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Se multiplican denuncias por abuso sexual

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Otra «Caja de Pandora», que no está relacionada en este caso con evasiones millonarias en paraísos fiscales, comienza a abrirse por estas horas y está vinculada con el abuso sexual reiterado en el fútbol.

Una serie de denuncias se conocieron en las últimas horas y abarcan desde Australia a Estados Unidos, pasando por Venezuela y Glasgow, incluyendo entre las víctimas de esos abusos no sólo a las damas que practican el deporte más popular del planeta, sino también a los varones.

Por una de esas denuncias, efectuada por dos ex integrantes de la selección nacional femenina australiana, Lisa De Vanna y Rhali Dobson, la federación de ese país se vio obligada hoy a anticipar que iniciará una investigación.

Esta especie de «#Mee Too» del fútbol femenino se inició con declaraciones de ambas ex jugadoras al diario «Sydney Daily Telegraph», que calificó los hechos denunciados como «horribles» y forzó a la federación a prometer «tolerancia cero» para con los responsables.

«Sí, fui víctima de acoso sexual y de bullying», relató De Vanna en diálogo con ese periódico al confesar que llegó a «recibir propuestas sexuales bajo la ducha» cuando inició su carrera.

«Por ese entonces era apenas una niña y no sabía qué hacer, pero hoy decidí contar mi verdad porque a pesar de que aún me avergüenza, siento que llegó la hora de hablar del tema», aseguró la ex futbolista, de 36 años.

«He sido testigo también de situaciones que me provocaron mucha incomodidad», agregó De Vanna, cuyo testimonio fue respaldado por su ex compañera de equipo Elissia Carnavas y por su ex apoderada, Rose Garofano.

También Dobson denunció haber sido víctima de acoso sexual apenas se sumó al seleccionado nacional, lo que obligó a la federación a confirmar la apertura de una investigación interna tras declarar que no estaba al tanto de los hechos denunciados.

Australia, justamente, será sede del Mundial de fútbol femenino en 2023 y la noticia agitó aún más las aguas tras denuncias similares efectuadas por atletas de gimnasia femenina y hockey.

Tampoco la natación escapa a este «fenómeno», pues la federación de ese deporte debió iniciar también una investigación luego que una atleta abandonó el equipo olímpico antes de ponerse en marcha los Juegos de Tokio al afirmar que no podía convivir con «misóginos pervertidos».

Del otro lado del Atlántico, otra denuncia de abuso sexual sacudió a la North American Women’s Football League (NWSL), la Liga de fútbol femenino de Estados Unidos, y derivó en la renuncia del presidente de Washington Spirit, uno de los clubes implicados, en la víspera.

La dimisión de Steve Baldwin se conoció poco después de que el entrenador del club, Richie Burke, fuera despedido tras haber sido acusado de acoso verbal y moral por sus dirigidas.

Burke fue desenmascarado tras una investigación ordenada por la NWSL, que criticó a Baldwin por como se manejó en medio de semejante escándalo.

La renuncia del directivo ocurrió en medio de una semana tumultuosa para la Liga femenina, cuya comisionada, Lisa Baird, también fue muy cuestionada por su gestión frente a las primeras denuncias presentadas por las futbolistas.

La situación obligó a suspender todos los partidos previstos para este fin de semana en la NWSL y llevó a la propia FIFA a confirmar la apertura de una investigación que involucra también a Paul Riley, entrenador de North Carolina Courage que fue despedido el jueves acusado de violencia sexual contra dos jugadoras, cargos que el imputado negó.

Más al sur del Río Bravo, en Venezuela, también estalló un escándalo de similares características tras la denuncia efectuada por Deyna Castellanos, delantera de 22 años que milita en Atlético Madrid.

«Violación y abuso sexual en la selección de Venezuela», tituló Castellanos en las redes sociales en nombre propio y de sus 23 compañeras de equipo en la «Vinotinto» apuntando a una situación que se remonta al año 2008.

El acusado es Kenneth Zseremeta, oriundo de Panamá que trabajó con varias selecciones de Venezuela, incluidas las juveniles, y fue acusado por «asedio y abuso físico, psicológico y sexual» a sus jugadoras, incluidas menores de edad.

«El año pasado, una de nuestras compañeras nos contó que fue abusada sexualmente desde que tenía 14 años por Kenneth Zseremeta. Los abusos continuaron hasta que fue despedido (en 2017, Ndr)», afirma la nota publicada por Castellanos.

Zseremeta no estaba solo cuando cometía esos delitos pues tenía como cómplice a Williams Pino, afirman al reconocer que «para nosotras fue muy duro asimilar esto porque nos sentimos culpables por no haber hecho nada al respecto en su momento».

«Es algo realmente grave que ahora será sancionado», dicen al destacar que «lo revelado por nuestra compañera no nos sorprende porque ese era el ambiente que ‘cultivaba’ nuestro entrenador».

En la carta abierta también se denuncian «abusos psicológicos» hacia aquellas jugadoras que integran la comunidad LGBT por parte del entrenador que después de haber dirigido a la selección femenina de Venezuela también condujo a las selecciones de Panamá y de República Dominicana.

La nota concluye con una apelación a la FIFA para que «actúe a fin de que este sujeto sea excluido de por vida del fútbol femenino».

Pero no sólo las damas son víctimas de abuso sexual en el fútbol. El escocés Glasgow Celtic deberá afrontar una demanda colectiva presentada por un grupo de ex futbolistas que denunciaron también haber sido víctimas de este tipo de prácticas deleznables.

Esta acción judicial colectiva, favorecida por una reforma legislativa efectuada el año pasado, fue presentada por 25 ex jugadores del Celtic Boys Club, sociedad hoy desaparecida que era una filial del famoso club escocés, que afronta ahora la posibilidad de tener que abonar un resarcimiento millonario.

Los damnificados decidieron hacer causa común y presentar una demanda conjunta contra el club luego que en los últimos años ex entrenadores y dirigentes del Celtic Boys Club fueran incriminados y condenados por abuso sexual.

Glasgow Celtic expresó su total solidaridad para con las víctimas, pero negó tener vínculos con esa sociedad más allá de lo que supone la similitud de sus nombres. (ANSA-).