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País maravilloso: el campo le da vida a la Vaca Muerta

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Héctor Huergo

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Yo, muy bien, fascinado por la penetración imparable de nuestro discurso de años: el concepto de la Vaca Viva se infiltra por todos lados. Tanto, que el propio ministro de Economía puso la cuestión sobre el tapete la semana pasada, cuando posteó en X, exultante, que mientras todos hablan del potencial exportador de energía y minería, este año los embarques de la agroindustria iban a superar los 42.000 millones de dólares. Faltan muchos años para lograr lo mismo con petróleo y gas, la Vaca Muerta.

Pero no es una u otra. Son las dos, que además dialogan entre sí en un maravilloso y elegante juego de economía circular y valor agregado.

Hay una relación poco visible —pero cada vez más determinante— entre el campo argentino y la industria del gas. No aparece en las estadísticas tradicionales ni en los análisis habituales, pero está ahí, funcionando todos los días: el agro y la petroquímica están mucho más conectados de lo que parece.

El punto de entrada es la urea, el principal fertilizante nitrogenado utilizado en la agricultura, se produce a partir de amoníaco, que también deriva del gas natural. En Bahía Blanca, la planta de Profertil abastece cerca del 60% del mercado argentino, y existe un proyecto para ampliar significativamente su capacidad. La empresa fue adquirida a fines del 2025 por Adecoagro, la empresa pública que cotiza en el Nasdaq bajo el ticker “AGRO”. Es decir, “agro” en Wall Street es la sigla de una empresa argentina.

Como consecuencia de la guerra de Irán, los precios de la urea se fueron a las nubes. Más allá de las consecuencias de esto en la producción agrícola global, el dato que conviene subrayar es que ayer la acción de Adecoagro subió un 8%, superando los 15 dolares. Precio récord desde que hizo su IPO y el doble de lo que valía hace tres meses.

Esto sucedió después que UBS lanzara una recomendación de compra de acciones de AGRO, motorizada por el negocio de la urea, que pasó a ser clave desde la adquisición, también hace tres meses, de la totalidad del paquete accionario de Profértil (junto con ACA, que entró con el 10%). Es la mayor planta de urea de Sudamérica y ya está avanzado el proyecto de duplicación de su capacidad.

Demanda derivada, dicen los que saben: a medida que crece la producción agrícola, crece también la demanda de nutrientes. Gran pegada del management de Adecoagro, que entra por la puerta grande en el negocio de la provisión de insumos tecnológicos. Tiene buenos contratos de compra de gas a mediano plazo, lo que garantiza la rentabilidad de lo que pasará a ser su negocio de mayor facturación. Fenomenal.

Pero también se incrementan las necesidades logísticas. Aquí aparece el.sistema de silo-bolsa. Cada campaña, la Argentina utiliza alrededor de 1,2 millones de bolsas para almacenar granos en el propio campo, en los acopios, en las plantas de procesamiento o en las terminales portuarias. Cada una de esas bolsas, de 9 pies por 60 metros, contiene unos 85 kilos de polietileno. En conjunto, eso implica un consumo del orden de 100.000 toneladas de plástico por año.

El dato sorprende cuando se lo pone en contexto: equivale aproximadamente a una quinta parte del mercado interno total de polietileno. Es decir, uno de los principales usos de este material en la Argentina no está en la industria tradicional ni en el consumo urbano, sino en el almacenamiento de granos. Y este año IPESA, la mayor fabricante de silobolsas del mundo, duplicará su producción. Hoy explica el 20% del polietileno que se elabora en el país, con la ampliación pasará al 35%.

Ese polietileno no es un material cualquiera: se fabrica a partir de etileno, que a su vez proviene del procesamiento del gas natural. Se hace en la planta Mega, que precisamente está pegada a la de Profértil en Bahía Blanca. En otras palabras, una parte relevante del gas que se produce en la Argentina –particularmente en Vaca Muerta– termina transformándose en plástico… que luego vuelve al campo en forma de silo-bolsa.

Así, empieza a verse con claridad una cadena que pocas veces se describe de manera integrada. El gas no solo genera energía o se exporta: también se transforma en insumos clave para el agro. Primero en fertilizantes, que permiten aumentar los rendimientos. Luego en materiales, como el polietileno, que hacen posible almacenar esa producción en condiciones eficientes.

Y el sistema podría escalar. El presidente Javier Milei planteó que la Argentina está en condiciones de duplicar su producción agrícola y pasar de 150 a 300 millones de toneladas. Más allá de los tiempos y las condiciones necesarias para lograrlo, el desafío logístico es evidente. Expandir la capacidad de almacenamiento fijo —silos, plantas de acopio, infraestructura portuaria— requiere inversiones millonarias y plazos largosEl silo-bolsa, en cambio, ofrece una solución flexible, inmediata y de bajo costo relativo.

Por eso, todo indica que seguirá siendo la gran válvula de expansión del sistema. Y eso tiene una consecuencia directa: más producción agrícola implicará también más demanda de polietileno y de fertilizantes. Es decir, más demanda de gas industrializadoel boom del camporural. Cuando exportamos aceite o harina de soja, trigo, maíz, cebada o lo que sea, estamos embarcando gas con valor agregado. La vaca viva resucita a la Vaca Muerta.

Lo que emerge es una lógica distinta de desarrollo. El gas deja de ser solo un recurso energético para convertirse en un insumo estratégico de una cadena de valor más amplia. Una cadena que no termina en la industria, sino que vuelve al campo y se convierte en alimentos y bioenergía.

En la Argentina, el gas se transforma en fertilizantes, los fertilizantes en granos… y los granos vuelven a quedar guardados en gas, convertido en silo-bolsa. Y todo sin salir de casa.

País maravilloso.

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