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  • LA JUSTICIA Y EL GOLPE DE ESTADO. Declaración de la Asociación Latinoamericana de Jueces del Trabajo  (A.L.J.T.)
  • Honduras-Cuba: kerenskismo político y kerenskismo eclesiástico

    LA JUSTICIA Y EL GOLPE DE ESTADO. Declaración de la Asociación Latinoamericana de Jueces del Trabajo  (A.L.J.T.)

    Material enviado por Luis Raffaghelli

    La Asociación Latinoamericana de Jueces del Trabajo cuya directorio integro ha emitido un pronunciamiento critico sobre el accionar de la suprema Corte de Honduras y condenando el golpe que arrebato la soberanía popular en ese país, agradeciendo su difusión

    La memoria colectiva de los pueblos de Latino América no es compatible con ninguno de los subterfugios y falsos pretextos con los que se pretende validar un acto de fuerza de la más extrema antijuricidad: el golpe de estado.

    El golpe de estado de Honduras ha merecido un total repudio popular, y debe destacarse en esta ocasión el que tal repudio sea acompañado por la comunidad de las naciones.  Pero ha transcurrido un tiempo más que generoso para esperar que el rechazo y la presión aplicada fueran suficientes para revertir el fenómeno y sus efectos.

    El dilema es complejo. La resistencia a la violencia y a la sinrazón de la fuerza, con ser plenamente legítimas, conllevan el riesgo de sangre y luto; y por otro lado –como lo indica la triste experiencia histórica- lo peor que puede llegar a suceder es que el continuado ejercicio de esa violencia acabe siendo admitido como un puro hecho y opaque la conciencia universal relativa a su ejercicio.

    Pareciera que es una verdad incuestionable la de que por fuera del estado democrático de derecho no hay legalidad posible; ni armonía y control recíproco de los poderes del Estado; ni independencia judicial; ni Justicia. Porque en un golpe de estado no hay garantías para los Derechos Humanos, ni para ninguno de los derechos individuales, sociales y políticos.

    Cuando esa verdad contrasta con el aval al golpe de estado por parte del máximo órgano del Poder Judicial de la Nación que lo sufre, estamos ante un acomodamiento intolerable a la razón de la fuerza y a una complicidad con la ilegalidad en su mayor dimensión; así como una declinación de las más esenciales banderas de la independencia de los jueces. Y eso es lo que ha sucedido con el Tribunal Supremo de Honduras, en su conducta de otorgarle justificación a lo injustificable.

    Los jueces no podemos  admitir ni consentir con el silencio  el golpe de estado y esa complicidad de la jerarquía judicial.

    Los debates institucionales sobre el futuro de Honduras son patrimonio de su sociedad. Pero no han de ser posibles sin que sea lograda la privación total de efectos del golpe de estado, la restitución incondicional de las autoridades constitucionales desplazadas, la remoción de las jerarquías militares, judiciales y civiles comprometidas en el mismo y la recreación de las condiciones propias de la democracia, de la república y de la soberanía popular.

    El compromiso de los jueces del trabajo de todos nuestros países con el buen éxito de esta toma de conciencia colectiva es indispensable para recordar y recordarnos qué significa y qué derechos garantiza y tutela la independencia judicial.

    18/08/09.- Fdo: Hugo Cavalcanti Melo Filho (Presidente)-.-María Magdalena Telesca (Secretaria)

    Honduras-Cuba: kerenskismo político y kerenskismo eclesiástico

    Por Armando F. Valladares*

    El kerenskismo político y el kerenskismo eclesiástico forman en este momento, independientemente de las intenciones de sus protagonistas, los dos dientes de una misma tenaza que se esgrime contra la causa de la libertad en Honduras y Cuba, pero también en Venezuela, Bolivia y Ecuador

    América Central y el Caribe viven una de las situaciones más paradójicas de toda su historia: mientras el «kerenskismo político» trata por todos los medios de doblegar a Honduras anticomunista y empujarla al abismo chavista, el «kerenskismo eclesiástico» tiende sus manos a Cuba comunista para perpetuarla en la ciénaga castrista.

    Una importante comisión de eclesiásticos estadounidenses encabezada por el «moderado» cardenal Sean O’Malley, arzobispo de Boston, e integrada por monseñor Thomas Wenski, obispo de Orlando, Florida, monseñor Oscar Cantu, obispo de San Antonio, Texas, el padre Andrew Small, encargado del episcopado estadounidense para las relaciones con la Iglesia latinoamericana y caribeña, y el padre Jonathan Gaspar, acaba de hacer una prolongada visita a la isla-cárcel de Cuba, del 17 al 21 de agosto pp.

    Desde su llegada a la isla-cárcel, los altos prelados cobraron del presidente Obama la promesa que hiciera de «un nuevo comienzo» en las relaciones de los Estados Unidos con Cuba comunista; añadieron que Obama está siendo «muy lento» en cumplir esa promesa de reconciliación con el régimen y le recomendaron «que no desperdicie la oportunidad» de levantar el llamado «embargo» económico estadounidense. No en vano el Granma, órgano oficial del PCC cubano, presentó esas noticias de una manera casi eufórica (cf. Granma, Cuba, Agosto 19, 2009). Al mismo tiempo, la Radio Vaticana, citando como fuente al secretario de la Conferencia de Obispos de Cuba, monseñor Juan de Dios Hernández, resaltó el «clima de amistad y cordialidad» que imperó en el encuentro de los altos prelados con Ricardo Alarcón, presidente del Parlamento comunista, insistiendo en la «gran cordialidad» y «diálogo fraterno» (cf. Radio Vaticana, Agosto 22, 2009, ed. en italiano, www.oecumene.radiovaticana.org) entre los Pastores y el representante de los Lobos.

    Al cardenal O’Malley, quien reveló que viaja a Cuba desde hace 20 años, poco le faltó para ver milagros en las relaciones entre la jerarquía de la Iglesia cubana y los dictadores cubanos, diciendo que existe una «mejoría notable», pero hizo silencio sobre la continuación de la persecución psicológica, política y policialesca contra los fieles católicos abandonados por sus Pastores, y contra la población en general (cf. Associated Press, Agosto 18, 2009).

    Monseñor Wenski, miembro del comité de política internacional de la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos, pidió explícitamente el levantamiento del «embargo» externo estadounidense, sin decir una palabra sobre la causa del problema cubano, que es el implacable «embargo» interno, que ya pasa de medio siglo, contra la población cubana (cf. Associated Press, idem, ibíd.). El alto prelado invocó también la «libertad», no precisamente para los fieles católicos y el pueblo esclavizado, sino para el intercambio entre Cuba y los Estados Unidos, un medio con el cual el régimen cuenta para no sucumbir económicamente. Por fin, monseñor Wenski deseó también que «ambas partes», gobierno estadounidense y régimen comunista, lleguen a un entendimiento y conciliación, y concluyó que para ello sería preciso que «escuchen a sus mejores ángeles» (cf. Granma, idem, ibíd.).

    ¿Quiénes podrán ser los «ángeles» de los tiranos comunistas de Cuba, a los que ingenuamente monseñor Wenski invoca como mediadores-iluminadores, si consideramos que el Papa Pio XI, en su célebre Encíclica «Divini Redemptoris», calificó el comunismo no solamente como «intrínsecamente perverso», sino como «satánico azote»?

    De cualquier manera, estamos en presencia de uno de los más lamentables episodios de colaboración comuno-católica, con rostro eclesiokerenskiano, que, del lado estadounidense, se remonta a los viajes a Cuba de los «conservadores» cardenales Law, de Boston y O’Connor, de Nueva York, con sus respectivas entrevistas con el dictador Castro y sus posteriores declaraciones elogiosas con relación a ese tirano. Todo ello forma parte de una sucesión de hechos que fueron narrados cronológicamente y debidamente documentados en un libro editado por exiliados cubanos, y que ahora alcanza su mayor actualidad (cf., «Dos décadas de progresivo acercamiento comuno-católico en la isla-presidio del Caribe», Cubanos Desterrados, Miami-Nueva York, 1990).

    El kerenskismo eclesiástico simula ignorar la causa del problema cubano, que es el implacable «embargo interno» del régimen comunista contra toda la población cubana, y de esa manera desvía la atención y las críticas hacia uno de los efectos de la instauración del régimen comunista en la isla-cárcel, el llamado «embargo externo». Es la triste escena de Pastores que fortalecen a los lobos y dejan a las ovejas hambrientas e indefensas.

    Así también, el kerenskismo político finge ignorar la raíz del problema hondureño, las reiteradas acciones inconstitucionales del destituido presidente Zelaya para chavizar Honduras, con elecciones populistas al márgen de la Constitución, las leyes y el sistema electoral, que le permitirían perpetuarse en el poder e imponer el llamado «socialismo del siglo XXI», que no es sino un sucedáneo del moribundo régimen castro-comunista.

    El reciente informe de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) de la OEA sobre Honduras, que acaba de visitar ese país, es el más reciente ejemplo de una larga sucesión de parcialidades, marcadas por dos indignantes pesos y medidas que hunden en un desprestigo moral mayor aún a la OEA y a los gobiernos de los países que se prestan a esas maniobras. Si los miembros de la CIDH reconocen al destituido presidente Zelaya como el legítimo presidente, eso es una razón más para analizar con honestidad e imparcialidad no solamente las alegadas violaciones de derechos del actual gobierno, sino sobre todo para señalar la causa del problema, que radica en las actitudes inconstitucionales de Zelaya, el verdadero y gran responsable por la encrucijada en la que se encuentra Honduras, así como de similar manera los dictadores Castro son los mayores responsables por la tragedia de Cuba.

    Escribo este artículo en horas previas al arribo a Honduras de una comisión de cancilleres y en momentos en que la Corte Suprema de Justicia de Honduras ha emitido un importante pronunciamiento, en el que se afirma, entre otros aspectos, que «la aplicación del plan San José solamente se puede hacer si se apega a la legislación nacional»; y se advierte que los juicios incoados por delitos contra la forma de gobierno, traición a la patria, abuso de autoridad y usurpación de funciones deben realizarse, porque, en caso contrario, «sería un auténtico contrasentido que la búsqueda y construcción de acuerdos en un estado de derecho se haga violentando o dejando a un lado la Constitución y las leyes» (cf. El Heraldo, Tegucigalpa, Agosto 22, 2009).

    El kerenskismo político y el kerenskismo eclesiástico forman en este momento, independientemente de las intenciones de sus protagonistas, los dos dientes de una misma tenaza que se esgrime contra la causa de la libertad en Honduras y Cuba, pero también en Venezuela, Bolivia y Ecuador. Inclusive, el llamado «eje del mal» solamente ha conseguido avanzar en América Latina por la complacencia y el apoyo a veces implícito, a veces explícito del «eje kerenskista» o «eje de la moderación» de los Obamas, Insulzas, Arias y Lulas.

    Alexander Fyodorovich Kerensky (1881-1970), un socialista «moderado», ocupó el cargo de último Presidente de Rusia antes de la revolución bolchevique de octubre de 1917, habiendo preparado la toma del poder por parte del comunismo con su política de concesiones y, según algunos historiadores, hasta de traiciones.

    El espectro de Alexander Fyodorovich Kerensky parece haber vuelto a rondar en las Américas, por donde vaga periódicamente desde que se «encarnó» en el presidente chileno Eduardo Frei Montalva, quien pavimentó el camino al comunismo allendista y pasó por ello a la Historia con la merecida marca de «el Kerensky chileno» estampada indeleblemente en su frente. Tuve ocasión de describir un aspecto de ese delicado problema en reciente artículo «Kerenskismo obamista, Honduras y abismo chavista» (cf. Diario Las Américas, Miami, EUA, Julio 24, 2009; El Heraldo de Tegucigalpa, Honduras, Julio 23, 2009; Destaque Internacional, Internet, Julio 21, 2009; texto reproducido y multiplicado en Internet en varios idiomas, inclusive el lituano, con la ayuda de una red de voluntarios, a través de millares de blogs, twitters, facebooks, orkuts y páginas web de más de 30 países, especialmente, del Brasil).

    Pero el espectro de Kerensky merodea en otros importantes gobiernos y cancillerías de las Américas, lo cual, dependiendo de las circunstancias, podrá llegar ser motivo de próximos artículos-denuncia, todos los que sean necesarios, duela a quien duela, aunque invariablemente escritos de una manera respetuosa y documentada. Que la Providencia ayude y fortalezca a los defensores de la libertad en Honduras, en Cuba y en el resto de las Américas, pero, en este momento crucial, especialmente a los hondureños, dándoles el céntuplo del espíritu que dio a David en su desigual lucha contra Goliat.

    *Armando Valladares, ex preso político cubano, fue embajador de Estados Unidos ante la Comisión de Derechos Humanos de la ONU, en Ginebra, durante las administraciones Reagan y Bush. Acaba de recibir en Roma un importante premio de periodismo por sus artículos en favor de la libertad en Cuba y en el mundo entero. E-mail: armandovalladares2006 @ yahoo.es