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El presidente de la Generalitat de Cataluña, Carles Puigdemont, debate a puertas cerradas con sus consejeros los pasos a seguir ante la eventual aplicación por parte del gobierno español del Artículo 155, mientras la fiscalía se prepara para acusarlo por «rebelión».

El presidente español, Mariano Rajoy, anunció el pasado sábado medidas para aplicar ese artículo -sería la primera vez-, relacionado con los medios del gobierno del Estado para controlar las actividades de las Comunidades Autónomas: contempla mecanismos excepcionales para obligar a las regiones al «cumplimiento forzoso» de sus deberes.

Por lo tanto, inicia la cuenta regresiva para Puigdemont. Mientras, Madrid repitió hoy -a través de su ministro del Exterior, Alfonso Dastis- que la medida adoptada el sábado «no fue un golpe sino que sigue los dictámenes de la Constitución», el viernes próximo el senado español, controlado por el Partido Popular (PP), dará luz verde a las duras medidas anunciadas por Rajoy. El pueblo independentista anuncia resistencia, con el apoyo de Podemos, a quien Puigdemont se está abriendo en nombre de la «defensa de la democracia».

El «president» está bajo fuertes presiones. Por parte de los independentistas a favor de una fuga hacia adelante y la proclamación de la «República». Y por el ala moderada que le pide salvar el autogobierno convocando rápidamente a elecciones anticipadas para detener, tal vez, el «golpe» español.

Por esta última opción se inclinan los diarios El Periódico y La Vanguardia, que hoy invitaron a Puigdemont a convocar elecciones con titulares en español («Presidente, ponga las urnas») y en catalán («President, posi les urnes»).

Sin embargo, el vocero de la Generalitat, Jordi Turull, sostuvo hoy que esta posibilidad «por ahora no está sobre la mesa». El analista político Enric Hernández sostuvo que «lo peor está por venir».

«El artículo 155 puede desencadenar una revuelta social: desobediencia, arresto de políticos, enfrentamiento civil y, digámoslo, violencia», advirtió.

Subrayó que «ésta es la catástrofe que nos espera si nadie pone el freno» y que «hoy está en las manos del presidente de todos los catalanes evitar el drama» a través de la convocatoria de elecciones. Este lunes el Parlament decidirá cuándo celebrar la sesión que podría proclamar la «República»: podría ser el miércoles o el viernes. O sea, a último momento, cuando el Senado dará vía libre a los poderes casi absolutos de Rajoy en Cataluña. En la esperanza de dar un «golpe de escena».

«Es como si supieras que tu pareja tambalea, de repente la golpeas, y descubres que el otro es tu enemigo», sostuvo Marta, una joven enfermera con moderada simpatía independentista, sentada en la Rambla.

Para muchos catalanes las duras medidas decididas el pasado sábado por el gobierno de Madrid no solo fue un duro golpe a la autonomía de sus instituciones, sino una herida en los afectos. En los diarios de Barcelona se veía hoy la foto del líder de Cataluña en Comu Xavier Domenech, cercano a Podemos, llorando entre las 450 mil personas que se reunieron el sábado en Passeig de Gracia para denunciar el «golpe» de Madrid, junto al presidente Puigdemont.

A las otras manifestaciones oceánicas el pueblo independentista llegaba jubiloso. El sábado, según el diario en catalán El Punt Avui, estaba «absorto, enojado, ofendido, humillado».

Muchos se sintieron tratados por Madrid como «súbditos en una colonia».

«Los rostros tristes de la gente eran la gran novedad respecto a otras manifestaciones», escribió Ara, otro diario en catalán. Nadie esperaba un golpe tan duro por parte del Estado Español, la destitución del Presidente y del gobierno, el Parlamento depuesto, el control sobre la radio, la televisión, las finanzas, los Mossos (la fuerza de seguridad de Cataluña), prácticamente sobre todo. Es «un golpe», sostuvo Puigdemont. «Suspendieron la autonomía, quemaron el estado de derecho», acusó, por su parte, el filósofo Ferran Requejo.

Pero Madrid insiste en que no hubo «ningún golpe, solo la reanudación de la legalidad constitucional».

Por su parte, la prensa catalana lanzó una alarma al afirmar que «Rajoy asesina la democracia, tal como publicó Punt Avui, que en su primera página anunció un «regreso al pasado» franquista. «No renunciaremos a nuestro gobierno legítimo frente al ataque más duro contra las instituciones de este país desde la dictadura de (Francisco) Franco», advirtió el editorial de Ara, que invitó a la «resistencia» en nombre de la «llibertat!». (ANSA).