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¿Sirve poner un tope horario a los boliches para reducir el consumo de alcohol y los episodios de violencia entre los jóvenes?. La respuesta a este interrogante divide opiniones entre especialistas, bolicheros, padres y chicos. Y volvió a convertirse en el eje de un debate esta semana, después de que desde el gobierno provincial se reconociera que es una de las medidas que se estudian para frenar los episodios nocturnos de descontrol.

El tema volvió a instalarse en el marco de un encuentro realizado esta semana entre el gobernador Daniel Scioli y un grupo de intendentes bonaerenses que analizaron la posibilidad de volver a poner topes horarios a los boliches en territorio provincial. Como se recordará, una medida similar había sido tomada en 1996 por el entonces gobernador Eduardo Duhalde y derogada en el año 2.000 por su sucesor en el cargo, Carlos Ruckauf, después de comprobar, a través de un relevamiento, que el 85% de los boliches no cumplía con el horario impuesto, que fallaban los controles y que los jóvenes de Provincia continuaban la noche en capital federal, donde no había restricciones horarias.

A partir de entonces, la ley 12.588, del año 2001, facultó a los municipios a establecer topes y 40 de los 134 distritos bonaerenses lo hacen aún en la actualidad con diferentes resultados: muchos enfrentan el problema de que sus habitantes, cuando cierran los boliches siguen la noche en localidades vecinas, donde no hay topes.

El consumo de alcohol y drogas y la violencia nocturna -así como también el desempeño de los patovicas- están en el centro de la escena sobre todo después de que una serie de hechos trágicos ocurridos en las últimas semanas que los devolvieron al centro del debate. Entre los más graves se cuenta el ocurrido en Berisso el 9 de agosto, cuando Juan Maldonado, de 24 años, falleció presuntamente alcanzado por las balas de los custodios de un boliche. A ese episodio se sumaron otros ocurridos en Zárate y Junín. Según datos oficiales, más de mil jóvenes fallecen al año como consecuencia del consumo de alcohol, por peleas o accidentes.

Si bien la preocupación por el problema es compartida, no pasa lo mismo con las posibles medidas para resolverlo. Puntualmente, el límite horario a las discos es una de las que genera polémicas más duras.

Entre los que más la cuestionan se cuentan los bolicheros, que consideran que avanza sobre el derecho a trabajar libremente y que les acarrea perjuicios económicos. Según los datos manejados por La Asociación de Empresarios de Confiterías Bailables de la provincia de Buenos Aires, la medida dispuesta por Duhalde en 1996 llevó a la quiebra a unos 100 boliches y a pesar de eso no tuvo éxito en sus objetivos.

Para Mauro Battistessa, del boliche platense Qúo, «a nosotros el límite horario nos perjudica, porque nos quita la posibilidad de trabajar más tiempo. Hoy hay distintos horarios para públicos diferentes y esto tiene que ver con hábitos muy arraigados y no con una decisión de los bolicheros. Nosotros hacemos miles de cosas para tenerlos más temprano, pero no dan resultado».

Battistessa duda que la restricción horaria resuelva problemas como el consumo de alcohol y la violencia nocturna: «cuando se aplicó fue contraproducente, porque los pibes que estaban seguros en el boliche de repente quedaban en la calle en plena madrugada. Yo no sé cuál sería la solución, pero si la idea es moderar el consumo de alcohol, eso pasa más por la previa que por los boliches. Y la previa tiene que ver con una cuestión económica. El joven siempre va a preferir estar en un lugar donde hay música, donde puede socializar. Si se queda tomando en la casa es porque le sale más barato».

Las opiniones son distintas entre los padres y aún entre algunos jóvenes. Consultados recientemente por este diario, fueron algunos de ellos los que hicieron hincapié en la necesidad de que hubiera más controles a la noche. Y hubo quienes destacaron especialmente la necesidad de adelantar el horario de los boliches. Por caso, Matías Basukevich, de 20 años, consideró que la manera más eficaz de reducir el consumo de alcohol sería «fomentar que los boliches abran más temprano, porque sino se arma una cadena difícil de cortar».

Para el sociólogo Enrique Fernández Conti, docente de la UNLP y miembro del Colegio de Sociólogos de La Plata, «la medida de ponerle un tope horario a la noche no ataca el problema central. Para saber si resultaría eficaz habría que hacer estudios antes, que lo demuestren, porque: ¿qué me prueba que poniendo un horario de cierre a los boliches el consumo de alcohol va a ser menor?. ¿Quién me asegura que la previa no se va a adelantar y con ella toda la cadena?.

Fernández Conti destacó, en tal sentido, las diferencias registradas en el verano entre Villa Gessell y Carlos Paz, derivadas no de una diferencia de horarios, sino de un control más efectivo en el consumo y venta de alcohol a menores.

Pero sobre todo, consideró que «poner horario tope a los boliches es, utilizando una metáfora gastronómica, como ocuparse de la guarnición y desatender el plato principal. ¿Y cuál es el plato principal?: esta valoración positiva que se ha instalado entre los jóvenes frente al consumo de alcohol por encima de lo que el organismo puede soportar. Y esto es un tema cultural que no va a cambiar un tope horario.

¿Cómo se cambia, entonces?: Para Fernández Conti, indagando primero en qué comunidades se está presentando el problema y en los sentidos que dan los jóvenes al consumo excesivo de alcohol, para desde allí impulsar cambios culturales de fondo. (EL DÍA)