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A las restricciones que sufren los exportadores e importadores como parte de la política oficial en la materia, se le suma ahora un conflicto entre dos sindicatos portuarios que mantiene todas las terminales de Buenos Aires inactivas desde anteayer, por tiempo indeterminado, y frena el 90% del comercio exterior argentino de contenedores.

El enfrentamiento se da entre el Sindicato Unidos Portuarios Argentinos (SUPA), que agrupa a los estibadores, y el Sindicato de Guincheros y Maquinistas de Grúas Móviles. Ambos reclaman para sí el encuadre gremial de los operarios de las grúas que mueven los contenedores en las cinco terminales del puerto de Buenos Aires.

El viernes, a última hora, el Ministerio de Trabajo firmó una resolución que inclinó la balanza a favor de los Guincheros, lo que desencadenó la reacción del SUPA, que además perdió su convenio colectivo de trabajo en los 90, y cuyo titular -Juan Corvalán- está peleado con Hugo Moyano, jefe de la CGT.

Si bien el SUPA está dentro de la CGT, se desafilió de la Federación Marítima, Portuaria y de la Industria Naval (Fempinra, que engloba a 16 sindicatos) por la interna con Guincheros. La Fempinra tiene la venia de Moyano, que ya no le dirige la palabra a Corvalán, y que avanza en el puerto de Buenos Aires con el cobro de US$ 14 más IVA por contenedor que cobra Ivetra, el Instituto Verificador del Transporte, en un predio administrado por la Federación de Camioneros y las concesionarias portuarias Bactssa y TRP.

Al enterarse de la decisión de Trabajo, el SUPA se levantó de la mesa, y en una asamblea decidió el paro total. El Ministerio dictó la conciliación obligatoria, pero los estibadores no la acataron.

«Nos quieren borrar del puerto, y no lo vamos a permitir», indicó Corvalán a LA NACION. En el SUPA están afiliados unos 700 estibadores. Si paran, detienen la cadena logística, para atrás y para adelante: desde la carga y descarga de contenedores en los barcos hasta el consolidado y desconsolidado de mercadería de exportación e importación en tierra.

Un barco de la francesa CMA-CGM, que estaba atracado en Bactssa (terminal 5), abandonó el puerto de Buenos Aires cuando le faltaban 17 horas para completar la descarga de contenedores de importación. Los que no lograron bajar, se dejarán en Montevideo. En tanto, la carga de exportación deberá esperar un nuevo barco y rogar que haya lugar en la bodega.

«Es vergonzoso ver la inacción oficial, que desatiende por completo el comercio exterior», señaló una fuente de Marítima Heinlein, que representa a la línea taiwanesa Evergreen, la que más mercadería transporta desde China al país. Un barco de este armador espera fondeado en zona común la resolución del conflicto para ingresar en el puerto. Trae mercadería de Asia y debe levantar contenedores de exportación, entre los que hay alimentos perecederos, para luego hacer escala en Santos, Brasil.

En tanto, un barco de PIL, de Singapur, decidió no especular y se salteó su escala fija en Buenos Aires. «No levantamos 130 TEU [contenedor de 20 pies] y hay 162 TEU de importación que dejaremos en Montevideo», explicó una fuente de la agencia representante de PIL, Shipping Services.

Buques con dificultades

En total son 17 los buques con dificultades operativas y millonarias ya las pérdidas para el comercio exterior. Antes de esta huelga, el SUPA ya se desempeñaba a reglamento en reclamo de un alza salarial (un operador de grúa gana entre $ 6000 y 7500), como el resto de los sindicatos portuarios, y sus trabajadores movilizaban 6 contenedores por hora cuando el promedio normal es de 30. «Es desastroso ver el daño que se le hace al país cuando frenan por completo el comercio exterior, por una pelea entre sindicatos. Encima no acatan la conciliación obligatoria, y desconocen por completo al Ministerio de Trabajo», señaló una fuente de la naviera suiza Mediterranean Shipping Co. (MSC) que tiene dos barcos demorados en el puerto, desde que empezó el trabajo a reglamento.

El costo operativo diario de cada barco promedio ronda los US$ 40.000. Si bien puede aducir «fuerza mayor» por no bajar o subir la carga, el armador no está liberado de posibles demandas de importadores y exportadores que, a su vez, no podrán cumplir los contratos con sus clientes.

«Toda una cadena se perjudica con una pelea entre sindicatos. Los importadores no reciben a tiempo su mercadería, los exportadores no pueden embarcar y ambos deben seguir pagando los costos de almacenaje. Las líneas pierden sus ventanas de escala en otros puertos por las demoras en Buenos Aires, entran en conflicto con clientes de terceros países y enfrentan extracostos en plena crisis», explicó Javier Dulce, presidente del Centro de Navegación, que agrupa a las marítimas extranjeras que operan en el país.

erminales Río de la Plata (TRP, concesionaria de los sitios de atraque 1, 2 y 3 del puerto de Buenos Aires) es la más complicada por el conflicto. Allí, trabajadores del SUPA trabajan en las grúas donde deberían estar los del gremio de Guincheros, según señalan fuentes de TRP.

«Hablamos directamente con Tomada [Carlos, ministro de Trabajo], porque Corvalán está loco. No entiendo cómo no le quitan la personería jurídica y terminan de una vez con esta interna sindical que lleva más de 10 años», señaló un ejecutivo de una de las terminales afectadas.

«El martes el paro va a ser nacional», aseguró Corvalán, luego del acuerdo que logró ayer con delegados de la Federación de Estibadores Portuarios Argentinos (FEPA), que agrupa a 80.000 trabajadores distribuidos en 62 puertos del país.

Consecuencias

  • Pérdidas. El conflicto lleva 25 días de operación perdidos, lo que implica un costo de 1.250.000 dólares.
  • Interrupción. Seis buques interrumpieron su escala, dejando mercadería por US$ 36 millones.
  • En suspenso. Tres buques decidieron suspender la escala que tenían programada y dejaron de operar 2700 contenedores con mercaderías por US$ 82 millones.
  • Rutas cortadas. La pelea sindical interrumpe las rutas comerciales de las principales líneas marítimas del mundo: Maersk, MSC, CMA-CGM, Evergreen, MOL, NYK, PIL, Hamburg Süd, Grimaldi y Maruba, entre otros.
  • Montevideo. Toda la operatoria de buques feeders (cabotaje en Montevideo y puertos del interior) está suspendida. (LA NACIÓN)