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OPINIÓN: Menos Adorni y más urea

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Héctor Huergo (Clarín)

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Seguramente, entretenido con la patética novela de Adorni. Pero también sumergido en el intríngulis de la nueva campaña agrícola. Un verdadero rompecabezas, donde a todo lo que venimos pensando y haciendo, se suman dos preocupaciones: el aumento de los costos y lo que va a hacer el gobierno, distraído en otros menesteres.

El tema del momento es la explosión del precio de la urea, devenido en un insumo crítico en la era de la intensificación. Acabamos de levantar la cosecha de trigo más alta de nuestra historia, con 27 millones de toneladas y un rinde promedio superior a los 40 quintales por hectárea. Una cifra para muchos sorprendente, en un año que muchos tienden a calificar de excepcional.

No fue tanto. Es cierto que hubo rindes excepcionales en la zona núcleo, con abundancia de lotes de más de 80 quintales, destrozando aquellos modelos de moda hace dos décadas que sostenían que en estas pampas el límite estaba en los 50. Pero en muchas zonas típicamente trigueras, como al sur de la ruta 5, fallaron las lluvias y los rindes se derrumbaron. Allí perdimos al menos un millón de toneladas. Así que estamos para más.

Este año se presenta mejor que el año pasado. Las lluvias (en muchos casos excesivas) han recargado los perfiles en todo el mapa agrícola argentino. Desde el NEA, donde ya tienen asegurada media cosecha porque (a diferencia de los cultivos de verano) todo depende del agua acumulada antes de sembrar, y no tanto de las lluvias de primavera.

Y bajando a la zona núcleo, también las condiciones son excepcionales. Pero llegó la guerra del golfo. Y el cierre del estrecho de Ormuz. Consecuencia: estampida del precio de los fertilizantes, en particular el nitrógeno. Por allí pasa más del 30% de la urea que se utiliza en todo el mundo, y mucho del gas que utilizan en distintos países para producirla.

La urea estaba a 500 dólares la tonelada en diciembre, ya había subido a 750 en marzo. Pero en abril, con el cierre del estrecho, dio otro respingo y se arrima a los 1.000 dólares. El trigo también subía, pero por la escalera: tomando la referencia de Chicago, pasaba de 200 a 250 dólares entre enero y abril.

“Los precios tienden a los costos”, es un añoso axioma de los economistas. Es lógico que si los costos aumentan, más temprano que tarde se trasladarán al precio del producto. La razón es la inevitable caída de la producción, porque muchos reducirán el uso de insumos. Es lo que se está sintiendo en la Argentina. Hay mucho ruido en el ambiente, y la percepción generalizada es que se ha deteriorado la relación insumo/producto (I/P).

Pero…siempre hay un pero. La realidad es que por ahora hacen falta más kilos de trigo para pagar una unidad de nitrógeno. Esto se analizó ayer en una presentación de Fertilizar, la organización que impulsa el uso de nutrientes en la agricultura argentina. Sin embargo, los expertos remarcaron que la relación I/P genera un margen todavía interesante para una fertilización adecuada, tanto con nitrógeno (urea) como fósforo. En las redes, muchos productores de punta sostuvieron tesis similares: aunque el fertilizante cueste más, al final del día el aumento de los rindes paga con creces una nutrición adecuada.

La clave, más que nunca, es la eficiencia del uso del fertilizante. Análisis de suelo, aplicación fraccionada, acompañando la evolución del cultivo. La respuesta está en buena medida asegurada por la alta extracción de la última cosecha, tanto por la secuencia trigo/soja como por los buenos rindes del maíz, que se fertilizó bien pero no dejó nada. Más el lavado de las grandes lluvias de otoño.

Dos herramientas nueva de enorme potencial: el uso de drones, cada vez más disponibles, e ideales para las aplicaciones secuenciales ya que desaparecen las pérdidas por pisoteo y son de muy bajo costo operativo. La aparición de nuevos fertilizantes biológicos de aplicación foliar es otra ayuda promisoria. No sustituyen una buena nutrición de base, pero hay respuestas probadas y tienen menos limitaciones que las pulverizaciones de productos químicos (en muchos casos se dejaron de usar por fenómenos de fitotoxicidad).

¿Y qué se puede esperar del gobierno? Ocupados de la macro y con varios frentes de tormenta que atender, la conducción oficial debería volver a la economía real. Un informe de la Bolsa de Comercio de Rosario, hace pocos días, indicaba que la eliminación de las retenciones iba a compensar el presunto déficit fiscal en apenas cuatro años.

Señores: en el caso del trigo y la cebada, la eliminación definitiva de los Derechos de Exportación definen el partido. Ya se bajaron del 9,5 al 7,5%. Si se eliminan, muchos que hoy dudan no solo de fertilizar, sino de sembrar, podrían agregar 3 o 4 millones de toneladas extras en seis meses. Y con otros precios, porque además del rinde hay que sumar la calidad, que es nitrógeno dependiente. La calidad se paga, o la mercadería no aparece.

Para la fina, hay stocks garantizados de urea y fosfatos. Otra historia es la gruesa. Más tarea del gobierno: abaratar el costo de importación, lo que tendría un impacto también para la urea de producción nacional, que no necesita el subsidio de un encarecimiento contra natura. Tiene gas barato por un rato largo.

Argentinos, a las cosas.

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