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Guillermo Vendrell

Por Guillem Vendrell

Apreciado Horacio Castelli

Hoy me pongo a escribir y a ver por donde comienzo, yo te cuento como empezó la historia con Kike Geis aquí.

Durante una Fiesta del Caballo organizada por la asociación de vecinos de mi barrio en la ciudad de Badalona, a 7 km de Barcelona, nos presentaron a mi y a mi esposa, un «compatriota», era Enrique Geis con quien charlamos y le contamos que Hilda González, mi esposa, es la presidenta del Casal Argentino y que yo soy el secretario del mismo. Las cosas que hacemos y le comentamos que justo dos años antes habíamos hecho una fiesta de confraternización argentino uruguaya dentro de las Fiestas Mayores del barrio del Santao Cristo de Badalona y habíamos sido los primero en poner caballos en un festejo del barrio. Al año siguiente la asociación de vecinos organizó en el mismo sitio su primer fiesta del caballo, y en el ligar y momento donde estábamos, era la segunda que organizaban.

Nuestra fiesta había tenido un cordero al asador y un costillar de ternera, actuaciones musicales, campeonato de fultbol sala (7 contra 7), torneo de truco, sorteos y debíamos finalizar montando los caballos para encabezar una comparsa con tambores candomberos uruguayos hasta el polideportivo donde se haría el baile de esa noche.

Enrique nos convidó a pasar un fín de semana y a montar a caballo en Santa Maria de Palautordera, él allí trabaja de profesor de hípica y es el responsable del entrenamiento de los caballos en la Granja Escuela, una especie de colonia de vacaciones donde los niños de ciudad pueden ver que las gallinas tienen plumas, las ovejas lana, que hay otros olores a caca, y que los tomates no salen en lata de una planta.

Nos alojamos en la Masía, una casa tipo casco de estancia al estilo catalán, de un amigo suyo Carlos, que también tiene caballos, y hacía como 10 años no montaba ni cabalgaba tanto tiempo y tan seguido. Cuando me despertó el sábado al salir el sol fui como los dibujos animados, siguiente el aroma, porque las piernas ni el cuerpo respondían. Regresamos al mediodía y volvimos a salir por la tarde, y el domingo por la mañana otra vez. Regresamos encantados de ánimos a casa, pero cargando un cuerpo destrozado.

Mi esposa no montó nunca y no quiso iniciarse tampoco.

Más adelante le comenté que con el Casal Argentino estábamos organizando un festejo del Día de la Tradición con la plantación de un «ombú» y la colocación de una placa recordatoria. Que lo novedoso del caso sería que había conseguido una ayuda para alquilar unos caballos y que yo iría vestido de paisano, y el caballo totalmente vestido con aperos originales típicos y de cuero crudo argentinos que me había ido trayendo desde 1993 y que ya había completado en mi último viaje el 2004.

Él se ofreció a colaborar y estuvo el 9 de noviembre a primera hora allí, con su experiencia, ayudándome a cinchar correctamente, me prestó su lazo para arreglar mejor el flete, lo que no consiguió que yo aprendiera a montar como él y cuando la yegua se asustaba de la bandera y tiraba para atrás, no conseguía hacer que camine hacía adelante.

Ese día comentamos lo hermoso que sería lograr hacer un desfile con muchos paisanos, y gauchos vestidos tradicionalmente y con los caballos con aperos criollos. Cuando llegó el momento de los parlamentos y discursos, después de los bailes y castillos tradicionales de Catalunya, le cedí el micrófono y anunció que trabajaríamos y convocando a todos los interesados a formar parte en ese proyecto.

Ese proyecto sigue paso a paso y se llama Gauchos en Europa, sin prisas pero pisando firme. Pero el entusiasmo de Enrique Oscar Geis Villarreal lo llevó a juntar unas decenas de personas conocidas por él en Santa María de Palautordera y no podía esperar a que fueran todos argentinos y con aperos criollos, ellos ya montaban día sí y día también, pero empezaron a ver como podían hacer actividades al estilo de la nuestra en Badalona.

Viajó en diciembre a Argentina y a su regreso anunció que con la gente de la Granja Escuela debían participar en el desfile de San Antonio Abad (donde se bendicen los animales), y que sería bueno que el grupo que habíamos empezado y nos habíamos conectado por el tema de los Gauchos en Europa nos juntáramos por primera vez para desfilar dentro del grupo ese.

Así lo hicimos junto a 24 jinetes más y un carro que llevó Kike con niños de la Granja.

A los pocos días recibíamos invitaciones para participar en actos de otras asociaciones de otros puntos de España, y en Santa María de Palautordera Kike tenía ya un grupo animoso dispuesto a organizarse. Pero no podían ser Gauchos en Europa, por obvias razones, aunque estuvieran sensibilizados y se sintieran identificados, y como su actividad rondaría alrededor del caballo y su mundo, se planteó que fuera una asociación y que había que ponerle un nombre, los catalanes y españoles que participaron en la fundación plantearon que como el impulsor y líder era Enrique, que eligiera él el nombre.

Preguntó si podía llamar como su pueblo natal: Ramón Santamarina, un pueblicito cercano a Necochea en la provincia de Buenos Aires, y el 19 de abril de 2009 nació la Associació Ramón Santamarina en la población de Palautordera en la comarca del Vallès Occidental de la provincia de Barcelona liderada por este «Santamarinero» que sigue sintiendo la tierra que le dio la vida y la lleva toda en su corazón.

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