Opinión

INFORME ESPECIAL: Los efectos de la caída de la actividad y el empleo en las PyME industriales

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Material enviado por el Lic. Jorge Mancuso

Durante el cuarto trimestre de 2008 a la crisis del mercado interno, al cual dirigen mayoritariamente sus ventas las PyME industriales argentinas, se sumó la crisis del mercado internacional con fuerte impacto negativo entre las PyME industriales exportadoras.

Por su mayor sensibilidad, el comportamiento de las empresas más pequeñas anticipa siempre el comportamiento futuro del total de la industria.

Desde octubre de 2007 a octubre de 2008 las PyME industriales perdieron 13.700 puestos de trabajo. Los efectos de la caída del empleo se verán en 2009 en al menos tres aspectos: una disminución del consumo de 300 millones de pesos, caída en los ingresos del gobierno de 90 millones de pesos (por menor recaudación en concepto de cargas sociales e IVA) y una caída en las ventas anuales de poco menos de 1.500 millones de pesos.

Las expectativas empresarias para 2009 son negativas y no se espera un repunte de la actividad durante el año.

Durante el cuarto trimestre de 2008 a la crisis del mercado interno, al cual dirigen mayoritariamente sus ventas las PyME industriales argentinas, se sumó la crisis del mercado internacional con fuerte impacto negativo entre las PyME industriales exportadoras. Los efectos sumados podremos medirlos con precisión hacia fines de este mes.

Mientras la destrucción de puestos de trabajo en las PyME industriales que dirigen mayoritariamente sus ventas al mercado interno es ya efectiva y hacia el tercer trimestre de 2008 se estimaba en un 2,5%, el impacto negativo del empleo en las PyME exportadoras todavía está por venir. La velocidad del ajuste negativo del empleo en las PyME exportadoras dependerá de la capacidad financiera para solventar el incremento de los costos fijos y de las expectativas sobre los tiempos de reactivación de la economía internacional.

Es importante destacar la notable resistencia de las PyME industriales argentinas al ajuste negativo del empleo, especialmente entre aquellas de menor tamaño. Las empresas más pequeñas (de hasta de 50 ocupados) comenzaron a enfrentar el estancamiento de sus cantidades vendidas tempranamente hacia finales de 2007 y una caída clara a partir del primer trimestre de 2008. Por su parte, las empresas medianas (entre 51 y 200 ocupados), continuaron creciendo hasta finales de 2007, pero enfrentaron luego una reversión brusca del ciclo de ventas a partir del primer trimestre de 2008.

Este conjunto de empresas pequeñas y medianas, orientadas mayoritariamente al mercado interno, recién comenzó a despedir personal durante el tercer trimestre de 2008, es decir un semestre después del claro inicio del ciclo negativo. Efectivamente, mientras que durante la primera mitad de 2008 la caída del nivel de demanda produjo un desbalance entre los montos vendidos y el nivel de inventarios en las firmas -es decir, continuaron produciendo a pesar de la baja de las ventas-, a partir del segundo semestre los empresarios comenzaron a tomar decisiones directas, inicialmente disminuyendo los volúmenes de producción y más tarde disminuyendo el empleo.

Si entre las PyME industriales más pequeñas no se produjo una más temprana y más drástica disminución del empleo, se debió a costa de la disminución del margen de utilidad de las empresas y no a la existencia en el mercado de líneas crediticias para superar la coyuntura. Pero la posibilidad de seguir disminuyendo el margen se ha prácticamente agotado y no se ven en el horizonte masivas líneas crediticias para financiar el actual desequilibrio. Bajo estas condiciones, y sin una rápida recuperación de la demanda agregada, el aumento del desempleo es inevitable. Por otra parte, en esta coyuntura de crisis cualquier cambio institucional en el mercado de trabajo que aumente la rigidez del mismo no hará más que inducir, en algunos casos, nuevos despidos y, en otros, directamente el cierre de empresas.

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Las estadísticas elaboradas por la Fundación Observatorio PyME mediante la genuina colaboración de miles de empresarios pequeños y medianos de todo el país, permitió calcular que hasta el tercer trimestre de 2008, fueron 13.700 los puestos de trabajos destruidos en el sector. Crear dichos puestos de trabajo había requerido oportunas inversiones en los distintos sectores, desde $14.200 en el sector Textiles, prendas de vestir y productos de cuero y calzado, hasta $57.500 en el sector Metales comunes y productos de metal que ahora quedarán ociosas (Ver Cuadro 1).

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Los indicadores relevados por la Fundación Observatorio PyME mostraron oportunamente que la confianza empresaria comenzó a desplomarse a inicios de 2008 y, con ella, las expectativas del segmento. Ya hacia mediados de año, los signos negativos empezaron a verse de manera concreta: caída de las tasas de actividad y empleo; freno del ritmo de las inversiones; aumentos de los niveles de stocks de las empresas; debilitamiento de la cartera de pedidos, entre los más significativos.

Un diagnóstico precoz ayuda siempre a enfrentar los problemas con mayor probabilidad de éxito. Y sabemos -por propia experiencia y por otras experiencias internacionales- que por su mayor sensibilidad, el comportamiento de las empresas más pequeñas anticipa siempre el comportamiento futuro del total de la industria. De aquí la insistencia de esta Fundación con los funcionarios de gobierno a tomar con seria consideración los signos positivos o negativos que surjan de la coyuntura de las PyME.

No se trata de un teorema. Como puede verse en el Gráfico 2, al igual que en 1998 cuando las PyME industriales comenzaron a mostrar signos de desaceleramiento de la actividad un año antes que el promedio de la industria, durante 2008 su reacción a la caída en la actividad fue también anticipada.

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Que la inversión del ciclo económico de las PyME es real puede apreciarse en el Gráfico 3: durante 2008 sólo el 65% de las firmas creció, ya sea de manera normal o acelerada, cuando durante el año previo casi el 80% de las empresas mostró este desempeño. Adicionalmente, cerca de la tercera parte de las empresas se encontró en una situación de estancamiento mientras que un 7% vio reducido su nivel de actividad.

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Las empresas más afectadas por el freno de la actividad fueron las más pequeñas (entre 10 y 50 ocupados): el 40% atravesó una fase de estancamiento o achicamiento en 2008. En cambio, en el caso de las medianas (entre 51 y 200 ocupados), la cuarta parte de las firmas se encontró en esta situación.

Como también puede verse en el Grafico 3 se ha retrocedido al nivel de difusión del crecimiento que se registraba en 2004 y, más atrás en el tiempo, al nivel de 1997 -antes del fatídico trienio 1999-2001-.

Es importante destacar que el 2001 no llegó de improvisto. Las presiones negativas se fueron acumulando desde 1998, mientras la política económica no atinaba a diseñar los instrumentos adecuados para revertir el ciclo negativo. La situación actual de la economía argentina por ahora es diferente a la de aquellos años, pero hemos tenido una fuerte pérdida de competitividad externa y el contexto internacional es dramáticamente negativo. Con el 75% del producto mundial en recesión, explicado principalmente por los países más desarrollados, dejó de ser posible sostener el argumento del desacople de los países emergentes que predecían muchos analistas un año antes.

Por ahora, y antes de registrar los efectos de la caída del mercado internacional que mediremos a partir del primer trimestre de 2009, la pérdida de los 13700 puestos de trabajo tiene al menos tres efectos: 1) un efecto directo sobre el consumo debido a la caída de los ingresos de los trabajadores despedidos; 2) un efecto fiscal debido a la pérdida de recaudación del gobierno en concepto de cargas sociales y de impuesto al valor agregado por la caída del consumo; 3) un efecto sobre la rentabilidad de las firmas que consiste en el aumento de la capacidad ociosa (dado que se incrementa la relación capital/ trabajo) y, por otro lado, en el impacto sobre la producción (suponiendo que la productividad del trabajo no puede subir de manera tal de continuar produciendo exactamente lo mismo con menor cantidad de trabajadores).

En primer lugar, los despidos de personal afectarán de manera directa el consumo por la pérdida de ingresos de los trabajadores. Según estimaciones propias, alrededor de 300 millones de pesos menos serán destinados para consumo durante 2009.

Por otra parte, según los cálculos de la Fundación Observatorio PyME, los 13700 puestos de trabajo eliminados generarán en 2009 una pérdida para el gobierno de alrededor de 90 millones de pesos debido a la caída en la recaudación generada por la caída de los pagos de cargas sociales y la menor recaudación de IVA que generará la retracción del consumo.

Finalmente, la relación entre el capital (activo no corriente) y el trabajo se incrementa al reducirse el número de trabajadores. Según estimaciones de esta Fundación, con un total de 13700 puestos de trabajo menos alrededor de 600 millones de pesos en activo no corriente quedaron inutilizados. Esto genera una pérdida de eficiencia que repercute en los costos fijos de las empresas.

Asimismo, si la productividad del capital se mantuviera en términos más o menos constantes, la pérdida de los 13.700 puestos de trabajo implicará una disminución de las ventas anuales equivalente a poco menos de 1.500 millones de pesos de acuerdo a los cálculos realizados.

Ahora bien, ¿qué ocurrirá en 2009 con la actividad y el empleo? Como se desprende de la lectura de las expectativas de los industriales PyME, no se espera un repunte de la actividad en 2009.

Los empresarios prevén un mayor debilitamiento de la demanda: casi la cuarta parte cree que sus ventas caerán en 2009 -contra un 4% registrado en 2007-.

En línea con esta tendencia, más puestos de trabajo se verán amenazados durante este año. El 18% de los empresarios planea reducciones de su personal cuando en los últimos cuatro años este porcentaje no superó el 7%.

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Fuente: Encuesta Coyuntural a PyME industriales, 2005 – 2008. Fundación Observatorio PyME. Ventas al mercado interno Ocupados