Infantino defiende precios récord a un mes de la cita norteamericana
A exactamente treinta días para que el balón comience a rodar en el Mundial 2026, el clima que rodea a la cita no es precisamente de fiesta unánime.
El presidente de la FIFA, Gianni Infantino, se ha visto obligado a salir al paso de una oleada de críticas globales ante lo que muchos consideran una «mercantilización excesiva» del torneo más importante del planeta.
Pese a que esta edición estrena el formato de 48 selecciones (frente a las 32 habituales), la mayor oferta de partidos no ha traducido en precios más accesibles.
Al contrario: el coste medio de las localidades se ha disparado, alimentando el temor de que la cantidad esté primando sobre la calidad y la inclusividad.
Un salto prohibitivo en los precios
La comparativa con Qatar 2022 resulta demoledora para el bolsillo del aficionado. La entrada para el debut de Estados Unidos, coanfitrión junto a México y Canadá, se ha comercializado por un precio cuatro veces superior al del partido inaugural de la edición anterior.
La escala de precios ha dejado fríos a los seguidores:
- Partidos de menor cartel: Varios centenares de euros por encuentro.
- Gran Final: Las entradas más económicas parten de los 2.000 dólares.
- Desplazamientos: Se suman los altísimos costes de transporte aéreo y alojamiento en un continente de distancias continentales.
El «Modelo Americano» de la FIFA
La FIFA ha adoptado estrategias de mercado típicas del espectáculo estadounidense, donde el consumidor está más habituado a los precios dinámicos (ajustados según la demanda).
Mediante un sistema de venta por fases, el organismo ha elevado los precios de forma progresiva, forzando a los fans a decidir entre pagar cifras astronómicas o quedarse fuera.
Además, la nueva plataforma oficial de reventa ha generado controversia. La FIFA no solo permite el mercado secundario, sino que se beneficia directamente de él cobrando una comisión total del 30% (un 15% al vendedor y otro 15% al comprador) por cada transacción realizada.
«Estamos viendo un Mundial diseñado para élites. La esencia del fútbol como deporte del pueblo se está perdiendo entre algoritmos de precios y comisiones de reventa», comentan asociaciones de aficionados europeos.
Un horizonte incierto para el turismo extranjero
El contexto geopolítico tampoco ayuda. El encarecimiento de los vuelos y la inestabilidad derivada de conflictos internacionales, como la tensión bélica con Irán, han creado un entorno poco atractivo para el visitante transoceánico.
A esto se suma un clima político en Estados Unidos que, según analistas, desincentiva la llegada de turistas extranjeros.
Ante este panorama, el diagnóstico es claro: una parte significativa de la hinchada tradicional de Europa y Sudamérica ha decidido colgar la camiseta y ahorrar sus fondos, apostando por esperar al Mundial de 2030.
