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Terminó el Mundial, arranca la campaña en Brasil

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Tras el fin de la Copa del Mundo en Rusia comenzó, de hecho, la campaña presidencial en Brasil, donde hubo una comentada reunión entre el presentador de televisión Luciano Huck y la ambientalista Marina Silva, precandidata que puede disputar el balotaje con Jair Bolsonaro.

Luciano Huck, conductor de un programa de entretenimientos en la cadena Globo, mantuvo una reunión con Marina Silva, del ecologista partido Red de Sustentación en la que según trascendió se habló de la estrategia de cara a las elecciones.

La cita fue motivo de comentarios políticos hoy puesto que Huck ya se postuló como posible candidato y desistió, pero aún mantiene viva la intención de actuar como un «influenciador» debido a su popularidad televisivo y sus millones de seguidores en las redes sociales.

El tercer convidado a esa reunión fue el premiado director de cine Fernando Meirelles, realizador de Ciudad de Dios, que ya hizo campaña para Marina Silva, que fue dos veces candidata presidencial en 2010 y 2014, cuando obtuvo 20 millones de votos.

Para Marina Silva contar con el apoyo de Huck sería un espaldarazo considerable en su carrera hacia el Palacio del Planalto.

Las últimas encuestas indican que Silva podría disputar una segunda vuelta, el 28 de octubre, con Jair Bolsonaro.

Un sondeo publicado a fines de junio, en el que fue excluído Luiz Inácio Lula da Silva que está preso, indicó que el primer lugar es de Bolsonaro con el 17 por ciento y el segundo de Marina Silva, con el 13 por ciento.

Bolsonaro es un militar retirado cuyas posiciones nacionalistas han causado recelos en a los empresarios y el mercado y su reivindicación de la dictadura motivó críticas de entidades humanitarias.

Pero en los últimos meses el capitán retirado moderó su discurso económico gracias a lo cual se tornó más «digerible» para los privados, como se observó hace una semana cuando recibió un caluroso aplauso en un evento de la Confederación Nacional de la Industria.

El pistoletazo formal de largada hacia los comicios del 7 de octubre será el 15 de agosto cuando comience el calendario de actos y publicidad televisiva.

Pero los estrategas de campaña y expertos en imagen como Fernando Meirelles saben que, de hecho, la carrera hacia el Planalto comenzó esta semana tras el fin de la Copa del Mundo de fútbol.

Con la baja credibilidad de los partidos políticos, agravada tras la crisis que desembocó en la salida de Dilma Rousseff, aumenta el peso de los personajes mediáticos como Huck o el ex presentador de reality shows Joao Doria.

Doria ganó las elecciones municipales de San Pablo en 2016 y ahora se postula a la gobernación de ese estado, pero no se descarta por completo que al último momento se lance a la Presidencia.

El caso es que los políticos tradicionales no tienen buenas mediciones, salvo Lula da Silva, y esta circunstancia hace que a pesar del poco tiempo que resta para los comicios aún no haya fórmulas consolidadas, ni alianzas seguras.

Un ejemplo del descrédito de los partidos tradicionales es el Movimiento Democrático Brasileño (MDB), cuyo postulante Henrique Meirelles tiene el 1 por ciento de intenciones de voto.

El MDB, del presidente Michel Temer, no está unido detrás de Meirelles, pese a que este acaudalado postulante anunció que costeará con dinero propio la campaña electoral.

Analistas consideran que el MDB tiene pocas expectativas electorales debido a los magros resultados económicos.

Esta semana el Banco Central informó que en mayo la actividad económica cayó el 3,4 por ciento, dato que torna improbable una mejora del mercado de trabajo donde hay más de 13 millones de desempleados, un dato que impacta en los electores.

Mientras los números macroeconómicos afectan las perspectivas del candidato oficialista otro postulante con posibilidades es Ciro Gomes, del centroizquierdista Partido Democrático Brasileño, que tiene entre el 6 y el 8 por ciento de intenciones de voto.

Gomes ha denostado la política económica de Temer y prometido que si fuera electo revisará la reforma laboral e impulsará la inversión estatal.

Ese discurso no agrada a los grupos económicos que, sin embargo, observan con interés el reciente «aggiornamiento» de Gomes al buscar una alianza con el conservador partido Demócratas, éste sí a favor de las privatizaciones y un modelo de austeridad fiscal. (ANSA).