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Por Carlos Alberto Veiga

Cuando se producen casos resonantes de trasplantes, la comunidad se ve convulsionada por las noticias que muestran los medios de comunicación. Tal es el caso de Sandro, en trasplante cardiopulmonar por un grave enfisema, y Pilar Chávez, en trasplante de hígado por una rara enfermedad llamada glucogénesis.

Pero es necesario hacer algunas precisiones con el fin de difundir la necesidad de donar órganos para que puedan seguir viviendo pacientes muy enfermos y que pueden ser curados.

Por cuarto año consecutivo se realizan en Argentina más de 1000 trasplantes anuales, es decir un promedio de más de tres diarios. Existen en lista de espera alrededor de 5800 pacientes afectados de diferentes patologías rogando por un donante. Los operativos de ablación y trasplante de órganos están coordinados por el INCUCAI a nivel nacional y por el CUCAIBA a nivel provincial que dirigen los operativos integrados por equipos multidisciplinarios muy numerosos. La eficiente intervención del estado ha terminado con la maledicencia popular que la donación de órganos podría convertirse en un negocio privado dedicado al comercio de los mismos.

Desde la sanción de la Ley del Donante Presunto, todos los habitantes del país son donantes salvo que hayan manifestado por escrito su negativa a serlo. La ley obliga también a los médicos de los institutos privados y públicos a informar en forma inmediata de la muerte de un posible donante, con el objeto de poner en marcha los operativos y esto muchas veces no se cumple, lo que obliga a un mayor control estatal al respecto. A veces sucede que la familia de un posible donante pone reparos a la ablación de los órganos lo que significa la intervención de un juez con la consiguiente demora que puede impedir el operativo. En cambio, si la persona en vida ha manifestado, por los canales que corresponde, su intención de ser donante nadie puede oponerse, por lo que es recomendable realizar el trámite de inscripción como donante para evitar problemas.

La muerte de un paciente en terapia se constata porque el cerebro deja de funcionar durante un período de tiempo lo que se determina por un electroencefalograma plano, es decir sin actividad. El cadáver es mantenido con condiciones especiales y el operativo se pone en marcha. De un muerto sano pueden derivar alrededor de diez órganos para trasplante, desde el más sencillo que es el de córneas que le devolverán la vista a un no vidente, hasta los más complejos como el mencionado para Sandro, pasando por el corazón, el hígado, los riñones, el intestino, ciertos tejidos, etc.

El 70 % de los trasplantes que se realizan en nuestro país son de pacientes renales. Cuando los riñones dejan de funcionar, por razones diversas, no se depura la sangre de las sustancias tóxicas que normalmente eliminamos por la orina. Estos pacientes pueden seguir viviendo una vida casi normal si se realizan diálisis de su sangre durante varias horas y cada día por medio, lo que elimina dichas toxinas. En estas condiciones entran en lista de espera para un trasplante y serán convocados por orden y por la evolución que tenga su enfermedad, algunos no llegan a recibir el riñón y mueren por el camino. En nuestra ciudad existe una ONG llamada Asociación de Pacientes Renales Crónicos (APREC) que realiza una tarea magnífica de difusión de la necesidad de donantes de órganos para trasplantes.

Hay que precisar que los trasplantados pueden llevar una vida normal siempre que se cuiden lo suficiente y que tomen un elevado número de medicamentos diarios que les son provistos en forma gratuita. Estos medicamentos son los llamados inmunosupresores que bajan las defensas del paciente a organismos extraños y que actuarían rechazando el órgano trasplantado. Pero, al tener disminuidas sus defensas, los pacientes se hacen más vulnerables a infecciones y enfermedades provenientes del medio externo. Por ello, serán pacientes crónicos a los que hay que apoyar y cuidar, pero habrán recuperado la posibilidad de seguir viviendo por años.

A los que lean este humilde artículo les sugerimos: SEAN DONANTES DE ÓRGANOS, PODRÁN DAR VIDA LUEGO DE SU MUERTE.