos adversos sobre la sociedad, la economía y los ecosistemas, que se agravarán en un futuro cercano como consecuencia del cambio climático y de la persistencia de un modelo de gestión insostenible de los recursos suelo y agua.

Los datos y previsiones globales y regionalizados sobre los efectos del cambio climático en España son claros y urgen, de forma inaplazable, a una acción decidida para paliar sus efectos:

  • Durante la segunda mitad del siglo XX se ha detectado ya una reducción de entre 10 y 20 % de los recursos hídricos disponibles en muchas cuencas de la Península Ibérica. Las estimaciones de reducción de escorrentía superficial, para el siglo XXI, siguen también en descenso. Los datos aportados por el CEDEX (2018), promediando los resultados obtenidos para los diferentes escenarios de emisiones, son del -3 % y -7 % para 2010-2040, del -11 % y -14 % para 2040-2070 y del -13 % y -24 % para 2070-2100, respectivamente.
  • La temperatura media del mar Mediterráneo se calienta entre dos y tres veces más que el conjunto de los océanos en el ámbito global. Su temperatura es ya 1,5ºC superior a los niveles preindustriales y las previsiones son aún más pesimistas: para el año 2040 se estima que el aumento de la temperatura se situará en 2,2ºC y para el 2100 en 3,8ºC.
  • Los datos de la AEMET revelan una clara tendencia, desde 1971, a temperaturas más extremas, tanto en valores promedio como en máximas y mínimas. Considerando la exposición a “exceso de calor” y “calor moderado” en España, se estima que la mortalidad ligada a estas causas oscilará entre 10.000 y 43.000 fallecimientos anuales a lo largo del siglo XXI.
  • La Agencia Europea de Medio Ambiente sitúa a España como uno de los países de la Unión Europea con mayor riesgo de incendios, fenómeno que se agrava en situaciones de sequía y en suelos desertificados.
  • Además, según el último Inventario de Daños Forestales del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, las masas forestales tienen más dificultad para reponerse de los daños que le causan las sequías, al ser estas cada vez más extremas, recurrentes y prolongadas.
  • Aproximadamente 32 millones de personas ya se han visto afectadas por el cambio climático en España, según los datos aportados por el Ministerio de Transición Energética y Reto Demográfico.
  • Actualmente el agua embalsada en España (15-06-2021) es del 58,34 %, estamos por debajo de los niveles del año 2019, año de la última sequía, en el que varias cuencas, como las del Duero, se declararon en sequía.

En la actualidad, con más del 75% del territorio español en riesgo de desertificación y el 70% de las demarcaciones hidrográficas españolas con niveles de estrés hídrico alto o severo —y ante los efectos del cambio climático sobre la distribución de las precipitaciones y el aumento en la intensidad de las sequías—, “resulta urgente realizar una transformación profunda de las estrategias de gestión del agua y de los modelos de ocupación del suelo, así como de los riesgos asociados a ellos, de forma que prime el principio de precaución y se impulsen políticas integradoras de adaptación y de ordenación del territorio, que superen intereses sectoriales y visiones cortoplacistas”, afirma Jesús Vargas, desde la Universidad Pablo de Olavide.

“Frente a los devastadores problemas asociados a la sequía y la desertificación, tenemos que frenar el cambio climático y la pérdida de biodiversidad. Para ello hay que fortalecer el medio rural y cambiar el modo en que producimos nuestros alimentos y bienes de consumo. Así podremos evitar que nuestro país se convierta en un territorio desertificado en pocos años”, ha declarado Julio Barea, responsable de la campaña de aguas de Greenpeace.

El Día Mundial de Lucha contra la Desertificación y la Sequía 2021 nos invita a insistir en la urgencia de actuar frente al cambio climático.

“La sociedad y la ciencia lo reclaman”, afirma Pilar Paneque, responsable del Observatorio Ciudadano de la Sequía, quien recuerda que “un estudio de percepción y comportamiento de la población española de 2020, realizado con el apoyo del Ministerio para la Transición Ecológica, confirma que el 73,3 % de la población entiende que a este problema se le está dando menos importancia de la que tiene y suspende la política climática del Gobierno de España (4,48)”. Aprovechemos esta demanda social para acelerar y aumentar la ambición de una transición tan necesaria como urgente.

Fuente: Greenpeace