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Por Guillermo R. Sturla / grs@telpin.com.ar

La Vocación más profunda, la frustración más grande.

Había una vez… un docente que entró al aula con un libro en una mano y un puñado de semillas en la otra. Cuando concluyó su tarea y se despidió de sus alumnos, tenía el libro pero las semillas ya las había sembrado. Fue fiel al más noble de los oficios. Intentó hacerlo con todas sus fuerzas y superando sus propias debilidades. El último propósito para con sus alumnos fue hacerlos soñar, ver otras realidades, percibir una belleza que se llama “espíritu humano”, “Dios”, “Amor”, y “Emoción ante el misterio de la vida”.

De eso se trata la Educación, sembrar, soñar, admirarse, fecundar las utopías, transmitir, dar y recibir, crecer y forjar.

Pero…

El deterioro argentino en materia educativa es demasiado notorio. “Abunda la falta de ejemplos.”

Hay escasos modelos a seguir. Se ha pauperizado la escala de valores, códigos y principios.

LA DECADENCIA se ha llevado puesta a la educación argentina, pues es el detonante y fusible, el testimonio cabal de que estamos perdiendo la voluntad en pensar y sostener que el estudio tendría que ser un objetivo nacional, compartido, prohijado e impulsado por todos.

Ponemos en juego el porvenir. Nuestras propias falencias y desaguisados nos llevaron a bancarrotas en economía, en salud, en justicia, en calidad democrática y por supuesto en cultura y en educación. Dejamos por omisión, de aportar a la eficiencia, a la excelencia, a la nivelación hacia arriba y a la necesidad de ser mejores.

Por múltiples factores, hoy la escuela, la educación, están en avalancha descendente y perniciosa.

Alumnos poco incentivados, límites inexistentes, docentes poco reconocidos; algunos ya apagados en su luz interior; condiciones de infraestructura muchas veces deprimentes, colaboran en el alud.

Padres que no pueden, no saben o no quieren y alguna dirigencia deleznable completa el menú.

Cada vez podemos hablar menos de la nivelación de los egresados y la posibilidad de inserción laboral y profesional.

Es una utopía PERORAR de valores referentes como estudio, profundización de conocimientos y necesidad de perfección.

Pasamos de ser primeros en Latinoamérica e importantes en el mundo, a ser educativamente del montón.

Claro está, en latitudes serias, los gobiernos comprenden la imperiosa necesidad de estudio, escuela, educación y cultura. Lo conocen y lo aplican, invierten en el futuro y accionan coherentemente.

En el panorama nativo, se agrega un componente lamentable para muchos de nuestros adolescentes; la falta de contención, afecto, orientación y la muestra de proyectos con esperanzas, de sueños realizables y posibles.

Los forjadores de nuestra historia priorizaron el saber, Moreno, Belgrano, San Martín, Sarmiento y muchos otros lo objetivaron de manera contundente.

Un milenario proverbio árabe sentencia que…

“Sólo cuidamos lo que amamos,

Sólo amamos lo que conocemos y

Sólo conocemos lo que nos enseñaron”

Perdimos mucho, debemos reaprender otro tanto o sucumbiremos ante los nuevos desafíos.

El futuro sin futuroahorainfo.com.arOpiniónPor Guillermo R. Sturla / grs@telpin.com.ar La Vocación más profunda, la frustración más grande. Había una vez… un docente que entró al aula con un libro en una mano y un puñado de semillas en la otra. Cuando concluyó su tarea y se despidió de sus alumnos, tenía el libro pero...Desde Necochea al mundo