Ya un año sin mi voz

Estaba en la duda de compartir este momento con ustedes. No es el mejor aniversario, pero es lo que me tocó, en el reparto de las situaciones que los mortales tenemos que vivir.

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Por Juan Alberto Poteca

Estaba en la duda de compartir este momento con ustedes. No es el mejor aniversario, pero es lo que me tocó, en el reparto de las situaciones que los mortales tenemos que vivir.

Este domingo 22, se cumplirá un año de mí primera operación de laringe. A partir de ese día, perdí la voz. Ya lo comenté en su momento, la opción para no tener complicaciones mas grabes, era la extirpación de ese órgano y como consecuencia, la perdida de la más directa forma de comunicarnos que tenemos los humanos.

Derroché la voz y lo hice con ganas, convencido de lo que hacía y creyendo que lo mío era eterno.

Por supuesto, nunca imagine un desenlace así. Sabía que algún día llegaría el final del relato, pero que quedaban otras alternativas, para el empleo de la voz en mí tarea. Pero el resultado fue otro.

Eso si, muchas veces puse más el corazón que la razón, como cuando suelo escribir, y ello me llevó a cometer locuras en este trabajo.

Algún relato de más, pensando que uno era irreemplazable, o simplemente por el afán de estar en todas, ayudaron quizás, al avance de esta enfermedad.

Pero lo hecho, hecho está y ya nadie lo puede cambiar. Además, no hay lugar para arrepentimientos.

He vivido momentos únicos de nuestro deporte y he tratado de brindárselo a la gente con las mejores intenciones.

Soy un agradecido de la vida, porque conocí personas y lugares, que difícilmente de otra manera hubiera conocido.

Acontecimientos deportivos que ya son historia, tuve la suerte de vivir desde adentro y le dio sentido a mí vida.

De chico, cuando escuchaba los partidos de fútbol y las peleas desde el Luna Park, soñaba en poder hacerlo algún día y esos días llegaron.

Estuve al lado de grandes maestros de la profesión y conocí personalidades y personajes de la vida pública argentina. Todo eso lo pude hacer derrochando aquella voz, la que hoy ya no tengo.

Ahora trato de expresarme en estas líneas. Lo hago con la misma pasión y honestidad que me llevaron a abrazar esta actividad.

Mis comienzos fueron escribiendo y la redacción del diario, me marcó un camino de respeto por los protagonistas y el público.

No niego que cuando participo de una reunión, me duele no poder manifestarme en una discusión, estando o no de acuerdo con lo debatido, y eso me cuesta una enormidad.

Me lleva muchas veces a encontrarme ciertamente desolado, pero recapacito y me digo a mi mismo: «no podes entregarte buscale la vuelta, tenes que hacer ver de alguna forma tú opinión».

Y así lo hago, escribiendo para aquellos que me quieran seguir, estando o no de acuerdo con lo que narro. Ya un año sin mí voz, pero siempre con ganas de llegar a la gente

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