Tras 51 años de búsqueda, restituyen en Quequén los restos de Horacio Ibarra-Britos, víctima de la represión ilegal
En una jornada cargada de profunda emoción, dolor y alivio, la familia Ibarra-Britos cerró este martes un doloroso capítulo que se extendió por más de medio siglo.
Bajo una lluvia intermitente, el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) hizo entrega de los restos óseos de Horacio Alfredo Ibarra-Britos, quien fue asesinado en diciembre de 1975 en Escobar por el aparato represivo clandestino de la época.
“Hoy nuestro hermano Horacio puede descansar en paz y cerca nuestro. Cerramos una intensa y dolorosa búsqueda que nos llevó 51 años…” expresaron con lágrimas en los ojos sus hermanos.
El emotivo reencuentro familiar
La entrega del cofre de madera con los restos, que permanecieron durante décadas sepultados como «NN» en el cementerio de Escobar, estuvo a cargo de Carlos Somigliana y Mariella Fumagali, miembros del EAAF. Los especialistas arribaron a media mañana a la vivienda de Abel Ibarra en Quequén, donde se concentró gran parte de la familia.
Allí esperaban los hermanos Abel, Juan, Oscar Daniel, María Cristina, Javier Alejandro y Graciela Inés, acompañados por unos 15 sobrinos de la víctima. Aunque no pudieron asistir Luis y Marina —quienes completan los ocho hermanos sobrevivientes de los trece de la familia original—, el sentimiento de unión y memoria estuvo a flor de piel.
Una herida abierta desde 1975
Horacio Alfredo Ibarra-Britos, apodado “El Ñato”, tenía apenas 18 años en junio de 1975 cuando salió de su hogar en el barrio 16 Viviendas de Quequén para no volver jamás. Apasionado de las motos y trabajador de la esquila, su ausencia se convirtió en un calvario para su entorno.
Un año después de su desaparición, su madre, Lidia Britos, falleció, no sin antes encomendarles a sus hijos una misión desde su lecho de muerte: no dejar de buscarlo.
Durante décadas, los hermanos recorrieron organismos del Estado, realizaron consultas legales y apelaron a los medios de comunicación, llegando incluso a participar en el recordado programa televisivo “Gente que busca gente”, conducido por Franco Bagnato. Sin embargo, las respuestas tardaron más de cincuenta años en llegar.
El camino de la ciencia y la verdad
El proceso de identificación formal comenzó a destrabarse en el año 2010, cuando tres de los hermanos aportaron muestras de sangre al banco genético del EAAF.
- El llamado esperado: El año pasado, en una coincidencia agridulce —el mismo día en que un incendio destruyó el galpón de apicultura de Abel Ibarra—, la familia recibió la llamada del equipo forense confirmando el hallazgo y la identificación de los restos de Horacio.
- Sentimientos encontrados: «Siempre tuve fe de que algún día lo íbamos a encontrar», manifestó María Cristina, pieza clave en la perseverante búsqueda familiar. Por su parte, Abel resumió el sentir de todos: «Es una tristeza y una alegría al mismo tiempo».
Descanso final junto a sus padres
Luego de las explicaciones técnicas y legales pertinentes y de la firma de las actas oficiales, la familia vivió un momento de íntima intimidad para reencontrarse con su hermano. En señal de gratitud, entregaron al EAAF dos cartas de agradecimiento que fueron leídas en voz alta por Carlos Somigliana.
Finalmente, una caravana de vehículos partió desde las inmediaciones del Hospital José Irurzun con destino al cementerio de Quequén. Allí, bajo un cielo plomizo, los restos del «Ñato» fueron depositados en la misma sepultura donde descansan sus padres y dos de sus hermanos. De esta manera, el amor familiar y la perseverancia lograron ganarle al olvido, transformando el dolor en una paz largamente esperada.
FUENTE: El Ecos
