Adiós a un ícono del periodismo gráfico y mediático
El periodismo argentino despide a una de sus figuras más extravagantes, polémicas e influyentes. A los 82 años, y tras permanecer internado en terapia intensiva por complicaciones respiratorias, falleció Samuel «Chiche» Gelblung, un hombre que redefinió los límites del oficio y transformó el lenguaje de los medios gráficos, radiales y televisivos.
Siete décadas en primera línea: del frente de batalla a la pantalla chica
La trayectoria de Gelblung fue tan extensa como singular:
- Inicios precoces: Dio sus primeros pasos periodísticos a los 25 años como corresponsal de guerra, cubriendo conflictos internacionales con una audacia que anticiparía su estilo directo.
- El fenómeno Gente: Durante las décadas de 1970 y 1980, al frente de la revista Gente, lideró la época más controversia y exitosa de la prensa gráfica nacional, imponiendo un sello amarillista, visual y cargado de alto impacto.
- Consagración audiovisual: Ya en su madurez, reinventó su carrera en la radio y la televisión (Memoria, 70.20.10), imponiendo un formato de debate acalorado, informes impactantes y ritmo frenético que marcó a la televisión abierta.
Entre la genialidad mediática y lo bizarro
La carrera de Chiche jamás conoció la tibieza. Capaz de generar picos de audiencia inolvidables y, al mismo tiempo, cosechar críticas feroces por parte de sus colegas, su figura encarnó como ninguna otra el show periodístico.
Su hito más recordado —y debatido— fue la transmisión de la supuesta autopsia a un extraterrestre en el programa Memoria, una puesta en escena con un muñeco que dividió aguas en la sociedad: mientras un sector lo consideró una genialidad de la provocación y el espectáculo, otros lo tildaron como uno de los episodios más bizarras y deplorables de la televisión.
Amado por su olfato mediático indudable y rechazado por su falta de escrúpulos para buscar el rating, Gelblung deja un vacío en el mapa de los medios masivos. Con su partida se apaga la vida del hombre que demostró que, en el periodismo del espectáculo, la realidad y la ficción a menudo podían transmitirse en el mismo horario central.

