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Material enviado por el Lic. Jorge Mancuso

Por los graves problemas sociales, se anunció un programa para crear empleos precarios a través de cooperativas sociales subsidiadas con fondos públicos, es decir, una iniciativa muy similar al Plan Trabajar de los ’90. Que luego de 6 años de fuerte crecimiento respaldado por inéditas condiciones externas se anuncie una medida de emergencia de este tipo, pone en evidencia el fracaso de las políticas públicas que se vienen aplicando. Esto demuestra que sigue ausente una estrategia de desarrollo social, la cual necesariamente debe contemplar un replanteo en la organización del Estado.

2009-08-16 Informe Nacional

El gobierno nacional anunció que se utilizarán $9 mil millones para subsidiar empleos a través de cooperativas que harán pequeñas obras públicas en municipios. Se ofrecen paliativos transitorios a personas en situación de marginalidad con empleos de muy baja productividad y con la limitada cobertura social que da la condición de monotributista. Tal como fue descrita, la iniciativa tiene muchas similitudes con el Plan Trabajar lanzado a mediado de la década de los ’90 en el marco de la crisis del Tequila. A través del Plan Trabajar, el Estado nacional aportaba fondos para pagar prestaciones a personas en situación de vulnerabilidad social que eran reclutadas por municipios u organizaciones de la sociedad civil para realizar obras de pequeña envergadura.

¿Por qué se repite la necesidad de tener que utilizar esta herramienta tan rudimentaria? Analizando las condiciones económicas que prevalecían en el último año de crecimiento de la década de los ’90 (1998) con las condiciones económicas actuales se pueden ensayar algunas respuestas. Según datos del Ministerio de Economía y del INDEC, se observa que:

  • Los términos del intercambio (el cociente entre los precios de las exportaciones y los precios de las importaciones) crecieron un 30%.
  • El PBI per capita en términos reales en 1998 era de $8.000 y en el 1º trimestre del 2009 de $8.897. Es decir, un 11% superior.
  • El gasto público nacional per capita en términos reales (sin considerar el pago de deuda) era en 1998 de $1.217 mientras que en el 1º trimestre del 2009 fue de $1.926. Es decir, es un 58% superior.

El crecimiento de los términos del intercambio del 30% señala que las condiciones externas son hoy mejores. La elevación de los precios de los productos que la Argentina exporta han incrementado considerablemente su capacidad de compra en el exterior (o, lo que es lo mismo, su capacidad de importar). Este es el principal factor que explica que la economía genere ingresos por cada habitante que son en promedio un 11% superior a lo que eran hace 10 años atrás. En este marco, el gasto público nacional por cada habitante creció en más de un 50%. Sin embargo, contra estas dinámicas económicas favorables, la realidad de la situación social impone la necesidad de anunciar paliativos que, salvo por diferencias de matices, ya fueron aplicados en el pasado con muy limitados impactos.

Si el entorno económico es más favorable, implica que son otros los factores que generan el deterioro social. Uno de decisiva importancia son las malas intervenciones estatales. En el marco de la bonanza económica, la presión impositiva llegó a niveles récord; pero en base a impuestos extremadamente distorsivos. Junto con controles de precios, prohibiciones de exportar, regulaciones anti-competitivas, inducción a conductas rentísticas se desalentó la inversión y, con ello, la generación genuina de empleos de calidad.

Tan negativo como esto es que se exacerbó la centralización de recursos públicos en el nivel nacional, factor que posibilitó aumentar el gasto público nacional; pero estos recursos no fueron asignados a fines sociales. Son utilizados para interferir con subsidios la actividad productiva o estatizar diferentes ámbitos de la actividad económica. Sobran los ejemplos con los ferrocarriles, las compañías áreas, el transporte público, las inversiones en infraestructura, la producción y distribución de energía y combustibles, la provisión de agua potable y, ahora, las transmisiones televisivas de futbol.

Al reconocer que luego de varios años de bonanza económica hay que volver a apelar a un Plan Trabajar se confirma el fracaso de este modelo. Es decir, con el tipo de intervenciones públicas que se han venido aplicando no hay posibilidades de dar solución a los problemas sociales, ni siquiera en un contexto económico favorable. Las soluciones no pasan por el lanzamiento de un paliativo, utilizando viejos y rudimentarios instrumentos, sino modificando las malas intervenciones publicas que alientan la fuga de ahorro nacional, espantan los capitales internacionales y asignan el gasto publico en beneficio de las corporaciones y la corrupción, en lugar de utilizarlo como herramienta de promoción social.