ENCUESTA: Poliarquía dio a conocer un sondeo de opinión realizado en el mes de abril

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Gráfico de la encuesta sobre la imágen de Néstor Kirchner

Desde hace casi ocho décadas la política argentina experimenta una crisis de larga duración, caracterizada por la baja calidad de las instituciones, inestabilidad en las reglas del juego, rápida erosión de sus liderazgos y la fragilidad de los acuerdos políticos. Según esta encuesta el ciclo político del kirchnerismo está agotado.

Los protagonistas del sistema político (civil o militar, peronista o radical, “progresista” o “liberal”, del “centro” o de la “periferia”, han desarrollado estrategias bastante similares: tratan de acumular poder y permanecer todo el tiempo posible, utilizando los múltiples mecanismos que contiene el presidencialismo (sobre todo con la excusa de las “emergencias”). A la corta o a la larga, todos fracasan.

Se trata de un problema sistémico, no coyuntural: no son las personas, la cultura o los valores, sino fundamentalmente las instituciones, que reflejan y reproducen la cultura y generan incentivos perversos que explican/condicionan los comportamientos de las personas.

Si el entorno externo es complicado, la Argentina hace poco para mitigar los efectos negativos y minimizar el impacto de las. Pero aún cuando el entorno externo sea relativamente bueno, los problemas endógenos nos impiden aprovechar las oportunidades que se nos presentan.

Según esta encuesta el ciclo político del kirchnerismo está agotado

Los ciclos políticos en la Argentina son breves – a lo sumo duran una década, por lo general bastante menos (6 o 7 años).

Tanto dentro del peronismo como de la oposición no peronista se están desarrollando estrategias orientadas a reemplazar al elenco gobernante actual.

La buena noticia es que en todos los casos se trata de figuras mucho más moderadas, menos ideológicas, más democráticas y “pro mercado”.

Parece ser una tendencia regional (en Brasil, Chile y hasta posiblemente en Uruguay habrá en los próximos tiempos gobiernos de centro o centro derecha).

Se acaba la etapa del populismo radicalizado y aislacionista, pero no hay un consenso claro sobre lo que viene: el país sigue careciendo de un modelo estratégico de desarrollo integral.

Del nuevo balance de poder que definan las elecciones, más las consecuencias de la crisis económica y los conflictos que motive (y/o no pueda evitar) el gobierno, surgirán los actores y las agendas temáticas que dominarán el proceso de recambio político.

La elección clave será en la Provincia de Buenos Aires: allí (sobre todo en el Gran Buenos Aires) Kirchner se juega su futuro.

La oposición no peronista tiene la posibilidad de demostrar que supero el trauma de la Alianza y tiene la madurez como para generar una alternancia. Cuidado: hasta ahora no hay demasiados indicios de que vaya a aprovechar las oportunidades que se le presentan. Predominan los celos y las peleas personales, sobre todo por el liderazgo (Carrió vs. Cobos).

El “peronismo crítico” está creciendo, pero se trata en casi todos los casos de políticos que no tienen responsabilidad de gobernar, lo que implica recursos limitados para hacer política. La excepción es Macri, pero el peronismo es por ahora renuente a cederle la candidatura presidencial.

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