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idesa

Material enviado por el Lic. Jorge Mancuso

Con el empleo estancado prácticamente la totalidad del ingreso de nuevos trabajadores fue a engrosar el desempleo. Este proceso responde a factores internos más que a la crisis internacional. Por eso, a diferencia de lo que ocurre en el resto del mundo, donde hay síntomas de que lo peor ya pasó, en la Argentina lo peor estaría por venir. La desocupación es la consecuencia de ahuyentar la inversión y poner trabas a la generación de empleos “en blanco”. Esto no se resuelve con los empleos precarios del nuevo plan trabajar, ni haciendo gestos para regresar al FMI, sino con una profunda transformación en la organización del sector público.

2009-08-23 Informe Nacional

El INDEC dio a conocer los indicadores laborales básicos del segundo trimestre del 2009 para los 31 grandes aglomerados urbanos del país. La tasa de participación laboral (es decir, la gente que trabaja o busca trabajo, también denominada población económicamente activa) se mantuvo en el 45,9% de la población total. Esto implica que la oferta de trabajo aumentó sólo en función de la demografía. Por otro lado, el empleo total se mantuvo prácticamente en el mismo nivel que hace un año. Esto significa que casi la totalidad del aumento de la fuerza de trabajo se tradujo en crecimiento del desempleo. La tasa de desocupación pasó del 8% al 8,8% de la PEA.

Las cifras merecen ser tomadas con precaución dadas las manipulaciones que vienen produciéndose en el INDEC (por ejemplo, no se publica desde hace varios semestres la base usuarios de la EPH lo que permitiría hacer un análisis más desagregado y evaluar la consistencia de los datos). Sin perjuicio de ello, resulta interesante resaltar las dinámicas laborales que se dieron entre el 2º trimestre del 2008 y el 2º trimestre del 2009:

  • La población económicamente activa (PEA), es decir, la gente que trabaja o busca trabajo aumentó en 101 mil personas.
  • El empleo total, o sea la gente que tiene trabajo o consiguió uno nuevo –sin distinción sobre la calidad de la ocupación–, aumentó en apenas 5 mil.
  • La diferencia entre lo que aumentó la PEA y el empleo total son los que no pudieron conseguir empleo, es decir, 96 mil nuevos desocupados.

La principal novedad, respecto a lo que venía ocurriendo desde el año 2004, es que prácticamente no hubo creación neta de empleo. Más aun, aunque los datos del INDEC no permiten desagregar la información, hay indicios de que la calidad del empleo se ha deteriorado, como por ejemplo la disminución de los puestos de trabajo registrados reportada por el propio INDEC durante el 1º trimestre del 2009. Es decir, el estancamiento del empleo total se sostuvo gracias a la expansión de empleos precarios que compensó la destrucción de empleos “en blanco”. En este marco, el aumento del desempleo es apenas uno de los síntomas del deterioro en la situación laboral y social.

¿Esta situación es un “piso” que en la segunda mitad del año tenderá a recuperarse emulando el proceso que se insinúa en los países desarrollados? Aunque el cambio de contexto internacional es una buena noticia, en la Argentina el grueso de los problemas se origina en factores domésticos. Entre otros, las distorsiones generadas por las prohibiciones, intervenciones arbitrarias y los controles de precios; la irracionalidad de la estructura impositiva y el derroche del gasto público (que prioriza intereses espurios en desmedro de la inversión social imprescindible para incrementar la productividad económica). Se trata de barreras infranqueables para quien pretende producir, de allí la masiva fuga de capitales drenando ahorro nacional hacia el atesoramiento en dólares.

Las contradicciones en la política laboral agregan factores de desaliento. Por un lado, se ponen todas las traba imaginables a la generación de empleos “en blanco” (incrementos de salarios de convenios del orden del 20% en un marco de productividad estancada, aumentos de impuestos al trabajo, normas laborales cada vez más rígidas, incentivo a la litigiosidad laboral y maximización de la burocracia). Pero, por otro lado, se usan fondos públicos para financiar planes asistenciales destinados a generar empleos precarios como forma de suplir la insuficiente creación de empleos que producen estas normas laborales.

El Estado nacional ha sostenido el superávit estatizando los ahorros previsionales y apropiándose de fondos que corresponden a las provincias y los municipios. Este esquema de financiamiento público no es sostenible. En materia previsional, los impactos más negativos serán percibidos en el mediano y largo plazo, pero las restricciones de las provincias y municipios se hace insostenibles en el corto plazo. De allí que está latente la emisión de cuasi-monedas, lo que pone en evidencia que, más allá de la voracidad del gobierno nacional, el sector público consolidado sigue sufriendo la tradicional insolvencia.