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tacna violenta

Por Guillermo Sturla

Sra. Directora:

Lamentablemente, nuestro país se encuentra jaqueado por la violencia. Desde diferentes ángulos, matices, estamentos sociales y conceptos erróneos, pareciera ser que la única manera de expresarse fuese la agresividad, el tumulto, el ataque físico o verbal, el destrato, la prepotencia, el patoterismo, la soberbia impúdica y el desprecio.

Estos mojones han suplantado al raciocinio, la comprensión, la urbanidad, el equilibrio y la aceptación de ideas ajenas distintas a las nuestras. Nos acercamos al acantilado del autoritarismo sin sentido y con serios riesgos de caer en el abismo.

El interrogante parte hacia los que deben ser imagen y modelo.

¿Son ellos válidos y positivos?

¿Cómo destrabamos la violencia infanto-juvenil si desde el propio entorno del poder se ampara al matonismo profesional y se les da un lugar preferencial en un palco?

¿Cómo le explicamos a una ignorante madre, que es malo que su hijo le pegue a un docente, independientemente esté dentro o fuera de la escuela?

¿Cómo le hacemos razonar a un adolescente, que humillar, castigar y lastimar a otro, no significa que tenga razón en sus argumentos?

¿Cómo ayudamos a entender desde lo vivencial, que es totalmente lícito que alguien piense distinto a nosotros cuando desde arriba se descalifica continuamente?

¿Qué ofrecemos para superar los problemas de la nocturnidad y el refugio desatado y delirante en el alcohol y las drogas?

¿Cómo hacemos para convencer a los dirigentes que la inseguridad no es un tema de sensación térmica?

¿Cómo valoramos las diferencias, si para los regentes más altos del país, la única verdad es su verdad?

Además, en los últimos tiempos, asoma un síntoma muy preocupante, creador de un clima de tensión sin sentido que es la polarización que se está recreando en la sociedad.

El enfrentamiento y la agresión permanente como instrumentos de la acción política anulan los mecanismos lógicos de una verdadera democracia, como lo son el diálogo, el consenso, la mediación y el escucharse unos a otros.

El patoterismo, la bravuconada, el desprecio son anulantes de la reflexión y el acuerdo. La violencia y sus cultores tienen muchos disfraces, por eso es conveniente observar y desactivarlos, so pena de caer todos en la trampa y el remolino de su furia.

A algunos convendría recordarles su propio pasado y reiterarles lo que dijo Sócrates “Conócete a ti mismo”.

Agregaría en lo personal “Bucea en tu propio archivo y evalúa tu autoridad moral”

G.R.Sturla

L.E. 5.530.629