Tras la turbulencia con Trump, la UE y Canadá estrechan filas en un nuevo frente común
La floreciente alianza entre la Unión Europea y Canadá no puede entenderse sin la larga sombra de Donald Trump, quien durante su mandato distanció a ambas partes mediante la imposición de aranceles punitivos, amenazas anexionistas y constantes ataques mordaces a los marcos multilaterales.
La ruptura ha sido, cuanto menos, dolorosa. Al fin y al cabo, tanto el bloque comunitario como Ottawa siempre habían considerado a Estados Unidos su aliado estratégico más cercano, su principal garante de seguridad y su socio comercial predilecto.
Sin embargo, el impacto del regreso de Trump a la Casa Blanca trastocó de golpe estas arraigadas convicciones, obligando a ambos actores a reevaluar de forma acelerada su posición global.
Los pilares de la aproximación bilateral
- Estrategia comercial: Consolidación de pactos como el CETA para diversificar cadenas de suministro y mitigar la dependencia directa del mercado estadounidense.
- Seguridad y defensa: Coordinación activa en iniciativas de defensa europea e inteligencia estratégica frente a la incertidumbre sobre el compromiso trasatlántico de Washington.
- Multilateralismo y clima: Creación de un bloque negociador sólido para defender las reglas del comercio internacional y la agenda climática global.
Frente al giro proteccionista de Estados Unidos, Bruselas y Ottawa han transformado la cautela defensiva en una asociación resiliente, demostrando que la presión exterior ha terminado por acelerar su propia autonomía geopolítica.

