Ecología

Acuerdo, 20 mil millones para salvar los bosques

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Detener la deforestación para el 2030 -«la masacre de las motosierras», para usar las palabras de Boris Johnson- que durante años ha paralizado los pulmones verdes de la Tierra, barreras vitales contra el efecto de los llamados gases de efecto invernadero que amenazan con producir lo inhabitable, contribuyendo al sobrecalentamiento.

Es el primer objetivo concreto y acercado a la mesa en la conferencia de la ONU sobre el clima COP26 que se lleva a cabo en Glasgow, al final de las dos jornadas dedicadas a la cumbre entre jefes de Estado y de Gobierno que introdujeron los trabajos.

Y otro paso adelante también lo representa el plan patrocinado por Estados Unidos y la Unión Europea -al que se adhirieron un centenar de países- para reducir las emisiones de metano en un 30% en diez años.

La cumbre sin embargo -a la espera de que las sesiones y las negociaciones técnicas continúen hasta la próxima semana- produjo hasta ahora solo resultados parciales sobre la cuestión clave de limitar las emisiones nocivas que alimentan la amenaza del cambio climático; sobre el compromiso de mantener el aumento de la temperatura global dentro del techo de 1,5 grados más respecto al de la era preindustrial; y sobre todo sobre los tiempos para pasar de las palabras a los hechos.

Se trata de cuestiones que siguen dividiendo a los países, incluidos los más grandes e históricamente responsables de la contaminación, en la línea de culpa inspirada por enormes intereses geopolíticos y económicos y quizás por cálculos de consenso interno.

«Hemos hecho mucho, pero queda mucho por hacer», resumió por la noche el presidente estadounidense, Joe Biden.
En el tema de la deforestación, al menos, la división no se produjo por una vez. Como muestran las firmas al pie de la declaración anunciada hoy por el primer ministro británico, Boris Johnson, en el papel de anfitrión de la conferencia, sobre el plan compartido por 110 naciones para poner fin ya en esta década, no en un futuro incierto, a la «devastación» sistemática de árboles por millones de hectáreas:»Catedrales de la naturaleza», como las definió el premier británico, que permiten el respiro de la Tierra.

Un proyecto ligado a la promesa de préstamos de 15 mil millones de libras (casi 20 mil millones de dólares): 8,7 cubiertos por fondos públicos, 5,3 por inversiones privadas.

Compromisos destinados a beneficiar también a los «pueblos indígenas y comunidades locales» que son «guardianes» de esos bosques, juró Johnson, no sin exaltar la adhesión a este acuerdo por parte de duros líderes cuyos países abarcan el 85% del patrimonio forestal de planeta: incluyendo la inmensa Rusia de Vladimir Putin, Indonesia, Congo, Colombia y, el más importante de todos, Brasil, cuyo actual presidente, Jair Bolsonaro, también se ha ganado la hostilidad del pueblo indio durante su mandato y de muchos otros detractores, habiendo aumentado, ciertamente no mitigado, la implacable deforestación de la colosal selva tropical del Amazonas.

Algo, pero no suficiente para los representantes de la Amazonía, también presentes en Glasgow. Poco para Greta y los demás manifestantes que siguen protestando frente al Sanedrín de las Obras. Mientras el papa Francisco une su voz a la de la reina Isabel II para advertir que «no hay más tiempo» para las medias tintas, que es necesario demostrar un espíritu de cooperación internacional desde la reconstrucción de la posguerra.

Y el propio Johnson no va más allá de un «optimismo cauteloso» al final de la cumbre, actualizando un poco las previsiones de éxito de la COP, de «6 contra 10 a 2 contra 5», no sin admitir que aún queda «un largo camino por recorrer» para lograr el resultado deseado: a pesar de los compromisos por un total de 100 mil millones de dólares dispuestos hasta ahora en el plato de la conferencia y la contribución «sin precedentes» de la gran empresa privada.

En el desglose de gastos, por su parte, Joe Biden, el protagonista del día entre los líderes que hablaron hoy desde el escenario luego de la siesta del lunes, actualmente tiene la parte del león con 9 mil millones de dólares solo para la lucha contra la deforestación; mientras que la UE, a través de Ursula von der Leyen, garantiza 1.000 millones de euros en este dossier; y el Reino Unido intenta dar un ejemplo aún mejor, jugando en casa, con un compromiso de 1.500 millones de libras esterlinas repartidas en 5 años.

Todavía aún saldrá más de los singulares bolsillos espaciosos de algunos de los magnates del planeta: en primer lugar, Jeff Bezos, criticado el mes pasado por el príncipe William por «desperdiciar» recursos en el turismo espacial, pero cooptado por el heredero al trono Carlos, pionero de la ecología, en la recaudación de donaciones del sector privado mundial a toda una serie de iniciativas medioambientales impulsadas por la fundación del Príncipe de Gales. Bezos, en Glasgow, dijo que está listo para recaudar 2 mil millones de dólares para revivir a las tierras degradadas de Africa. En tanto, para corroborar el cauto optimismo de Johnson, Estados Unidos y la UE anuncian que elevaron a 100 el número de países (equivalente al 70% del PIB mundial) alentados a adherirse al objetivo de un recorte de las emisiones de metano de un 30% para 2030.

Un paso del que actualmente quedan fuera varios grandes productores de gas, desde el mundo árabe hasta Rusia, además del gigante chino o indio; todos orientados a mantener de manera más general el punto de un plazo más largo para reducir las emisiones en general (hasta 2060 Pekín y Moscú, incluso 2070 Nueva Delhi). Pero siempre un paso más hacia adelante, si se quiere: esperando que el planeta esté dispuesto a esperar. (ANSA).