miércoles, junio 12, 2024

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ECONOMÍA: Insumos del agro crecieron más que el dólar

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El diálogo es la estrategia institucionalmente más adecuada frente al conflicto que desató el aumento de las retenciones. Además, es la oportunidad para definir con objetividad la situación que enfrenta el sector agropecuario y la actividad productiva del país en general.

Un punto de partida básico es asumir que la “licuación” de costos que produjo de la devaluación, en su mayor parte, se ha esfumado. Esto significa que el argumento de que el agro cuenta con la ventaja de que “cobra en dólares, pero paga en pesos” ha dejado de ser verdadero.

El inicio de una etapa de diálogo entre el gobierno y el sector agropecuario es una buena noticia. Sin embargo, será difícil resolver el conflicto si no se parte de un diagnóstico objetivo sobre las condiciones que enfrentan los productores agropecuarios y, en general, quienes aspiran a producir en el país.

Por un lado, se sostiene que a los niveles de retenciones que se pretenden aplicar no resultan rentables para la mayor parte de los emprendimientos productivos.

En sentido opuesto, el gobierno asegura que es necesario elevar las retenciones porque el agro disfruta de una rentabilidad extraordinaria por los precios internacionales inéditamente altos y a que los costos argentinos, medidos en dólares, son bajos gracias a la devaluación del 2002.

Es difícil medir la rentabilidad de cada productor y las generalizaciones no son correctas.

La viabilidad de un emprendimiento productivo depende de una gran cantidad de factores, entre otros, su tamaño, la ubicación, las condiciones climáticas, la fortaleza económica y financiera y hasta atributos empresariales como la capacidad de gestión y de innovación.

De todas formas, es factible aproximar, en base a datos oficiales, la evolución de algunos de los principales insumos del sector agropecuario. Según datos del Ministerio de Economía y del INDEC para precios mayoristas, y tomando el promedio 1995 – 2000 = 100 surge que:

• El salario privado registrado en el sector agropecuario fue de 196 para el promedio del periodo 2002–2007 alcanzando en febrero del 2008 el nivel de 325.

• El precio de la maquinaria agrícola fue de 262 para el promedio del periodo 2002–2007 y en febrero del 2008 alcanzó a 363

• El precio de los abonos y fertilizantes importados fue de 318 para el promedio del periodo 2002–2007 y en febrero del 2008 llegó a 865.

En términos más simples, a comienzos del 2008 los salarios registrados y las maquinarias agrícolas se habían incrementaron en más de 3 veces desde la devaluación. Los insumos importados agropecuarios, como los abonos y los fertilizantes, se han llegado a multiplicar -según fuentes oficiales- en más de 8 veces.

Es decir, en la actualidad algunos insumos importantes del sector cuestan, en dólares, lo mismo que antes de la devaluación y otros subieron no sólo por encima del dólar sino también de monedas más fuertes como el Euro.

Las retenciones que pretende aplicar el gobierno implican que prácticamente la totalidad del aumento en los precios internacionales es apropiado por el Estado.

El precio percibido por el producto queda a los niveles vigentes hace una década. Según la argumentación oficial, esto es viable y recomendable porque el sector goza de una rentabilidad significativa gracias a la “licuación” de costos que produjo la devaluación. En otras palabras, el sector recibe aproximadamente los mismos dólares que en el pasado pero tiene menos erogaciones porque paga sus insumos en pesos devaluados. Los datos oficiales sugieren que esto fue cierto apenas se aplicó la devaluación. Pero el crecimiento de los precios internos, especialmente intenso desde hace más de un año, ha anulado una parte muy importante de estas ventajas.

El tema sustantivo que subyace en el conflicto con el agro es que los impactos de las devaluaciones son transitorios.

Producen fuertes incrementos en la rentabilidad de las empresas a través de la “licuación” de costos pero debido precisamente a sus efectos socialmente regresivos sólo se sostienen por períodos breves.

Esto enfatiza que el desafío más importante que tiene por delante la Argentina es construir fuentes genuinas y sustentables de competitividad.

Sólo de esa manera se dejará de depender de los vaivenes de los precios internacionales y/o los efectos transitorios de las devaluaciones.

Por el muy favorable contexto internacional y el primitivo sistema fiscal que tiene la Argentina puede resultar viable apelar a las retenciones.

Sin embargo, se trata de un instrumento rudimentario y transitorio. Es por eso que su nivel no debe ser fijado suponiendo que la “licuación” de costos que produjo la devaluación se mantiene intacta en la actualidad y se mantendrá en el futuro.

Con retenciones a niveles más razonables, se necesita discutir el tema de fondo que es cómo se asigna lo recaudado para mejorar la infraestructura que ayude a mejorar la productividad agropecuaria en lugar de usar esos recursos para sostener gastos de dudosa rentabilidad económica y social.