Humor, Principales

Humor político. HOY: El pendrive mágico de Adornito.

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Sócrates Maidana

Obvio. Por supuesto. ¿De qué otra cosa vamos a hablar?

¡Pero por favor! Qué generoso que está el guionista de la realidad argentina… En esta sección nos rompemos la cabeza pensando metáforas, y de repente el oficialismo te regala un sketch digno de Cha Cha Cha

💾 El milagro del almacenamiento masivo

Resulta que ahora la macroeconomía no se arregla con dolorosos planes de ajuste, ni con el superávit, ni rezándole a las fuerzas del cielo. No, señor. La solución estaba en un puerto USB…

Apareció un pendrive —así, de la nada, como quien encuentra un caramelo Media Hora viejo en el bolsillo de la campera de invierno— y ¡pum!, de repente hay miles de millones de dólares para financiar universidades, pagarle a los jubilados y, de paso, comprar un par de aviones más…

Hipótesis humorística: Nos urge saber la marca de ese dispositivo. Si un Kingston de 16GB te recupera la mitad del PBI, hay que ir corriendo a la galería Jardín a comprar un disco rígido externo de 2 teras y pagamos la deuda externa completa para el próximo martes.

🍯 El «Manual de Escondites Argentinos»: Más allá del puerto USB

Como la confianza en la tecnología es volátil (mirá si al pendrive le entra un virus o lo formatean sin querer para meter una serie de Netflix), con Socratito nos pusimos a armar un plan de contingencia.

Porque si la guita del Estado aparece en un aparatito de plástico, nosotros, los ciudadanos de a pie, tenemos nuestra propia ingeniería financiera doméstica…

Ofrecemos acá un humilde catálogo de opciones alternativas para encontrar money, mosca, guita, dinero, viyuya, criptos y otras yerbas:

  • Frascos de mermelada: Un clásico de la resistencia económica. Arriba le ponés «Zapallo 2018» para despistar, pero abajo hay tres billetes de dos dólares blue y un botón dorado.
  • Medias de la abuela: El verdadero plazo fijo inmovilizado. Ojo, si la media tiene un tomate en el talón, la inflación te devalúa el contrabando.
  • Jarrones viejos: El escondite aristocrático. Ideal para meter monedas de 25 centavos (las doradas, que ahora valen más por el metal que por el valor nominal).
  • Un celular de la década del 80: Esos ladrillos marca Movicom. Le sacás la batería gigante y ahí te entra un lingote de oro o, mínimo, la escritura de la casa de San Bernardo.
  • El centrifugador de ropa: Gana valor por el riesgo. El que esconde la plata ahí vive al límite: un error de cálculo, ponés a secar los zoquetes y terminás lavando dinero (literalmente).
  • La tostadora: Solo apta para mentes frías. Hay que acordarse de sacar la viyuya antes de querer hacerse un carlitos, sino el capital se te indexa a la parrilla.
  • La pava llena de hollín del abuelo: El secreto mejor guardado del Conurbano. Nadie la toca por miedo al tétanos, lo que la convierte en la bóveda más segura del Cono Sur.

✍️ Espacio para el lector (Porque la crisis la completamos entre todos)

Como el público siempre renueva los escondites, les dejamos el micrófono abierto. Ayudanos a ampliar la lista del Banco Central Casero. Dejanos en los comentarios dónde más se puede rascar la olla. ¿Opciones?

  • ¿Adentro del horno donde se guardan las asaderas que nunca se usan?
  • ¿En el caño del barral de la cortina del baño?
  • __________________________________________________ (Complete aquí con su canuto de preferencia).

Hasta la próxima semana… si es que no encontramos primero las rupias que sabemos que guardó nuestro tatarabuelo en el doble fondo del ropero de algarrobo. ¡Sigan ahorrando en pendrives!

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