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Desde los noventa del siglo XX, los ideólogos de CC programaron una estrategia para recuperar los restos guanches. A día de hoy, el puzzle permanece incompleto; le falta la pieza más codiciada.

L a cosa no va de cine, más bien de serial. Y es que esa contumacia de Coalición Canaria (CC) por recuperar las momias guanches dispersas, que retornen a la Isla y «domiciliarlas» en su verdadera «casa», el Museo de la Naturaleza y el Hombre (MNH), envuelve bajo su piel una imagen promocional.

En buena medida, y más allá de las consideraciones científicas, se percibe una estrategia diseñada por los ideólogos nacionalistas, necesitados de dotar de contenido material un endeble andamiaje teórico, en la idea de acercarse a postulados de los sectores más sensibles a las tesis soberanistas.

En la década de los noventa del pasado siglo arrancó un «programa» de restitución del patrimonio funerario que tuvo en el proyecto «Cronos: bioantropología de las Momias Guanches (1990-1991)», su fundamento científico.

No obstante, la primera gestión con cierto éxito cristalizó en 2003 cuando dos momias de la colección Casilda de Tacoronte, que desde finales del XIX «vivían» como «emigrantes» en la ciudad argentina de Necochea, volvieron a Tenerife. Todo un acontecimiento.

La segunda restitución con resultado positivo tiene fecha de febrero de 2011. Entonces, los tres guanches que «dormían» en el Museo de Antropología Médica-Forense, Paleopatología y Criminalística «Reverte Coma» retornaban a la Isla. Poco se sabe de sus historias, aunque acaso eran naturales de Araya (Candelaria) y La Orotava, y descubiertas en la segunda mitad del siglo XIX las trasladaron a la capital de España.

El pasado mes de octubre, los restos momificados de un hombre y una mujer, también «habitantes» en la Escuela de Medicina Legal y Forense de la Universidad Complutense de Madrid, se sumaban al ámbito familiar que conforma ese «Mundo Funerario» que el Cabildo diseña en el MNH. Pero pese a estos logros, el puzzle permanece incompleto. La pieza más deseada no termina de encajar; se mantiene inamovible en el Museo Nacional de Antropología (MNA), en Madrid.

La reivindicación que exige su restitución ya se ha convertido en un argumento que CC agita contra el Gobierno central cíclicamente. El presidente del Cabildo, Carlos Alonso, subrayaba en octubre de 2013, en el aniversario del regreso de las momias de Necochea, que la institución seguirá reclamando la integración de estos restos al patrimonio arqueológico «de manera coherente científicamente» y que «no desfallecerá en la lucha por que Tenerife consiga los restos guanches dispersos por el mundo».

La tesis más repetida, tanto por Melchior en su etapa de senador, Ana Oramas como diputada y los sucesivos responsables del área de Museos del Cabildo, cuestiona que la momia repose en una sala descontextualizada donde se exhiben posesiones coloniales, cráneos normales y deformados, el esqueleto de un gigante extremeño, mascarillas mortuorias y osamentas de animales, sobre todo simios.

Los especialistas aseguran que su valor reside en que es la mejor conservada de cuantas se conocen y, por tanto, representa una notable aportación para el estudio global de la cultura guanche.

Por el contrario, desde el Ministerio de Cultura, ya se trate de Gobiernos del PSOE o del PP, plantean el inconveniente de un traslado que podría dañaría su integridad y las condiciones de conservación.

Esta singular momia se encontró en el barranco de Erques a finales del XVIII, de ahí viajó a Madrid y desde 1976, tanto el Gobierno de Canarias como el Cabildo han reclamado su regreso.

Quienes la han mirado directamente a la cara afirman que pese a los siglos mantiene un buen aspecto, aunque su piel esté algo acartonada y la tez con cierto matiz amarillento. Deshilachado el pelo y vacías las cuencas de los ojos. En el fondo es la melancolía.