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OPINIÓN: Nuestro futbol cada vez más debilitado

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Por Juan Alberto Poteca

No queremos ser «más papistas que el Papa», pero se trata de una cuestión de conciencia, damos nuestra opinión, conscientes de la enemistad que ella pueda producir en algunas personas, o callamos y somos complacientes de la situación que se vive en nuestro fútbol autóctono.

Hace algo más de una semana, nos preguntábamos en unas líneas ¿Quién defiende a la Liga?, y la respuesta ya la tuvimos: nadie.

Otra postergación, como ocurriera en años anteriores, que responde a los festejos del aniversario de la ciudad, soporta la actividad del fútbol local.

La falta de uniformados para la seguridad en las canchas, fue el argumento esgrimido por las autoridades policiales.

Uno está obligado a preguntarse ¿el año pasado, no egresaron nuevos agentes en Necochea?, ¿ello no sería un refuerzo para la repartición local?, ¿cuatro partidos en el núcleo urbano Necochea-Quequén, a razón de dos por día y en un feriado largo, no podía afectar a 16 agentes por jornada para los mismos?

Uno no conoce en profundidad lo conversado por las partes y cuál es el arreglo al que arribaron, pero no cabe ninguna duda, que existe un debilitamiento dirigencial evidente.

El balompié local sigue siendo desplazado continuamente y nadie opone resistencia y si la pone, carece de fuerzas.

Así como se presentan las suspensiones constantes, algunas justificadas por el factor climático, pero no todas, el fútbol local pierde capacidad competitiva.

Los resultados están a la vista, con mayores eliminados en instancias preliminares de los Torneos Federales y con los juveniles de cualquier categoría, que salvo el superar a ligas menores, con sus similares quedan en eliminados.

Vale la anécdota, contada por un estrecho colaborador del cuerpo técnico de la reciente eliminada Sub 15, frente a Tandil.

Me contaba textualmente: «No podíamos transitar la parte barrosa de la cancha, porque los chicos no están acostumbrados a jugar en esas condiciones y aquí hasta no conviene comprar botines con tapones altos, porque nunca se juega con cancha embarrada». Además me agregaba: «A la hora de definir por penales, casi ninguno quería «patearlos» y eso responde a la falta de competencia, la que te da técnica, convicción y firmeza para afrontar esa situación».

Es verdad, una cosa es el entrenamiento y otra la competencia, así siempre lo hemos visto.

Pero además existen otros factores, no vistos o negados por sectores de nuestra sociedad. Uno el político, que ignora y no apoya a la dirigencia, tratándose el fútbol en una actividad de trascendencia social por su continencia para la juventud y su contribución al esparcimiento de un sector importantísimo de la comunidad.

El empresariado, que no entiende la divulgación que se gana con la participación de equipos en competencias regionales y nacionales, como factor de estímulo turístico para el medio.

Y el comercio, alguien se preguntó lo que mueve el fútbol en dinero. A saber: indumentaria de los equipos en todas sus divisiones, más el gasto individual de cada jugador, para completar su vestimenta para los entrenamientos; el transporte de las delegaciones que se cotiza en miles de pesos; el movimiento individual de los jugadores y entornos; el dinero que cobran y ganan árbitros, policías y empleados de los clubes; los gastos de lesionados y seguros.

Podríamos seguir enumerando un movimiento que en moneda supera cifras millonarias. Sin dudas, de a poquito, así como van las cosas, por más entusiasmo que pongan entrenadores y colaboradores, vamos como el cangrejo, para atrás.

No queremos ser «más papistas que el Papa», pero no escuchamos muchas voces que se expresen sobre esta situación.

Sabemos que surgen a diario problemas casi insolubles en nuestra sociedad, como la salud, la economía, la seguridad, el trabajo.

Eso escapa a cualquier discusión, pero no es menos cierto, que una actividad popular, masiva y generadora de un movimiento socio-económico gigantesco, merece otro trato.

No lo tiene y en el horizonte no se ve una luz para darnos la posibilidad siquera de hacernos a la ilusión de una mejoría.

Es más, ese horizonte se ve negro. Vale la pena hacer la aclaración, el aniversario de Necochea no tiene la culpa, es una cuestión de saber encontrar las formas, para no perjudicar a ninguna actividad, que en este caso por continuidad y trayectoria, repetimos, merece otro trato.

A todo esto: Feliz Cumpleaños Necochea.