El Gobierno argentino busca renovar el swap con China por tres años en medio de tensiones geopolíticas
Buenos Aires enviará una misión oficial a Pekín para extender el acuerdo de monedas equivalente a unos 19.000 millones de dólares.
La negociación coincide con las advertencias del gigante asiático sobre la influencia de «factores perturbadores» en la relación bilateral.
El Gobierno argentino ratificó su decisión de mantener una herramienta financiera clave para su estabilidad económica. Una delegación del Banco Central de la República Argentina (BCRA) viajará a Pekín con el objetivo de negociar una prórroga por tres años del acuerdo de swap (intercambio de monedas) con el Banco Popular de China, un mecanismo que asciende a 130.000 millones de yuanes (equivalentes a unos 19.200 millones de dólares) y que integra las reservas brutas del país sudamericano.
El propio presidente del BCRA, Santiago Bausili, anticipó que la intención oficial es renovar el instrumento bajo los mismos términos vigentes desde que se inició en 2009.
La urgencia radica en la necesidad de sostener el programa económico de la Casa Rosada, postergar vencimientos inmediatos y acumular respaldo financiero de cara a los compromisos externos y las elecciones de 2027.
El frente financiero: pragmatismo ante la escasez
De los 19.000 millones de dólares totales, la atención se centra en el tramo activado de 5.000 millones de dólares, utilizado por la gestión anterior para financiar importaciones y cancelar vencimientos.
Aunque la actual administración del presidente Javier Milei ha reducido drásticamente su uso —dejando un remanente pendiente de solo 659 millones de dólares—, la prórroga es vital para la contabilidad nacional.
En diálogo con Sputnik, analistas locales coincidieron en el carácter pragmático de la medida:
- Evitar desembolsos críticos: El ex viceministro de Economía, Gabriel Rubinstein, señaló que el objetivo primordial es refinanciar lo ya utilizado. «Renovar el swap es no tener que estar pagando los 5.000 millones de dólares activados» explicaba, aunque aclaró que el tramo inactivo no funcionará como liquidez de acceso automático.
- Fragilidad de reservas: Por su parte, el economista Francisco Cantamutto advirtió que el Gobierno «no puede darse el lujo de cancelar el swap», ya que su caída provocaría una pérdida significativa de reservas brutas. A pesar de que el Ministerio de Economía, liderado por Luis Caputo, destaca compras de divisas por más de 9.800 millones de dólares desde enero, Cantamutto recordó que la posición externa sigue siendo débil porque gran parte de los dólares se destinan al pago de deuda.
«Estamos muy lejos de tener el nivel de reservas que permitiría no depender de nadie para tener estabilidad cambiaria», sentenció Rubinstein, remarcando que el swap actúa como una red de seguridad indispensable en un mercado con acceso limitado al crédito internacional.
El frente diplomático: la sombra de Washington
La misión financiera ocurre en un escenario diplomático complejo. Tras un reciente encuentro en Nueva York entre el canciller argentino Pablo Quirno y su par chino, Wang Yi, la Cancillería de Pekín instó públicamente a «gestionar adecuadamente los factores perturbadores» de la relación bilateral, asegurando que la cooperación mutua no busca rivalidades geopolíticas ni obliga a elegir bandos.
Los analistas interpretan este mensaje como una alusión directa a la presión ejercida por los Estados Unidos. Semanas atrás, diplomáticos de la Casa Blanca calificaron abiertamente al Gobierno chino como una amenaza de seguridad y sugirieron limitar las inversiones asiáticas en el Cono Sur.
El analista internacional Juan Venturino explicó a Sputnik el dilema de la política exterior argentina:
- Presión estadounidense: Washington apunta a frenar el avance de Pekín en sectores estratégicos como infraestructura, puertos, minería (especialmente el litio), telecomunicaciones e inteligencia artificial.
- Encrucijada bilateral: «Argentina está en una posición muy incómoda», afirmó Venturino, debido a que el actual Gobierno muestra un alineamiento casi total con Washington, mientras que China sigue siendo un socio comercial histórico y un actor de peso en la inversión real de la región.
Pese al nuevo clima de tensión, Pekín ha optado por mantener los canales abiertos. La renovación del swap pondrá a prueba la capacidad de la diplomacia argentina para equilibrar su alineamiento político con Occidente sin descuidar el imprescindible auxilio financiero de Oriente.
