OPINIÓN: Una huella que quedara por siempre

Por Miguel Abálsamo

“Hijo… no debes tenerle miedo a nada…” le dijo su madre a  ese niño  a quien el tiempo y sus acciones lo convertirían en leyenda, cuando el agua arreciaba y el rancho se inundaba.

Aquel hijo vivía en una extrema pobreza, trabajando desde muy pequeño  comiendo salteado, o repartiendo lo escaso entre los suyos.

El que conoció la milanesa a los trece años, pero la solidaridad y dar lo que a uno le falta, desde que nació.

Aquel hijo guardo en su corazón y mente eso de “no temerle a nada”…

Sería imposible describir, y no podría, en unas líneas toda una vida de la persona más importante e influyente que ha dado la vida necochense.

Podría ser la editorial más extensa y creo que no hace falta, también rodearla de frases floridas con contenido intelectual, tampoco hace falta.

Es difícil desunir su estatura gremial, política y profundamente peronista, con el afecto y admiración que siempre le tuve (tal vez herencia que mi padre me dejo).

“Vengo a conocer a una leyenda del sindicalismo argentino”, manifestó el Embajador de los Estados Unidos cuando lo visitó en su UATRE compartiendo un asado bien argentino, nacional y popular.

Murió el hombre que desde España junto al actual mandatario y el Rey, se daba tiempo para responder el pedido de un amigo barrial de su ciudad.

Murió el hombre que en el medio de su enfermedad siguió militando día a día, porque trabajar era su vida.

El hombre que supo ganarse la admiración de presidentes argentinos, el respeto de adversarios, colocando primero la patria después el movimiento y por último los hombres.

Quien también, como los grandes lideres tuvo sus desencuentros y enemigos, hasta soportando la cárcel en tiempos duros para él, plenos de efervescencia “kirchnerista”.

El destino quiso que en los últimos años el golpe de la muerte encuentre a tres hombres de mismas ideologías, el ex intendente Domingo Taraborelli, el doctor Gastón Guarracino y Gerónimo Venegas, dolor en la sociedad, piense como se piense.

Venegas, el amigo del PAPA, el hombre que se la jugó por un  cambio en el país, el que nunca le pidió consejos al miedo.

Sobrarán palabras, quedarán recuerdos y también interrogantes sobre el futuro.

Lo que nadie podrá negar es que sólo los grandes hombres dejan huellas.

“Momo” trazo una huella muy profunda, imposible de borrar.

Se fue un amigo de sus amigos, y un prestó ante cualquier necesidad.

Se que no es periodísticamente correcto cerrar una editorial con la palabra agradecimiento, la verdad, permítanme esa incorrección….mi profundo agradecimiento al hombre que siempre estaba-

Como diría Serrat… “sobran palabras para expresar lo que siento…”.

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