Los municipios advierten que el sistema está «al límite»
Entre deudas de obras sociales, falta de médicos y un aumento explosivo de la demanda, los distritos del interior enfrentan un déficit millonario. En algunos casos, el gasto en salud ya devora el 40% del presupuesto total.
La situación de los hospitales municipales en la provincia de Buenos Aires ha dejado de ser una luz de alerta para convertirse en una crisis estructural de magnitud inédita.
Los intendentes del interior coinciden en un diagnóstico sombrío: el sistema público está absorbiendo el impacto directo del deterioro económico, recibiendo a miles de pacientes que migran del sector privado mientras los recursos financieros se diluyen frente a la inflación y la caída de la coparticipación.
La crisis no es solo presupuestaria, es de sostenibilidad. La falta de profesionales para cubrir guardias, el encarecimiento de insumos y el retiro de programas nacionales han creado una «tormenta perfecta» que empuja a los efectores municipales a un escenario de fragilidad extrema.
Emergencia en Necochea: Un síntoma regional
El distrito de Necochea institucionalizó esta semana la gravedad del cuadro al declarar la emergencia sanitaria por 180 días.
La medida, aprobada por unanimidad en el Concejo Deliberante, busca agilizar respuestas ante la falta de cobertura médica permanente en las localidades del interior del partido.
El intendente Arturo Rojas fue tajante sobre el desequilibrio financiero: el municipio invierte más de $22.000 millones en salud, pero enfrenta un déficit de $5.900 millones.
«Hay personas que no pueden pagar la prepaga o se quedan sin obra social y terminan en el hospital público», explicó Rojas, remarcando la dificultad adicional de radicar médicos en zonas rurales.
El peso del déficit: Los casos de Balcarce y Trenque Lauquen
En Balcarce, el intendente Esteban Reino graficó la situación como una lucha diaria «con lo que podemos, con todo escarbadiente».
El hospital municipal local es el único efector para 50 mil habitantes, y hoy arrastra un déficit de mil millones de pesos, motorizado en gran parte por las deudas de IOMA y otras obras sociales.
«No hacen auditoría y ni siquiera nos pagan lo que auditan», denunció Reino, advirtiendo que las guardias están «sobrecargadas».
Por su parte, en Trenque Lauquen, el secretario de Hacienda Alfredo Luis Zambiasio proyectó números alarmantes.
Al cierre del primer trimestre, el área de salud ya arrojó un saldo negativo de $1.279 millones. De no mediar cambios en los ingresos, el funcionario estima que el déficit anual del sector rondará los $5.000 millones, un peso que asfixia el resto de las cuentas públicas municipales.
«Hoy el 40% del presupuesto se va en salud» El dato surge de Coronel Rosales, donde el intendente Rodrigo Aristimuño advirtió que el municipio debe absorber especialidades (como dermatología) o estudios (ecografías) que el sector privado o los hospitales nacionales ya no cubren. «Un estudio que afuera cuesta $70.000 es inalcanzable para un trabajador que gana $500.000», sentenció.
Un futuro de incertidumbre
El diagnóstico es transversal a los colores políticos y las geografías:
- Aumento de costos: Los insumos se multiplicaron por seis o siete en poco tiempo.
- Migración de pacientes: El hospital público se convirtió en el refugio de la clase media empobrecida.
- Falla de financiamiento: Deudas de obras sociales y caída de la coparticipación provincial.
La pregunta que resuena en los despachos de los jefes comunales es cuánto tiempo más podrán sostener las prestaciones sin que el sistema colapse definitivamente.
Sin un horizonte de mejora en la actividad económica o una reformulación del flujo de recursos, la salud del interior bonaerense se encamina a un escenario de «medicina de guerra».
