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POLÍTICA: A partir de hoy sería bueno que haya más propuestas y menos agravios

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Por Emilio Marín

A las 24 horas del sábado se acabaron las especulaciones. Los nombres y apellidos de los diversos candidatos, ordenados, quedaron en la justicia electoral. Ahora, ya en campaña, es deseable que haya más propuestas.

El kirchnerismo logró una primera victoria propagandística sobre las dos coaliciones de la derecha. Al mantener hasta el filo de la noche la duda sobre la candidatura de Néstor Kirchner en territorio bonaerense, logró captar la mayor parte de la expectativa mediática.

Se dirá que esas maniobras son de poca monta. Y efectivamente lo son. Pero las tapas de los diarios del domingo se cotizan mucho en esta lid electoral. Y se disputan como si valieran mucho dinero y muchos votos.

Otro aspecto mucho más de fondo, que venía consumado de antes, también favorece al oficialismo. Es el hecho de que la oposición no pudo sobreponerse a sus divisiones estructurales y terminó partiéndose en dos grandes ligas. Una está liderada por la matrona de la Coalición Cívica, que subordinó al viejo radicalismo. Y la otra tiene por caras visibles a Gabriela Michetti en Capital y a Francisco de Narváez y Felipe Solá en Buenos Aires, pero detrás de esas figuras no se disimula la jefatura política de Mauricio Macri.

Esa división en dos quizás podrá reportar a la oposición alguna ventaja. Es que recogiendo en dos canastas podría terminar con algún legislador de más que si hubiera unificado la oferta. Pero esa ventaja táctica se diluye frente a todo lo que hubiera ganado de haber sido capaz de unirse en una lista.

Es que una hipotética unidad habría mostrado en las pizarras un resultado consistente como para decir en la noche del 28 de junio que ganaron nítidamente sobre el kirchnerismo. Una presunta victoria de esa índole podría haber pavimentado para Macri y Carrió el camino hacia 2011. Pero su mezquindad y falta de olfato político, sumadas a las diferencias objetivas y difíciles de superar, hicieron el resto. El vocero de la Sociedad Rural, «Gaceta Ganadera», se quedó sola predicando en la pampa sojera sobre las bondades de esa unificación contra el enemigo central kirchnerista. No tuvo éxito. Se consuela pensando en repetir la campaña de prensa de cara a un eventual ballottage en las presidenciales de 2011, cuando sí o sí la derecha variopinta tendrá más razones para unirse.

No obstante, se puede descontar que los opositores intentarán presentar los resultados de estas legislativas como una victoria suya. Para ello tienen dos recursos: comparar el caudal kirchnerista del 46 por ciento obtenido por Cristina Fernández en 2007 y cotejar con una supuesta baja en 2009; y sumar todas las boletas opositoras frente a la solitaria del Frente para la Victoria.

Ese último método no será válido pues si hubo varias opciones opositoras fue porque no tuvieron coherencia suficiente, al punto de correr por separado. Ni siquiera hasta ahora han acordado un mismo programa, como lo sugería ese matutino conservador, para luego apelar a la sumatoria de peras y manzanas, y presentarlas a todas como de la misma cosecha.

Confirmando que la crisis política posterior a 2001 continúa bajo nuevas formas, el espectáculo del armado de las listas, sin debate de programa, pintó la decadencia de la llamada «clase política». No se les cayó ninguna idea.

Reciclaje, mediocridad y oportunismo

Las boletas opositoras están plagadas de candidatos impresentables o al menos altamente cuestionables, que de todas formas quedaron instalados como si fueran políticos honorables. El electorado dirá su última palabra.

Ese déficit podría haber sido mayor si a último momento no hubieran sido bajados varios notorios duhaldistas de la lista de Unión PRO en Buenos Aires. Uno de los sobrevivientes del lavado de cara fue Alfredo Atanasoff, que ahora se reporta a De Narváez. Brown, Sarghini y Mércuri debieron salir del foco de luz que los inundaba, aunque ninguno se irá a su casa.

Atanasoff fue el jefe de Gabinete de Eduardo Duhalde y el organizador de la emboscada policíaca contra los movimientos piqueteros en Puente Pueyrredón. Darío Santillán y Maximiliano Kosteki murieron el 26 de junio de 2002 en la estación Avellaneda, baleados a mansalva por la «mejor maldita policía del mundo». Atanasoff, como su jefe Duhalde y el entonces gobernador Solá, pudo zafar porque no hubo juicio contra los responsables políticos de esa represión; apenas una condena a dos policías que tiraron del gatillo. Los que dieron las órdenes siguieron en carrera política.

Otros macristas en la Capital tampoco resisten el archivo. En los primeros lugares está ubicado Daniel Amoroso, diputado y mandamás del sindicato de juegos de azar. No hace falta aclarar de qué lado estuvo este sindicalista durante el prolongado conflicto de los empleados del Casino de Puerto Madero. Obviamente en contra de ellos y a favor del empresario Cristóbal López, al que Carrió y varios medios han denunciado como financista del kirchnerismo pues tiene 19 concesiones entre casinos y tragamonedas. Amoroso fue amoroso con López, siguiendo la habitual conducta de la burocracia retratada magistralmente en 1973 por Raymundo Gleyzer en «Los traidores». Si esta es la nueva política del jefe de gobierno porteño y sus aliados bonaerenses…

Por cierto que los pliegos kirchneristas en distritos importantes también están penetradas por personajes mediocres y reciclados. El mayor exponente es Daniel Scioli, un personaje que ha logrado no sólo el segundo lugar de la lista por pedido de Kirchner sino incluso poner parte de la agenda, como la baja de la edad de imputabilidad de los menores.

El gobernador debe estar elaborando el duelo por el anuncio de la partida en julio de su amigo Earl Wayne, quien será reemplazado en la embajada estadounidense por una abogada de origen hispano.

Los kirchneristas hasta habían tentado a Andrea del Boca, de cuya hija era padrino el bueno de Bernardo Neustadt. Por lo menos Nacha Guevara es mejor artista y cantante, y tiene algunos pergaminos culturales. Estos últimos no son los atributos de la «Tigresa» Acuña, que va como concejal en Tres de Febrero. La farandulización de la política llegó para quedarse. Los principales partidos hubieran matado por tener en sus boletas al reaparecido Marcelo Tinelli, porque su refritada mersada televisiva volvió a medir 40 puntos de rating.

Temas necesarios

La campaña había comenzado mucho antes del cierre de listas y viene teniendo buen nivel alguien que no es candidata directa: la presidenta de la Nación.

Ya se comentó aquí que a diferencia del escenario catastrofista pintado por su marido, Cristina Fernández pegó a la oposición donde más le duele, al denunciar que quiere ganar mayoría parlamentaria para hacer lo que hizo antes: recortar 13 por ciento salarios y jubilaciones, privatizar, etcétera.

La mandataria volvió a poner el debate en un nivel donde Carrió y De Narváez están en falta, al insistir en que no se trata de comparar buenos discursos sino de los hechos que cada sector haya aportado. Les reprochó que no discutan propuestas sino el tamaño de sus carteras o el color de sus cabellos.

Coherente con ese punto de vista, la jefa de Estado fue a Paraná a inaugurar una central térmica y una fábrica de envases plásticos. El energúmeno sojero de Gualeguaychú, que declinó ser candidato en estas elecciones, invadió la pista de aterrizaje del avión presidencial y se ganó la promoción de una denuncia penal en su contra. Si tenía tantas ganas de intervenir en política, ¿por qué no aceptó alguna candidatura y se sometió al veredicto del soberano?

Los viajes e inauguraciones de Cristina son también obviamente parte de la campaña oficialista y tienen mayor importancia que las diez entrevistas que ha pactado el equipo de prensa de Kirchner con diferentes medios luego del debut con Telefé.

A propósito, haber comenzado la ronda por el canal de Telefónica de España trasunta la buena onda del gobierno con esa multinacional, a la que le abrió las compuertas del «triple play» (voz, TV por cable e internet) en el proyecto de ley de comunicación audiovisual.

En vez de cuestionar ese aspecto, la derecha más cerril se burla del ex presidente presentándolo como «artista exclusivo de Telefé».

El escenario social sigue mostrando numerosos reclamos de trabajadores, caso de la movilización de los bancarios, ATE y otros gremios en la Capital y las provincias. Este movimiento pega de flanco sobre el gobierno, que no hace concesiones de importancia a sus agentes. De ese modo, deja un caldo de cultivo para que los operadores de De Narváez, como Luis Barrionuevo, traten de embarrar la cancha como lo hicieron días atrás, con enfrentamientos callejeros.

El peligro de que la gripe porcina prospere en Argentina, con un caso confirmado y otros 55 bajo estudio, también debería concentrar la atención de todas las neuronas y recursos económicos. Sin embargo, bajo el peso de la competencia electoral y por la oposición de los intereses de laboratorios privados y de sindicalistas acostumbrados a cobrar el retorno del diez por ciento, la ministra de Salud parece próxima a tirar la toalla.

Si así fuera, Carrió, Macri y De Narváez, pero sobre todo la primera, habrán ganado una partida previa al 28, en tanto a Hugo Moyano se le caerá un lagrimón de cocodrilo. (LA ARENA)