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ferrerlanz

Por miguel abálsamo

Hace más de veinte años que conocí a Daniel Ferrer. Siempre emplee una frase sobre él …»querelo o dejalo…». Preferí la primera, sin más profundizaciones.

Un mes antes de las elecciones, cuando caminaba en su sueño   al Concejo Deliberante me preguntó lo que cualquier político en campaña pregunta…»cuántos votos crees que  tengo». No por sacarme el compromiso de encima le respondí «no me causaría sorpresa que saques 10.000 o 1.000, vos «negro» sos impredecible. La palabra exacta sería inefable.

Lo conocí hace más de veinte años.

Podía admirar a Evita y al Che con la misma facilidad que pedir «dura mano a la delincuencia». Es decir, sus conceptos eran como su personalidad, discutidos, admirados o rechazados, nunca desapercibidos.

En Radio Necochea, aquella LU 13 que alguna vez supo ser líder en audiencia, tenía a su cargo «Los Frescos», sábados y domingos. Gran carisma, frescura en la impronta, voz especial para radio, crecimiento en audiencia.

Era el animador de las grandes fiestas de la ciudad, el que entraba y salía del club a los gritos, con un corazón enorme, que a veces superaba a la razón. Le sentaba bien aquella frase de Charles De Gaulle…» con la pasión se triunfa, con la razón se sobrevive».

Hicimos algunos viajes juntos a transmisiones de fútbol, y quedaron más de una anécdota. En cierto  Regional cuando de visitante el elenco local de Rivadavia  debía ir a Tres Arroyos, el móvil de la emisora debió llegar e irse con protección especial, porque al «negro» en el partido de local  se le había ido un poco la boca con las bondades de Rivadavia y la minimización de los tresarroyenses. Los muchachos de la tribuna lo estaban aguardando, no precisamente para entregarle un diploma.

Nunca pasaba inadvertido.

El día que se fue de LU 13, en la década del 90,  dejó la mitad de su material periodístico , los viejos «Gráficos» que guardaba de colección, y emprendió camino a la calle. Bueno…de calle sabía mucho. Era parte de su Universidad.

No fue un intelectual jactancioso de palabras floridas y elegantes, tuvo la sapiencia del hombre común,  bastante  haragán para escribir, que lo hacía muy bien, pero lo dejaba en segundo plano. Fue demasiado ansioso como para detener el reloj de su vida ante la máquina y corregir los detalles.

Colocó una radio de FM. con un sello distintivo «la radio del Negro». La puso en primer lugar, la mantuvo en primer lugar. La loca radio de la ciudad, que podía pasar del telefonazo de izquierda a derecha con facilidad, del empresario agradeciendo al indigente pidiendo, y recibiendo. Del oyente enojado por algún  desplante del «negro» que al otro día era un apretón de manos.

En lo personal mi eterno agradecimiento, por su amistad y por la libertad.

Me llamó para la conducción de «Vale Doble», algo que no realice por motivos estrictamente ligado a la hora del programa inaccesible para mi estilo de vida. Terminé siendo columnista que graba por las noches sin escucharse por la mañana.

Cuando hace tres meses me «licenciaron» de la AM LU13, por motivos estrictamente políticos, o sea, por no hablar demasiado bien del matrimonio K, el  «negro» me pidió que eligiera una hora al día e hiciera un programa. Le contesté que podría afectarle a sus intereses, estaba en carrera política y yo sería una voz que criticaría duramente a Néstor Kirchner, quien compartiría su boleta eleccionaria. Me contestó como acostumbraba este niño grande de 61 años…» hace lo que quieras, decí lo que quieras… chau, empeza cuando lo creas».

Rara libertad la de estos tiempos radiales, de  decir lo que sentís, sintiendo lo que decís,   marchando  a contramano, muchas  veces, con  los propios intereses de los dueños de un medio.

Cierta vez lo llame por teléfono para preguntarle si quería que bajase el tono crítico a una empresa local, que anunciaba en su programa. No terminé la frase cuando me afirmaba «seguí adelante. Si quieren sacar la propaganda que la saquen».

Justo equilibrio entre Daniel y Silvia. El temperamento y el carisma, y la lúcides reflexiva. Las asimetrías de pareja son el complemento ideal.

No lo vote, pero me alegre enormemente que ingresara al Concejo Deliberante. Empecé a vivir las sesiones del Concejo como una especie de programa a llevarse a cabo dos jueves por mes, que me resultaría más entretenido.

Solía emocionarse a las lágrimas despidiendo amigos, guardando en las paredes de la emisora las fotos de aquellos que no están, pero están sus fotos como recuerdo permanente.

La mañana de su muerte, me pareció que la ciudad amaneció con un faltante, tal vez me pareció a mi, nada más.

Como si hubiese una ausencia.

Me di cuenta que le sucedió  a más gente. No era simplemente mi disparador de emociones.

Era como una soledad poblada de su voz que retumbaba.

Su vida  fue especial en Necochea,  desde aquella oficina con «Cacho»Leys en los ochenta,  hasta  su muerte teñida  de  ribetes trágicos y novelescos. El fallecimiento de su madre, el cumpleaños de su madre, su partida. El lugar a despedirlo, el Concejo Deliberante. ¿Qué hubiera imaginado un quasi anárquico como Daniel terminando  velado en un lugar tan ceremonioso.

En la despedida hubo mixtura, como fue su vida.

Aquel que alguna vez tuvo la garrafa social de 18 pesos. El comerciante que lo buscó para acompañar su reclamo, los políticos que necesitaban esa tribuna radial para difundir sus ideas, mujeres de clase media y mujeres de clase baja. Varios llantos no fingidos, y una pena que se anuda en el alma.

Coches cero y bicicletas barrosas…

Como dice el tango y no exagero, en su estilo no «habrá ninguno igual».

Vivió como un bohemio y se fue como un caballero.

Me quedo con las palabras de Gerónimo  Venegas… otro universitario creado en el  cordón de la vereda…» no fue rico en capital… fue rico en amigos».

Para él, decir amigos era…»billar, café, Independiente, buen vino, peña, recordar, emocionarse… Hípica y después…»

Suele decirse que la amistad es un placer que nunca podrán guardar las almas mediocres. Las que pasan por la vida sin dejar huellas.

Se sublevaba  sin pose de ocasión  ante la injusticia.

No quiso ser ejemplo.

No fue perfecto.

Por eso lo queríamos, precisamente por eso…por no ser  perfecto.

Fue mucho más…un gran tipo. Que eligió la libertad de vivir y nunca se planteó el final.

Esa muerte tan escondida que nadie vio llegar.

Ahora nos dejó.

Bueno… no tanto… Apenas se fue de gira radial.