Locales

CASO MARCENAC: Para el perito de la defensa, “Martín Ríos no distingue entre jugar a PlayStation y matar gente»

Sharing is caring!

marcenac-juicio_tirador_470p240609

Así describió al “tirador serial de Belgrano” Mariano Castex durante el juicio oral. En tanto, seis de los psiquiatras oficiales coincidieron en que el joven que mató a Alfredo Marcenac e hirió a otras seis personas es un esquizofrénico «peligrosísimo».

Seis de los psiquiatras oficiales que evaluaron a Martín Ríos coincidieron hoy en que el denominado «tirador serial de Belgrano» es un esquizofrénico «peligrosísimo» y el de su defensa graficó que no distingue entre jugar con una PlayStation y asesinar.

«No distingue entre estar jugando con una PlayStation tirándole a los pajaritos y estar en la calle matando gente», explicó durante el juicio oral por el caso el perito de la defensa, el psiquiatra forense Mariano Castex.

Como lo fue a lo largo del juicio, la salud mental de Ríos fue el eje de la sexta y última jornada del debate ante el Tribunal Oral en lo Criminal (TOC) 12 porteño, que con las declaraciones de hoy dio por cerrada la etapa de pruebas y pasó a un cuarto intermedio hasta el próximo lunes que será el día de los alegatos.

Los primeros en declarar fueron los dos peritos que examinaron a Ríos el 17 de julio de 2006, a dos días de su detención en Munro, y concluyeron que estaba apto para una indagatoria frente a la jueza de instrucción de la causa por el crimen de Alfredo Marcenac (18), María Fontbona de Pombo.

El médico Ricardo Risso y la psicóloga Norma Miotto explicaron hoy que esa primera entrevista fue una primera impresión pero «no un diagnóstico» y que le informaron a la jueza que había que examinar al imputado a fondo.

Risso comentó que notó en Ríos ciertos rasgos de «autismo», pero no esquizofrenia, y también actitudes defensivas, que estaba «perseguido» porque miraba continuamente si venía alguien y que le llamó la atención la contestación que le dio cuando le preguntó por qué llevaba un arma.

«Me dijo que debía ser por error, que en el momento de buscar las cosas se debe haber confundido porque cuando viajaba en auto solía llevar un jueguito electrónico tipo PlayStation y cuando le pregunté si se podía confundir entre un arma y un jueguito, se mostró sorprendido», recordó.

Miotto, quien también participó de la primera junta médica del Cuerpo Médico Forense que evaluó a Ríos en 2006, fue quien luego explicó ante los jueces Ana Dieta de Herrero, Carlos Bruno y Alfredo Rizzo Romano, que al estudiarlo a fondo en los estudios posteriores vio claramente la patología esquizofrénica.

«Desde su infancia tenía el movimiento de rocking -mecerse de adelante hacia atrás-, tuvo enuresis -orinarse en la cama- hasta los 15 años, conductas improductivas durante toda su vida, tardó 12 años en hacer el secundario, nunca trabajó y tuvo su primer brote a los 15 años con las drogas», señaló Miotto.

Los otros dos peritos oficiales que declararon junto a Miotto, María Cristina Zazi y Guillermo Hardie, coincidieron en que la esquizofrenia es una enfermedad «evolutiva». Explicaron que por ese motivo los diagnósticos que tuvo Ríos en 1997, a los 18 años, por sus internaciones por la dependencia a las drogas fueron cambiantes, primero un trastorno antisocial y luego un trastorno esquizoide.

«La esquizofrenia es una enfermedad que se ve mejor desde el final y no desde el principio», explicó Hardie citando a autores clásicos de la psiquiatría. A la hora de agregar otros indicadores de la patología de Ríos, Zazi mencionó sus «conductas bizarras».

«Dormía con un cuchillo debajo del colchón, tenía rituales de limpieza, defecaba en la bañadera y orinaba y guardaba su materia fecal en botellas de plástico para, según refería, proteger la casa», dijo Zazi.

Hardie también afirmó que en el «modus operandi» de Ríos vinculado a cuatro hechos que le imputan -el crimen de Marcenac en avenida Cabildo y los ataques a balazos a un colectivo, una confitería y un tren-, son típicos de un psicótico.

«Su accionar es intempestivo, sin planificación, sin elección de la víctima, con una motivación fuera de toda lógica, tampoco hay un resguardo ya que se retiraba dando la cara, sin ocultarse y sin recolectar las vainas que lo terminaron incriminando», sostuvo el psiquiatra.

Cuando el defensor de Ríos, Angel Ramallo, les preguntó por qué recomendaron una internación en la Unidad 20 del Hospital Borda y no un tratamiento ambulatorio, todos lo peritos concluyeron que el imputado era de «altísima peligrosidad». «No venía de robar un paquete de cigarrillos.

Había indicadores francos de que pasa al acto, al desborde masivo. No es un paciente que fuera de una contención pueda manejarse sin riesgos para terceros», dijo Miotto. Y agregó: «No podemos poner en la calle a un paciente con esta historia porque lo más probable es que no siga el tratamiento y vuelva a actuar».

La segunda junta médica del Cuerpo Médico Forense, conformada por los peritos oficiales Juan Badaracco, Javier Cabello y Jorge Kiff, también le dijo hoy al TOC 12 que en 2007 llegó a las mismas conclusiones que sus colegas, es decir, que Ríos padece una esquizofrenia y debería ser declarado inimputable. «Ríos no se encuentra dentro de la normalidad jurídica por sufrir una enfermedad mental.

Hemos examinado todas y cada una de las actuaciones de la causa y consideramos que el momento de los hechos no ha podido comprender la realidad, ni dirigir sus acciones», dijo Badaracco. Cabello también afirmó que «la esquizofrenia es un proceso en marcha, evolutivo, que deja una cicatriz y por lo tanto puede maquillarse, pero queda para toda la vida».

Por su parte, Kiss concluyó: «La esquizofrenia es una tragedia, al igual que sus consecuencias, que son la razón por las que hoy estamos acá convocados», y en cuanto a la motivación por la que actuó Ríos, dijo que «es inútil buscarla porque está en la imaginación de la persona».