La masacre escolar que conmocionó y unió a Irán
Dos meses y medio después del ataque con misiles que costó la vida a 156 personas —en su mayoría niños— en el sur del país, el trauma sigue vivo en una sociedad que ha transformado el dolor en un motor de cohesión nacional.
El día que cambió a Minab
Una mañana aparentemente normal de finales de febrero, las familias de Minab, una ciudad de unos 80.000 habitantes en el sur de Irán y cercana al golfo Pérsico, enviaron a sus hijos a la escuela primaria Shajarah Tayyebeh. Horas después, la realidad se fragmentó.
Tres misiles estadounidenses —que investigaciones preliminares identifican como proyectiles de crucero Tomahawk— impactaron contra el centro educativo.
El balance fue devastador: 156 muertos, de los cuales más de un centenar eran niños. Se trata del ataque contra civiles más mortífero en el marco de la reciente guerra contra el régimen de Teherán.
Hoy, la herida sigue abierta. Aunque el alto el fuego se mantiene desde hace más de un mes, la ciudad continúa empapelada con pancartas que recuerdan la masacre.
El mercado del jueves bulle con la actividad habitual, pero el duelo asoma en cada esquina a través de ceremonias y actos conmemorativos.
Cifras del conflicto: A nivel nacional, la Organización Mundial de la Salud (OMS) reporta ya 3.469 víctimas mortales. Sin embargo, lejos de resquebrajar la moral del país, el conflicto ha reforzado el vínculo nacional, traduciéndose en manifestaciones nocturnas de apoyo al Gobierno y mensajes de desafío.
En el plano internacional, el ministro de Asuntos Exteriores iraní, Abbas Araghchi, denunció el suceso durante la cumbre de los BRICS en Nueva Delhi: “En esta guerra, las mujeres y los niños han sido objeto de ataques sistemáticos y selectivos… lo que constituye un claro ejemplo de crimen de guerra. El ejemplo más catastrófico fue el ataque en dos fases contra la escuela de Minab”.
Historias entre los escombros: el coste humano

Detrás de las cifras se encuentran los proyectos de vida destruidos en una localidad situada a 1.300 kilómetros de Teherán, pero peligrosamente cerca del estrecho de Ormuz, epicentro estratégico por donde circula una quinta parte de los hidrocarburos mundiales.
Mandana y Liana: el último abrazo
Mandana Salari, una profesora de 29 años, temía la vulnerabilidad de la zona tras enterarse del inicio de las hostilidades. «La probabilidad de un ataque aquí es cero», intentó tranquilizarla su hermano, Mostafa Salari, veinte minutos antes del impacto.
Tras el bombardeo, Mostafa tardó más de una hora en llegar al recinto. Lo que encontró fue un escenario dantesco de padres removiendo escombros con las manos.
El cuerpo de Mandana fue hallado junto al de cuatro alumnos a los que había intentado proteger con un abrazo.
Entre las víctimas estaba su propia hija, Liana, de siete años, quien decidió no evacuar para quedarse junto a su madre. La pequeña fue encontrada con la mochila puesta y el teléfono móvil de Mandana en la mano.
Hani y Hamed: sueños truncados en el patio
Safoora Pari Taghinejad (39 años) recuerda perfectamente la mañana del ataque. Había bañado y vestido a sus sobrinos Hani (10 años) y Hamed (7 años) con ropa nueva y camisetas del Real Madrid que les acababa de comprar. Los niños salieron corriendo hacia el colegio sin llegar a despedirse.
El fin de semana anterior habían celebrado el cumpleaños de Hamed. El cuerpo del menor fue recuperado la misma noche del ataque; el de su hermano Hani, que soñaba con ser un futbolista famoso, tardó tres días en aparecer bajo el cemento.
Fatemeh: la vocación hasta el final
Fatemeh Fadavi (41 años), una respetada maestra de segundo curso, se despidió de su madre enferma esa mañana pidiéndole que siguiera descansando.
Angustiada por los bombardeos reportados en la capital, utilizó su última conversación telefónica para pedir información a sus hermanos, al no tener acceso a una televisión en la escuela.
Su sobrino, Mohammad Amir Fadavi (23 años), tuvo la tarea de identificarla días después a través de las imágenes de restos humanos proyectadas por el servicio forense.
El rostro de Fatemeh, reconocible pese a la gravedad de las heridas, quedó registrado bajo el número 37. Al igual que Mandana, murió protegiendo a la única alumna que permanecía en su aula.
Negligencia táctica y acusaciones de crímenes de guerra
El emplazamiento de la escuela primaria Shajareh Tayyebeh ha generado indignación y debate. El centro civil comparte lindero con una base naval del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica, separada únicamente por un muro levantado en 2016.
El primer misil impactó en el patio escolar, empujando a los niños a refugiarse en el edificio principal, el cual recibió de lleno el impacto del segundo y tercer proyectil.
Ante la tragedia, los residentes locales dirigen su indignación tanto hacia la autoría del ataque como hacia la planificación urbana del régimen.
«Sabían perfectamente que se trataba de una escuela… pero también nos indigna que una escuela se encuentre en una zona así», señala Mostafa Salari.
A raíz del incidente, las autoridades de Teherán evalúan reubicar instalaciones de Defensa alejándolas de núcleos civiles.
| Factor clave | Detalles de la investigación |
| Armamento utilizado | Investigaciones militares preliminares apuntan a misiles de crucero Tomahawk. |
| Disponibilidad | EE. UU. es el único actor involucrado en el conflicto que opera este vector militar. |
| Origen del error | Las coordenadas del ataque pudieron basarse en información de inteligencia desactualizada sobre la base militar adyacente. |
| Posición de EE. UU. | El presidente Donald Trump ha rechazado la responsabilidad directa, culpando al régimen iraní del desenlace. |
Organizaciones internacionales como Human Rights Watch han advertido que, de confirmarse formalmente la autoría del ataque basándose en datos obsoletos o negligentes, el suceso será catalogado oficialmente como un crimen de guerra, situándose ya como uno de los ataques contra civiles más graves de las últimas décadas.
