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Por Claudia Bernazza

Por supuesto que lo que voy a escribir está teñido por la inmediatez. Esto recién ocurrió, y nada ha decantado todavía.  Todo lo que aquí se diga es preliminar, válido sólo para provocar el debate.


Lo que no queremos es perder la oportunidad de realizar lecturas iniciales, en caliente. Las primeras lecturas tienen algo de súbito, de primer golpe de vista, que ayuda a construir un pensamiento más sosegado después.

El domingo que pasó, el pueblo dialogó con el Gobierno nacional a través de la herramienta que cada dos años le ofrece la democracia. ¿Qué mensaje salta a la vista? El caudal de votos que recibió el oficialismo valora lo realizado. El voto que había elegido esta propuesta dos años atrás y que buscó otra alternativa el domingo, expresa anhelos y expectativas hacia delante. Busca ser representado, y encuentra otras opciones.

Por supuesto que los medios jugaron su juego. Los poderes económicos también. Pero el pueblo no se equivoca. Se expresa, con los límites binarios que le ofrece la democracia: es por sí o por no, es por este candidato o por este otro. Depende de nosotros hacer las lecturas correctas.

¿Cuáles podrían ser estas primeras lecturas?

Lo que se valora. Lo que falta.

La política llegó para quedarse. Y llegó de la mano de un proyecto político y de referentes decididos a repensar el modelo de desarrollo. A nadie se le ocurrió votar por Clemente o minimizar el poder del sufragio.

La tozudez que ayudó a arrancar en el 2003 y el 2004, la enorme fuerza de voluntad para torcer el rumbo de la dependencia, nos regresó a la política casi sin gimnasia previa. Fue y sigue siendo una política huracanada. Instalados los debates, implementadas las primeras medidas, deben llegar prácticas de gestión eficaces, una mejor concertación económica y una mayor organización institucional y social. Los modelos económicos y sociales necesitan pueblos organizados, y esta es una deuda pendiente. La reorganización del partido justicialista no llegó a avanzar en este sentido. Tampoco los que nos movemos más cómodos en prácticas más abiertas e informales supimos encontrar las claves para la organización de la militancia social y política.

Sabíamos y sabemos que hay una valoración del rumbo y del modelo económico y social que se propone. También sabíamos y comprobamos este domingo que el estilo aleja y que hay una diálogo débil con la militancia y problemas de comunicación con la sociedad. No hablamos de consensos, hablamos de diálogo y comunicación a la manera del peronismo, que quede claro.

Creo que no dimensionamos ese aspecto. Creíamos que la fuerza del proyecto y de las realizaciones iba a estar por encima de estas cuestiones de forma. Fondo y forma son indisolubles, lo sabíamos, lo sabemos, se hizo irrefutable el domingo. El pueblo se hizo oír, con enorme responsabilidad, valorando el proceso que le permite tener voz. Pero como el pueblo se apropió de los avances logrados, ese fue el piso donde se paró para ir por más.

Desde hace unos meses, presentíamos que había un mensaje que no llegaba. Durante el primer Encuentro de la Militancia, realizado en marzo en San Vicente, en la querida quinta del General, y del que participaron cerca de mil compañeros, decíamos: – Bajar línea de la conducción nacional a las bases, repetir encuentros como éste. –  Elaborar mensajes cortos y claros. –   Hacer una campaña sin agresiones. – Generar espacios de diálogo y participación.

Estas reflexiones están volcadas en una relatoría que se difundió profusamente y que estuvo a  disposición de todos (Ver relatoría completa del Encuentro nacional y popular de la Militancia). Fueron hechas por compañeros comprometidos con el proyecto y se siguieron haciendo en los encuentros de Capital Federal  y La Plata, hasta que la campaña se instaló definitivamente y tuvimos que salir a comunicar nuestro mensaje. Entonces nos pusimos la campaña al hombro en cada uno de nuestros territorios.

En estos territorios, los resultados no fueron iguales. Aquí se abre otro abanico de lecturas que excede a estas primeras reflexiones. Se las dejamos a ustedes.

El voto y las pasiones

A pesar de las dificultades, y con enorme convicción, se avanzó en sentar las bases de un modelo pensado en clave nacional. Con mercado interno, con vocación regional, con obra pública, con una mayor distribución de las asignaciones sociales, con riendas firmes a la hora de controlar los indicadores macroeconómicos, Argentina creció y evitó la debacle frente a una crisis internacional por primera vez en su historia.

Pero el pueblo vota a partir de razones atravesadas por emociones. Lo digo como elogio: nuestro voto es pasional, analógico.  Es o no es. Desde una convicción que no se explica, simplemente se expresa.

Como somos latinoamericanos, pasionales y elocuentes, apostamos a triunfos amplios, plenos. Y cuando hay que decir algo, cuando hay enojo, también nos expresamos con contundencia. No creemos que nuestra gente busque equilibrio en las representaciones, institucionalidades prolijas y ciudadanas. El mensaje es otro.

Para colmo, la democracia es casi binaria, como el amor. Los compañeros saben decir por qué no votaron a Néstor Kirchner. No saben decir con la misma claridad por qué votaron a De Narváez. Quizás rechazaron nuestras certezas sin fisuras. Quizás quisieron revelar que el Proyecto Nacional tiene múltiples voces. Sin ninguna duda, los compañeros nos hablaron. Qué lástima que el voto no permite reconocer y enojarse al mismo tiempo, expresar matices.

Como hay poderes al acecho y los mensajes que recibe la población se conciben desde esos poderes, nadie nos va a ayudar a leer. O hacemos las lecturas correctas, o nos espera una larga caminata en el desierto.

Desde los Equipos, propondremos profundizar la formación, el diálogo y la construcción colectiva de la política. Para reconocer lo hecho, valorar el tramo recorrido, aprender de los errores.

Estamos pensando que agosto puede ser un buen mes para provocar encuentros y debates. Quedamos a disposición de los compañeros para organizarlos.

La asamblea está abierta, todas las voces valen. ¿Cuál es tu reflexión?