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Argentina, tras 28 años, gritó campeón de la Copa América

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Los dirigidos por Lionel Scaloni derrotaron 1-0 al seleccionado local, en la definición de la edición 47 del torneo continental. Angel Di María anotó el tanto para la «albiceleste».

EPA/Antonio Lacerda

Argentina vuelve a gritar campeón en la Copa América después de 28 años y lo hace como un desahogo con sabor a revancha tras derrotar por 1-0 a Brasil, al que destronó en el mismísimo Maracaná en una final soñada que pasará a la historia a pesar de haber sido deslucida.

Angel Di María a los 21′ marcó el único gol del partido con un toque sutil por sobre la salida del arquero Ederson y tras un pase de larga distancia de Rodrigo de Paul, la figura de la cancha, que superó el intento de cierre de Renan Lodi.

Una jugada que a pesar de las diferencias hizo recordar aquel gol de Claudio Caniggia tras una genialidad de Diego Maradona en el Mundial de Italia 90 en el que Argentina noqueó a Brasil en su única llegada de peligro y lo dejó afuera en octavos.

Hoy, como ayer, Argentina festeja por apenas un gol de ventaja ante el clásico rival, pero lo hace en casa de Brasil y en una final de Copa América que se jugó como si fuese la final de una Copa del Mundo.

Así lo jugó Argentina, con los dientes apretados y defendiendo cada pelota ante un Brasil siempre peligroso que tuvo sus ocasiones, pero no acertó al intentar concretarlas.

El equipo de Tite se despidió de la corona conquistada hace dos años como anfitrión del torneo en el que no estuvo por lesión Neymar, su máxima figura que hoy, en su cuarta edición disputada volvió a quedarse con las manos vacías.

Fueron muchos los roces, testigo de los mismos el pantalón desgarrado de Neymar, que se prendió en algunos cruces con De Paul, principal encargado de tratar de ensuciarle el juego al astro brasileño y figura en el equipo vencedor.

De los pies de Neymar nacieron las mejores situaciones del local para empatar el partido, pero las más claras que tuvo fueron de Richarlison, a quien a los 51′ le anularon una conquista por posición adelantada en el inicio de la jugada y quien cinco minutos después probó los reflejos de un siempre seguro Emiliano Martínez, artífice de la clasificación a la final en la definición por penales frente a Colombia.

Hoy, Argentina ganó en los 90′ porque pegó en el momento justo de un partido que se pareció a un combate de boxeo, con los dos rivales estudiándose en los primeros pasajes a la espera de un error del adversario y uno de ellos yendo a matar o morir en el final de la pelea sabiéndose perdedor.

Y en esa dinámica, que favoreció el planteo de Argentina, fue el equipo de Lionel Scaloni y de Lionel Messi el que acertó en la que tuvo, aunque también tendría alguna más sobre el final del partido.

Una de ellas, a los 87′ y con Brasil volcado por completo sobre el campo argentino, el capitán tuvo una muy clara al iniciar un contragolpe por el lateral derecho, habilitar a De Paul y recibir su asistencia que no llegó a conectar justo cuando se disponía a superar a Ederson, quien cuando ya se jugaba tiempo de descuento le tapó al propio De Paul el que pudo ser el golpe decisivo del partido.

Los cinco minutos adicionados por el árbitro uruguayo Esteban Ostojich, de correcto arbitraje pese a las suspicacias que se generaron por algún supuesto favoritismo hacia el anfitrión, no le bastaron a Brasil para torcer la historia, como tampoco los cambios que ensayó Tite intentando darle más claridad y precisión a los constantes ataques de la «canarinha».

Argentina, replegada y mordiendo en toda la cancha, se aferró al triunfo y no lo soló hasta el pitazo final, que sorprendió a los cerca de dos mil aficionados presentes cantando «Brasil decime que se siente, tener en casa a tu papá», un grito de guerra que entonaron los miles que se dieron cita en aquella final del Mundial 2014 perdida con Alemania en el mismo Maracaná.

Una herida que hoy se cierra para Argentina y para Messi, presente en aquella definición al igual que un Di María que hoy tuvo su venganza personal y que Sergio Agüero, el otro sobreviviente de aquella final que hoy celebró en el banco de suplentes.

A 28 años de aquella última consagración en Ecuador 1993 tras ganarle la final México, invitado en varias ediciones, y al mando de Alfio Basile, Argentina recuperó la corona.

Y para que le fiesta sea completa fue en casa de la «canarinha», que en 2007 en Maracaibo le asestó una durísima derrota por 3-0 en la final previa a la que volvió a enfrentarlos hoy en Río de Janeiro a aquella «albiceleste» que también entrenaba el «Coco» Basile y en la que ya jugaba Messi.

No estaba en cambio en aquella Argentina derrotada también por Brasil, esa vez por penales y en la edición que albergó Perú, que entrenaba Marcelo Bielsa cuatro años antes en otra definición con gusto a clásico.

EPA/Antonio Lacerda

Hoy, Messi se sacó la espina y festejó un título que no conquistó nunca en tres ediciones disputadas el propio Diego Maradona, quien fuera su entrenador en el Mundial de Sudáfrica 2010 y seguramente estará festejando desde el cielo, como lo hizo en la tierra con cada victoria argentina, junto con Alejandro Sabella, el técnico de aquella selección derrotada en la final del Mundial 2014.

Decimoquinta corona para una «albiceleste» que que recuperó el cetro en la Copa América y ahora comparte la cima con Uruguay como los más laureados del certamen, nada menos que frente a Brasil, que abdicó al trono al que accedió hace dos años, también como anfitrión, y sufrió hoy su única derrota en el torneo, la más dura de todas sin dudas alguna.

«Maradona es más grande que Pelé…», sigue cantando Argentina que celebra, como celebra Messi, quien también canta victoria y celebra a lo grande con su selección, como tantos le pedían y como él mismo soñaba.

Argentina cortó este sábado la racha negra de 28 años sin títulos y se consagró campeón de la Copa América 2021, al vencer en la final a Brasil, el anfitrión, por 1 a 0 en el estadio Maracaná.

El único gol del seleccionado nacional, cuyo último título «mayor» había sido la Copa América Ecuador ’93, fue obra del delantero Ángel Di María a los 21 minutos de la etapa inicial.

Luego de seis derrotas consecutivas en finales (cuatro de Copa América, una en el Mundial Brasil 2014 en el mismo escenario de esta noche y otra de Copa Confederaciones), Argentina se sacó la «mufa» y también se la sacó fundamentalmente Lionel Messi, emblema de los merecimientos de toda una generación. El crack rosarino saldó la deuda más pesada que se le reclamaba.

La corona es, además, la primera que consigue la selección tras la muerte del máximo símbolo de su historia, Diego Armando Maradona, ocurrida el 25 de noviembre del año pasado.

En el legendario Maracaná, de Río de Janeiro, hubo alrededor de cuatro mil invitados especiales, el único encuentro del torneo que tuvo algo de público en el marco de la pandemia de coronavirus.

El respeto mutuo dominó el inicio del partido: no sólo era el choque de los dos seleccionados más fuertes del continente sino, además, el duelo de individualidades que se conocen mucho. También dominó la pierna fuerte, al estilo de los viejos clásicos, a tal punto que cuando iban apenas dos minutos llegó el primer amonestado, Fred, por una falta a Gonzalo Montiel.

En ese marco, con los dos equipos preocupados antes por interrumpir el circuito creativo del adversario que por generar en el arco rival, Brasil se mostró algo más prolijo y también un poco más incisivo, sobre todo por la sociedad entre Neymar y Richarlison.

Hubo dos aproximaciones que generaron el astro del PSG y el delantero del Everton, ambas frustradas por la intervención de los defensores argentinos.

Argentina era eficiencia en los cuidados más que cualquier otra virtud cuando sacó ventaja: a los 21 minutos De Paul sacó un gran pelotazo desde campo propio para Di María, que aprovechó el error de Renan Lodi (le «pifió» al despeje), entró al área y definió de emboquillada ante al salida de Ederson.

(Un gol de emboquillada de Di María, ante Nigeria, le había dado a Argentina, representada por el Sub 23, el último título internacional: la medalla de oro en los Juegos Olímpicos Beijing 08).

No cambió el partido después de la apertura del resultado. El mal estado del campo de juego y la presión ejercida por ambos en la mitad de cancha hizo todo trabado, parejo, poco claro. Argentina volvió a llegar con Di María, pasada la media hora, con un tiro que rebotó en Thiago Silva; y Brasil no pudo aprovechar las muchas imprecisiones que mostraron los de Scaloni en la salida, aunque conservaron siempre la concentración y el orden.

Brasil salió con todo en el complemento y estuvo dos veces al borde del empate, las dos con Richarlison, que se tiró al sector derecho de su ataque y sacó ventaja: la primera terminó en gol anulado por offside y la otra la sacó Emiliano Martínez.

Para resolver el sufrimiento que padecía Marcos Acuña, Scaloni decidió el ingreso de Tagliafico por Lo Celso apenas pasado el cuarto de hora. El cambio profundizó la idea sugerida, minutos antes, con la entrada de Guido Rodríguez por Paredes.

El partido entró luego en el clima que buscó Argentina. Brasil, después de aquellas aproximaciones, no pudo imponer su fútbol y el equipo de Scaloni, sobresaliente el esfuerzo de cada uno de los jugadores para morder, para cortar, para correr, intentó eventualmente con algún contragolpe y trabajó sobre el reloj.

Argentina aguantó los últimos embates de Brasil y con el último pitazo de Ostojich, después de que Messi desaprovechara una ocasión ideal para bajarle el telón al marcador, explotó la emoción albiceleste, la angustia acumulada de tantas frustraciones, la sonrisa ancha en la cara del propio Messi con la Copa allá en lo alto. Por fin, Messi y la Copa. Por fin.