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ECONOMÍA: Alarma financiera

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El 38% de los jóvenes argentinos está en mora con deudas que superan el millón de pesos

La informalidad laboral, la caída de los ingresos y el auge de los créditos no bancarios con tasas usurarias empujan al segmento de hasta 24 años al nivel de morosidad más alto del país, duplicando la media general de los hogares.

La asfixia financiera sobre los hogares argentinos tiene su cara más crítica en las nuevas generaciones. El 38,2% de los jóvenes de hasta 24 años que tomaron deuda se encuentra con sus pagos atrasados.

Se trata de unos 528.000 jóvenes —sobre un total de 1.382.000 deudores en esa franja etaria— que acumulan un saldo impago global de $536.000 millones, lo que representa una deuda promedio de $1.015.000 por persona.

Este fenómeno se explica principalmente por la precariedad del mercado laboral para este segmento. La alta informalidad y los bajos ingresos no solo elevan la probabilidad de incumplimiento, sino que además actúan como una barrera para acceder al sistema financiero tradicional.

Ante esto, los jóvenes recurren a canales de financiamiento no bancarios que, si bien exigen requisitos mínimos, aplican tasas de interés usurarias.

El doble de morosidad que el promedio de las familias

El impacto de la crisis en los menores de 24 años resalta al compararlo con el resto de la población. La mora en este grupo duplica ampliamente la media general de las familias argentinas, que en mayo registró un récord del 15,9%.

La cadena de pagos también muestra un fuerte deterioro en otros tramos de edad, aunque con montos de deuda promedio más elevados:

  • De 25 a 38 años: Registran una morosidad del 33,8% con deudas promedio de $2.100.000.
  • De 39 a 44 años: Presentan un 28,35% de mora y saldos promedio de $3.300.000.
  • De 45 a 54 años: Tienen una mora del 22,8% y un promedio de deuda de $3.700.000.
  • De 55 a 64 años: Registran un 18,4% de atrasos con saldos promedio de $3.400.000.

Menos inflación, pero tasas de interés asfixiantes

Detrás del ahogo financiero generalizado hay un cambio drástico en las condiciones macroeconómicas. La carga total de las deudas en los hogares trepó del 17% de la masa salarial familiar en 2024 al 30% en mayo de este año.

Esta presión se intensificó debido a una fuerte suba de las tasas de interés reales en un contexto de ingresos estancados. Mientras que la inflación anual acumuló un marcado descenso del 121% al 31%, las tasas reales de los préstamos personales se dispararon del 4% en 2024 al 40% en 2026. En la misma línea, el costo de financiamiento con tarjetas de crédito saltó del 21% al 60% real.

Sin alivio en el corto plazo

Frente a esta delicada coyuntura, la respuesta oficial se ha limitado a promover instancias de refinanciación voluntaria entre los bancos y los deudores, sin que el Gobierno evalúe modificar su actual pauta de tasas de interés.

El panorama hacia adelante es complejo. Distintos analistas advierten que la morosidad podría profundizarse en los próximos meses.

De acuerdo con indicadores del sector privado, los picos en la carga financiera familiar suelen trasladarse directamente a la mora con un rezago de siete meses.

Con los salarios estancados y el costo del dinero en niveles récord, la posibilidad de una recuperación rápida de la cadena de pagos luce lejana.

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