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Por Graciela Cousinet*

El saqueo a nuestros recursos naturales continúa, esta vez con una nueva modalidad: la minería a cielo abierto que no sólo nos despoja de lo que es nuestro sino que dejará una secuela irreversible de contaminación y depredación del medio ambiente.

Una sola de las minas en proceso de construcción utilizará 17 camiones de cianuro por mes. ¿Adónde irán esos desechos? ¿Qué normas de seguridad se toman para garantizar que nunca se filtren y contaminen las aguas subterráneas? No se sabe y no se permite el ingreso de nadie a las instalaciones.

En una sola explotación se gastarán 370 litros de agua por segundo y las empresas mineras no pagarán por ella. Ya tenemos problemas con el suministro y los científicos coinciden en que será el recurso más escaso del futuro cercano. El agua ya vale más que el oro. ¿Por qué permitimos semejante derroche?

La legislación minera sancionada es una vergüenza nacional que se inscribe en las peores páginas de la historia de la entrega del patrimonio argentino. Todos los derechos son para las empresas extranjeras, ninguno para el Estado nacional.

¿Por qué se promocionan y alientan estas explotaciones? Sólo la existencia de intereses espurios por parte de una parte de la dirigencia política puede explicar tamaño entramado de corrupción y negociados.

Aquí en Mendoza intentan revertir lo que la lucha de las asambleas consiguió: la prohibición de la minería contaminante. Ahora tratan de hacernos creer que no utilizarán ningún elemento nocivo. En Mendoza el agua es nuestro bien más preciado, si la gastan o la ensucian no podremos seguir viviendo en estas tierras.

Todos los ciudadanos honestos y patriotas, todas las instituciones, especialmente las universidades por la responsabilidad que les cabe en la divulgación de la verdad, deben denunciar este atropello a nuestra soberanía y el gravísimo daño ambiental que acarrea, y oponerse firmemente, movilizándose para detenerlo. No se debe aceptar ni un solo peso que provenga de estas explotaciones mineras porque ningún propósito, por benéfico que sea, puede ocultar el origen manchado de estos fondos.

Está en juego nuestro futuro y el de nuestros hijos.

*Graciela Cousinet es vicedecana de la facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNCuyo.