DIVAGANDO: Quien pueda ver que vea

Por Silvia Guillot

Peleados hasta lo increíble por un sitio, diciéndose lo indecible, bordeando el límite de la ética y del buen gusto.

Ensayan discursos para explicar lo inexplicable: se unen, reúnen, aúnan, amontonan, “amuchan”. Oximoron a la enésima potencia. Izquierdas derechosas, derechas torcidas, librepensantes  con patrones y patrocinadores…

Nadie está libre.

Dependen. Demasiado.

Es quizá el reflejo de una sociedad que sigue queriendo crecer sin esfuerzo, parir sin dolor, vivir sin actuar, o vivir actuando.

¡Jóvenes! ¡Todo está mal!… ¡Jóvenes! ¡Todo está bien!… ¿Y nosotros, los adultos, qué?

O será que todo debe postergarse, para beneficio de unos pocos, la queja de muchos y la acción transparente de casi nadie.

Sumar, no restar, es ciertamente un buen camino. El problema radica en qué se suma y para qué.

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