Locales

Dios creó al mundo, pero a Holanda, los ingenieros holandeses

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Héctor Huergo (Clarín)

¿Cómo estás? Yo, bien, sintiendo este soplo de aire fresco que atraviesa el país desde hace un par de semanas. Sin que las cosas estén para tirar manteca al techo, hay un horizonte más despejado. Y en esto –¿cuándo no?— al agro le toca el rol más relevante.

La vaca viva. Tenemos también la esperanza de la Vaca Muerta, la minería, el litio, el software y lo que venga. Pero en estos días se ha vuelto a hablar fuerte de la cosecha, que viene muy bien. De un acuerdo comercial con el gobierno de Trump, que implica la apertura de una cuota de 80 mil toneladas de carne, cuadruplicando la vigente hasta ahora. Está todavía sujeta a un paquete muy heterogéneo, donde entran el acero, el aluminio, patentes, etc. Pero nadie duda que la nueva relación con los EEUU va mucho más allá del apoyo financiero del secretario del Tesoro Scott Bessent.

Pero también tenemos nuestras cuitas. El paisaje ominoso de millones de hectáreas inundadas en la cuenca del Salado, un karma que nos atraviesa desde los tiempos de la conquista territorial, y que se hace más dramático en los tiempos de la Segunda Revolución de las Pampas. No es solo un tema de que “no se hicieron las obras”, sino que quizá sea el momento de replantear el diseño del añoso Plan Maestro. Más aún en la era del cambio climático, donde todos los fenómenos se hacen más extremos. No vamos a agotar el tema en esta columna. Solo planteamos que debemos terminar con la era del parche.

Pensar en grande. Recuerdo que Esteban Bullrich, cuando era diputado, me invitó a su despacho a conversar sobre el tema, hace más de diez años. Vinculado familiarmente con la zona de Junín, me mostró una foto de Sarmiento en la Laguna del Carpincho, en las nacientes del Salado. Estaba lanzando la obra del Canal del Norte, diseñado para aliviar el cauce del Salado, desaguando en el Paraná. Los holandeses –que de inundaciones saben un rato largo—galvanizaron la idea de “room for the water”, que significa darle espacio al agua. Y una forma de hacerlo es manejar la cuenca desde el origen. Nunca se terminó. Así que ni siquiera sabemos si habría sido útil.

La ingeniería siguió aportando soluciones. El inefable Elon Musk, seguramente el hombre más importante de la historia, es muy conocido por Tesla, Starlink, la plataforma X. Ayer lanzó la construcción de Gigabay, una fábrica en Texas que producirá mil cohetes por año. Está pensando en Marte. Pero aquí en la tierra tiene también The Boring Company, una empresa especializada en abrir túneles para el transporte de gente, cosas y…agua. En California hay un proyecto te túnel de decenas de kilómetros para llevar agua desde Lake Tahoe hasta el Valle de San Joaquín, afectado por un sequía secular.

En el corto plazo, hay que proteger y reconectar los pueblos rurales. Pero desde ahora hay que pensar en grande. Hay expertos de enorme dimensión técnica y humana –como el ingeniero Pablo Bereciartúa, hoy en el gobierno de la CABA—que se han formado en Países Bajos. Puede hacer aportes sustantivos.

Insisto: no es cuestión de “sacar el agua”. El gran tema es manejar la cuenca, que es fundamentalmente bonaerense, pero que tiene afluentes desde las provincias de San Luis, Córdoba y La Pampa. No solo hay que ver los cursos de agua superficiales, sino también los subterráneos. Se invirtió mucha plata de los organismos multilaterales de crédito (Banco Mundial en particular) para el Plan Maestro. Es hora de reevaluar y seguramente rediseñar.

En una visión amplia, lo primero que salta a la vista es que la “región problema” tiene un millón de habitantes en ciudades que podrían ser mucho más prósperas. Pero además está a menos de 300 km de la región AMBA, donde está el 50% de la población nacional. Y los puertos de Buenos Aires, La Plata y Mar del Plata. Países Bajos es más chico que la Cuenca del Salado, pero es uno de los mayores productores de agricultura y ganadería intensiva del planeta. Los cerdos, los quesos, los tulipanes, la universidad de Wageningen. Les llevó varios siglos, desde cuando decidieron dejar de morirse ahogados. “Dios creó al mundo, pero a Holanda la hicieron los ingenieros holandeses”.