50 años esquivando el colapso térmico
Un estudio liderado por el IRD e ISGlobal advierte que la «Gran Bucle» ha evitado condiciones críticas por un margen de apenas días o décimas de grado. El estrés térmico en ciudades clave como París o Lyon se ha multiplicado en la última década.
La suerte del campeón no durará siempre
Durante medio siglo, el Tour de Francia ha pedaleado sobre un alambre invisible. Según una investigación publicada en Scientific Reports, la carrera ciclista más prestigiosa del mundo ha sido «extremadamente afortunada» al no coincidir, por cuestiones de azar meteorológico, con los picos más peligrosos de las olas de calor que azotan el país galo cada julio.
El análisis de datos climáticos entre 1974 y 2023 revela una tendencia inquietante: mientras la competición se mantenía a salvo, las ciudades que suele visitar registraban niveles de estrés térmico sin precedentes.
«Es solo cuestión de tiempo que el Tour se enfrente a días de calor extremo que pongan a prueba los protocolos actuales», advierte Ivana Cvijanovic, investigadora del French National Research Institute for Sustainable Development (IRD) y autora principal del estudio.
Radiografía del riesgo: Los nuevos puntos críticos
El estudio, realizado en el marco del proyecto europeo TipESM, identifica una división clara en la geografía del riesgo:
- Focos de alto riesgo: Toulouse, Pau y Burdeos (suroeste), junto a Nimes y Perpiñán (sureste), son las zonas con episodios de calor peligroso más frecuentes.
- La amenaza urbana: París y Lyon han emergido como nuevos puntos críticos. La capital francesa, por ejemplo, ha superado el umbral de riesgo alto cinco veces en julio desde 1974; cuatro de ellas ocurrieron después de 2014.
- El refugio de la montaña: Por ahora, las cimas míticas como el Col du Tourmalet o el Alpe d’Huez se mantienen en niveles de riesgo bajo o moderado, representando los tramos más seguros para la salud de los corredores.
La ciencia tras el esfuerzo: El índice WBGT
Para medir el peligro real, los científicos no solo miran el termómetro convencional, sino el índice WBGT (Wet Bulb Globe Temperature). Este valor es más preciso para el deporte de élite porque combina:
- Temperatura del aire.
- Humedad relativa.
- Radiación solar.
- Velocidad del viento.
El protocolo de la Unión Ciclista Internacional (UCI) marca los 28 °C WBGT como el umbral de riesgo alto. El estudio demuestra que el margen para mantenerse por debajo de esa cifra es cada vez más estrecho, especialmente en las etapas de tarde, ya que el estrés térmico elevado suele persistir hasta el final del día.
Dato clave: La última década es la que acumula el mayor número de episodios de calor extremo en la historia del estudio.
Un desafío para todo el deporte estival
El caso del Tour es solo un síntoma de un problema global. Los investigadores señalan la necesidad urgente de adaptar horarios y recorridos.
Aunque existen protocolos de hidratación y enfriamiento, no hay un estándar universal para todos los deportes, y la respuesta fisiológica de un atleta de élite bajo esfuerzo sostenido ante estas temperaturas sigue siendo un campo con muchas incógnitas.
La conclusión es clara: la planificación de las grandes citas deportivas ya no puede ignorar que el mapa climático de Europa ha cambiado.
