Sharing is caring!

Semanas atrás, un grupo de empleados del ministerio de Trabajo cruzó las barreras de un country de la zona norte del conurbano bonaerense para realizar inspecciones en las que se intentaba constatar qué grado de irregularidad laboral había entre el numeroso contingente de empleados del servicio doméstico que se desempeña en ese lugar.

Los resultados hablan por sí mismos del panorama que se encontraron allí. Sobre 61 inspecciones domésticas con 61 trabajadoras relevadas, se encontraron con 16 infractores, es decir, casos sobre los que ya se había detectado una irregularidad pero que no habían dado ningún paso para resolverlo.

En los restantes 45 casos, se detectó que había irregularidades en ese vínculo, por los que se les entregó una libreta de trabajo, un paso fundamental para que puedan trabajar dentro de la ley y obtener los beneficios correspondientes. Sobre ese total, 24 debieron pasar además por una revisión médica en un hospital móvil que dispuso el ministerio para ese fin.

Los datos, que fueron difundidos por voceros de la cartera laboral, marcan que en el mapa del trabajo doméstico bonaerense, el escenario sigue estando dominado por la irregularidad y el empleo informal, y que las campañas lanzadas para revertir la situación por ahora tienen poco efecto.

Especialistas en cuestiones laborales del organismo oficial aseguran que se trata de una relación en donde durante décadas reinó la informalidad y que las iniciativas lanzadas para combatir el trabajo «en negro» en este ámbito chocan muchas veces contra resistencias culturales que se despliegan en todos los estratos sociales, sin apenas distinción de clases.

Infractores y beneficios

En una relación laboral tan antigua como la que hay entre los dueños de casa y los empleados del servicio doméstico, los intentos oficiales por lograr la regularización y el «blanqueo» del personal muchas veces chocan contra resistencias culturales y contra el desconocimiento por parte de los patrones de los caminos para estar dentro de la ley y los beneficios que acarrea.

Para los empleados, es decir, para quienes realizan actividades de mucamas, niñeras, cocineras, entre otras y lo hagan para un mismo dador de trabajo como mínimo seis horas semanales, el mayor beneficio radica en la posibilidad de acceder a los beneficios sociales correspondientes como aportes previsionales y acceso a obra social.

Para los empleadores, en tanto, los beneficios pasan por reducir ese pago como gasto en el Impuesto a las Ganancias. Y evitar, además, multas que van desde los mil a los cinco mil pesos.

Sin embargo, destacan desde el ministerio de Trabajo, la iniciativa aún encuentra resistencias.

«Estamos encontrando un porcentaje muy importante de trabajadores sin registrar dentro del universo del empleo doméstico. A través de las encuestas que se realizan entre los municipios, vemos que todavía hay un nivel muy importante de falta de registración», destaca Gastón Guarracino, subsecretario de Trabajo bonaerense.

En ese organismo, explican, no trabajan en este tema con un criterio sancionatorio o represivo, sino de concientización. «Sin embargo -dice Guarracino- cuando detectamos que los empleadores reinciden en la falta y tienen una actitud antisocial sí aplicamos infracciones».

Para las autoridades del ministerio de Trabajo, la irregularidad en la contratación de personal doméstico no es exclusiva de un estrato social, sino que atraviesa todos ellos y en situaciones bastante similares. «Es muy horizontal -destaca Guarracino-, porque además de una cuestión legal, hay, por detrás, un importante componente cultural en este tema». (EL DÍA)