Crónicas en domingo. Carta a mis defectos

Silvia Guillot

Carta a mis defectos.
Queridos defectos míos…
Así podría empezar, pero qué gracia tendría contar a quien lea este escrito cuáles son mis defectos. Es obvio que para mí, ninguna.

Quizá, en cambio, no estaría mal hacer como muchos y descargar una genialidad del tipo: “Mi peor defecto es mi honestidad, siempre digo lo que pienso…”, y así les va. El honesto es “piantagente”, expresión argentina que significa lisa y llanamente “quedarse más solo que la una”, como dicen los españoles. Eso sí, el honesto verdadero rara vez dice que es honesto. Lo es, y punto.

Lo cierto es que el mundo en que vivimos es hipócrita. La verdad y la honestidad como valores están en la boca de todos. Mejor dicho, en el discurso de todos. Pero, lo que sucede más allá del discurso es otra cosa, lo que se esconde tras palabras virtuosas que todos queremos escuchar difiere mucho de ellas. Sucede que pocos pueden sostener con hechos sus palabras, y de aquellos que la mantienen, pocos pueden imbuirse de la piedad suficiente para que esas palabras verdaderas no hieran por demás.

Somos humanos, tenemos defectos y sabemos esconderlos. El problema empieza cuando aquél que predica verdades no vive en verdad. Estafa.

Yo soy humana y tengo defectos. No voy a decir cuáles, no insistan. Son míos y me hago cargo. Lo bueno sería que cada uno se hiciera cargo de los suyos y pudiéramos, sumados, construir una sociedad menos mentirosa, hipócrita y, simple consecuencia de lo anterior, menos violenta.

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Una opinión en “Crónicas en domingo. Carta a mis defectos

  1. guillermo

    bueno silvia, no te desanimes, todos esos valores perdidos en nuestra sociedad,no perdidos, sino no reconocidos, aqui en el pais vasco, son los necesarios para convivir, se valora la honestidad, la palabra, el trabajo, la perseverancia y muchas otras cualidades con la que nace el hombre y a poco caminar las olvida.esta gente tiene lo que los filosofos soñadores añoran para nuestra sociedad. guillermo

Comentarios cerrados.