Sharing is caring!

Por Miguel Abálsamo.

Cuando observo luchas descarnadas y viscerales diferencias entre los políticos por la «ideologización» extrema, la exageración del revivals para revalorizar la moda o el estilo de otras épocas políticas de la Argentina, siendo las discusiones tan interminables como de hastío, trato de contemplarlas como quien mira un cuadro y saca conclusiones, dejando de lado el espejo retrovisor de aquellos que se paralizan en un tiempo  estacionándose  como en  un pétreo lugar, encerrado en el momento sin reconocer el presente y menos aún sin mirar el futuro.

Pienso y escucho las nuevas generaciones (han pasado 33 años de democracia), y me pregunto cuando observo la «militancia de los face”, que resulta más cómoda que la barrial, donde los enfrentamientos no dejan lugar a la reflexión y el análisis.

Militantes de las redes sociales, donde se dice cualquier cosa en segundos de irreflexión e impunidad.

Y surge el anatema común y corriente.

El encasillamiento absurdo de aquellos que pontifican desde el templo de la ideología, marcando quienes se encuadran, al decir de ellos, en marcadas tendencias.

La Necochea del «SI» no discute ideologías que nos dividan en el agrietamiento diario, quiere acciones concretas, los vecinos reclaman el mejoramiento de la calidad de vida, asfalto, arreglo de calles, cloacas, mejor iluminación, mayor seguridad… lo concreto y real por sobre las apasionadas charlas de los revolucionarios del café de la esquina, que raramente vemos colaborando con comedores escolares, ayudando en barrios determinados, pero si en la utilización de la verba «progre» para erigirse en los campeones de la moral, en los dueños de la ética, en los defensores únicos de los Derechos Humanos, muchos de ellos admiradores de regímenes dictatoriales como el cubano o de modelos fracasados como el venezolano, con la retórica de las grandes revoluciones mientras los pueblos no tienen papel higiénico, restringen el agua de sus baños, huyen en balsas a la libertad o cruzan a países limítrofes para adquirir alimentos.

Los que añoran gobernantes de sesenta años que cuando son viejos dejan a sus hermanos y estos preparan a sus hijos.

Esto debemos esquivar, los que pretenden una sociedad chiquita donde el resto no son patriotas, son liberales que quieren entregar el país, son conservadores… frases anticuadas de que los se quedan en el tiempo y sin argumentos serios.

Y luego el verso -relato repetido al hartazgo…» la culpa son de los otros», como diría Borges la mejor manera de no fracasar es buscarse unja buena excusa.

Los adoradores del «ideologismo-populista» también están entre nosotros, siempre están, con esas utopías irrealistas de soñadores noctámbulos.

Creen que Necochea se arregla con grandes jornadas épicas de batallas ideológicas, cuando los términos derecha, centro o izquierda, si bien  no han dejado de existir, tienen escaso peso en una comunidad.

Los problemas de la desocupación en una ciudad, la inseguridad, la pobreza, indigencia y desigualdad son las grandes preocupaciones de cualquier distrito, Necochea no es la excepción.

Sólo se combaten con mayor educación, más libertad, más democracia, más participación ciudadana e inversiones.

Así se fundamentan las sociedad modernas, al menos las que las va bien, que paradójicamente  no son aquellas a las que muchas veces elogiamos, y a las que suelen admirar aquellos que nunca enviarían a sus hijos a estudiar y desarrollarse.

Cuando hablamos de «populismo» solemos confundir con popular.

El «populismo» es una versión demagógica, es el discurso fácil que suele retrasar las sociedades, es algo que no distingue derechas-centros o izquierdas, es «populismo» nada más. Los que suelen terminar sus ciclos con más pobreza en su pueblo, más indigencia y más inflación, enriqueciendo a una élite y provocando más diferencias sociales.

Lo popular es diferente, son aquellos mandatarios que terminan sus ciclos con mejores niveles para la gente, modernizando la República, acotando los planes sociales porque surge el empleo privado, los que no tienen déficit fiscales, y en definitiva populares son aquellos que una vez finalizados sus gobiernos pueden transitar con tranquilidad las calles de la patria, mientras los «populismos» dividen la sociedad con sus discursos y actitudes que muchas veces no se condicionan con sus formas de vida.

¿Discutir ideologías o hacer?

Los políticos modernos, no sólo el actual intendente doctor Facundo López sino muchos más apareciendo en el firmamento diario, se distinguen en el hacer por sobre las sempiternas discusiones ideológicas.

Estamos ante el enorme desafió del hacer.

En el nombre de las grandes ideas y proyectos altisonantes la Municipalidad lucha con su equipo económico comandado por el licenciado Jorge Mancuso,  con 240 millones de pesos heredados por la actual gestión (hoy reducida a cien), enorme deuda con proveedores (hoy camino a la normalización) un parque automotor inexistente. Necochea (a punto de comprarse vehículos) en lo que ha significado un descenso pronunciado de años en la ciudad.

También ha sido una constante de fotos con dirigentes de altos niveles que nos dejaban palabras floridas y resultados espinosos.

Hoy, camino a la futura construcción de la Avenida 10, y con la continuidad de las obras en Quequén, el distrito tiene una cara distinta, esa que no se consigue solamente con grandes discursos ante un auditorio «aplaudidor» sino con hechos concretos que no son de derecha ni de izquierda, son el resultado de un pragmatismo que beneficie a la gente.

Necochea no tiene ideología cuando reclama por el mejoramiento de sus calles de tierra.

Cuando debemos ponernos de acuerdo para exigir el levantamiento de un puente que una el sector comercial de Quequén-Necochea luego de las inundaciones del 80 cuando derribó el «Ezcurra».

Cuando seducimos inversiones para que se interesen en el Casino y todo su complejo, abarcativo a la zona del Jardín de Rocas, hoy inutilizado, tan solo una figura decorativa contemplada y protegida por algunos grupos minoritarios, como lugar sagrado en vez de darle la utilidad correspondiente, que nos daría progreso y recursos económicos al Municipio.

Cuando nos negamos a discutir el futuro de nuestro parque para darle dinámica no dejarlo morir en este estado de terapia intensiva cuando hay muchas propuestas a presentar y contemplar para dotarle de infraestructura.

Cuando debemos abrir todo el Frente Costero por avenida 2 al balneario Los Ángeles, pensando en la llegada al Complejo maravilloso de Termas de Campo, o cuando debemos apuntar a la zona de Quequén y Costa Bonita y las inquietudes por todo lo que allí se puede hacer para incrementar el turismo y diseñar las construcciones que hacen falta.

Cuando deberíamos abrir toda la zona ribereña para adaptarla a balnearios de río con el aporte del capital privado.

Cuando discutimos el mejoramiento de calidad de vida para los transportistas en la Playa de Camiones de Quequén, o la defensa del medio-ambiente en forma sería con la concreción de la planta de reciclados de residuos.

Cuando elogiamos la decisión del Gobierno Nacional de subsidiar a nuestra zona de la Costa Atlántica, y no solamente al sur del país, para exportar desde nuestra estación pesquera, algo que redunda en beneficio de las empresas radicadas en nuestra zona y aumentará la cantidad de trabajadores del sector.

Cuando hablamos de derechos humanos no podemos encapsular la palabra solamente a aquellos que sufrieron represión, exilio, persecuciones o desapariciones, todo es más amplio, debemos bregar por los derechos humanos de quienes son víctimas de la inseguridad en el distrito, de los que no tienen servicios de cloacas, de los habitantes de viviendas precarias de chapas, de tantas mujeres solas y desprotegidas ante la violencia «machista», todos casos que se enmarcan en la lucha diaria por esos derechos humanos.

Capital-trabajo debe ser una armonización que se complemente. No hay trabajo sin inversiones, y no hay crecimiento empresarial sin el aporte del trabajador en un estado capitalista como el nuestro, donde no hay espacio para recetas de un extremo u otro, ni capitalismo salvaje ni colectivismo estatal.

Necochea discute y quiere hechos concretos no ideología.

Hay que proteger al ciudadano para que crezca y piense en libertad, suele ser imposible cuando opera la ideología dogmática de la verdad absoluta desconociendo otras voces.

La ideología son nuestras ideas individuales, algo que todos tenemos, lo preocupante es cuando algunos pretenden representar un todo.

No es tiempo de divisiones que nos hace perder tiempo y debilita esfuerzos, es hora de pensar más allá del partido político al que pertenezcamos, el distrito debe estar por encima de esos intereses que a veces suelen ser mezquinos.

A tantos que siguen, admiran y en la actualidad reivindican el accionar del Papa Francisco, sería bueno rescatar una sabia frase… «el amor y la unidad de los pueblos aleja a las ideologías».

http://ahorainfo.com.ar/wp-content/uploads/2016/12/abalsamo-600x335.jpghttp://ahorainfo.com.ar/wp-content/uploads/2016/12/abalsamo-200x150.jpgahorainfo.com.arLocalesOpiniónOpiniónPor Miguel Abálsamo. Cuando observo luchas descarnadas y viscerales diferencias entre los políticos por la 'ideologización' extrema, la exageración del revivals para revalorizar la moda o el estilo de otras épocas políticas de la Argentina, siendo las discusiones tan interminables como de hastío, trato de contemplarlas como quien mira un...Desde Necochea al mundo