«Si se parte en tres, se parte en cuatro»
La expresidenta Cristina Kirchner deslizó un fuerte análisis estratégico ante la dirigencia que la visita en sus oficinas de la calle San José: si el peronismo se rompe de cara a las elecciones presidenciales, la derecha también lo hará. Bajo la premisa de que «si se parte en tres, se parte en cuatro», la exmandataria plantea un escenario de dispersión que sepulta la polarización y abre un nuevo tablero de negociación política.
El diagnóstico que comparte el kirchnerismo duro —y que también es seguido de cerca por Sergio Massa— sostiene que una fractura en el peronismo, con Axel Kicillof por un lado y el kirchnerismo por el otro, generará un efecto dominó en el oficialismo.
Sin la amenaza de un peronismo unido que amenace con retornar al poder en primera vuelta, Mauricio Macri se vería tentado a romper con Javier Milei para presentar una opción pura del PRO. En un escenario dividido en cuatro cuartos, el macrismo apostaría a colarse en el balotaje de forma autónoma.
El cálculo del Instituto Patria y la resistencia de La Plata
Lejos de temerle a la fragmentación, en el entorno de Cristina Kirchner ven con optimismo este esquema de dispersión. Consideran que les permitiría monopolizar el armado de las listas desde las oficinas de San José.
La hipótesis de máxima que baraja La Cámpora contempla postular a Cristina Kirchner a la cabeza de la boleta sabiendo que podría enfrentar impugnaciones judiciales, dejando el peso de la campaña en un candidato a vicepresidente de extrema confianza, donde ya suenan los nombres de Mariano Recalde y Wado de Pedro.
Esta idea es empujada con fuerza por dirigentes bonaerenses como Facundo Tignanelli y Emmanuel González Santalla, enfocados en disputar distritos clave del Conurbano como La Matanza y Avellaneda.
Sin embargo, los intendentes de la tercera sección electoral advierten sobre el peligro de esta estrategia: presentarse con dos listas peronistas en la provincia de Buenos Aires podría regalarle los municipios a La Libertad Avanza.
Por el lado de Axel Kicillof, la posibilidad de una ruptura no se ve del todo con malos ojos si eso le permite desprenderse de las condiciones del kirchnerismo y confeccionar sus propias listas.
Desde La Plata insisten en que un acuerdo bajo los términos de la expresidenta —donde ella defina vice, legisladores y ministros— es inviable, advirtiendo que ese diseño institucional terminaría replicando la parálisis del gobierno de Alberto Fernández. Kicillof exige una mesa de negociación directa con Cristina, rechazando la intermediación de Máximo Kirchner, quien hoy retiene la llave de las conversaciones.
El factor PASO y la estrategia del Gobierno
La posibilidad de una elección fragmentada en generales ya tiene antecedentes —como la elección de tres tercios peronistas en 2003, previa a la instauración de las primarias—.
Máximo Kirchner sostiene que la disputa de liderazgo entre Cristina y Kicillof debe resolverse en las urnas, dejando abierta la puerta a que esa competencia ocurra directamente en las elecciones generales si la interna no se ordena.
Ante este panorama, el Gobierno de Javier Milei tiene como prioridad absoluta suspender o derogar la ley de las PASO. En la Casa Rosada entienden que eliminar las primarias profundizará las divisiones de la oposición y evitará al oficialismo el riesgo político de sufrir una derrota temprana que desestabilice la economía.
