Remonta ante Noruega en Miami y ya está en semifinales
MIAMI – Esta Inglaterra de Thomas Tuchel no brilla, pero tiene un carácter de acero. Lo había demostrado en un ambiente hostil contra México y lo confirmó hoy en Miami, superando una cadena de contratiempos para meterse entre los cuatro mejores de la Copa del Mundo tras vencer 2-1 a Noruega en la prórroga.
Ni el sofocante calor que amenazó con retrasar el partido, ni el virus que sacó a Declan Rice en el entretiempo, ni el golazo inicial de Andreas Schjelderup pudieron frenar a los Tres Leones.
El encuentro arrancó trabado, con los «Vikingos» replegados en un 4-5-1 que neutralizó las bandas inglesas. Sin embargo, a los 36 minutos, la paridad se rompió de forma imprevista: un remate sorpresivo de Schjelderup dibujó una trayectoria extraña que Jordan Pickford no logró desviar por completo; la pelota pegó en el ángulo y entró.
Con el 1-0, Noruega perdonó el segundo en una contra donde a Alexander Sørloth le faltó velocidad. Inglaterra reaccionó justo antes del descanso gracias a su gran figura, Jude Bellingham, quien irrumpió en el área, dejó desparramada a la defensa y definió cruzado de zurda para el 1-1.
En el segundo tiempo, los nórdicos abandonaron la pasividad y pusieron contra las cuerdas a una Inglaterra que se quedaba sin piernas. El equipo de Erling Haaland —quien tuvo dos cabezazos contenidos por Pickford— perdonó.
A los 12 minutos de la reanudación, el VAR anuló un gol a Torbjørn Heggem por un empujón previo de Haaland en un córner, y más tarde, Kristoffer Ajer estrelló un testazo en el travesaño. Con los ingresos de Oscar Bobb y Antonio Nusa, Noruega lastimó por velocidad, pero no logró liquidarlo antes de los 90.
El destino del partido se selló en el inicio de la prórroga de la manera más cruel para el arco noruego. Ørjan Nyland, el héroe de la clasificación ante Brasil, cometió un error fatal a los tres minutos del alargue al dar un rebote corto ante un remate de media distancia.
Bellingham, siempre atento, la empujó para firmar el 2-1 definitivo. El pitazo final dejó la imagen de Nyland llorando desconsoladamente, respaldado por sus compañeros, en contraste con el festejo inglés.
Inglaterra ya está en semifinales con Bellingham como bandera indiscutida. El gran interrogante para Tuchel será evaluar el desgaste físico tras jugar 120 minutos bajo el asfixiante clima de Miami de cara al cruce por el pase a la final.
